domingo, 24 de mayo de 2026

 




El otoño trunco de Haroldo Conti

-supremacía de la vida en el escritor asesinado-

(En base al cuento Todos los veranos, 1964)

 

     Conti observa la desaparición de la "obra muerta" pero corre "hacia la mañana". Qué es esto sino el apriete, la sujeción, de la vida, y el escribirlo al Pueblo, el convite al futuro presente, o sea, al anhelo vivo del ahora. En Conti se captura la vida y se la comparte. En Conti anida el deseo de Comunión.

     Todos los veranos es el primero de los relatos del libro homónimo. “A veces pienso en mi viejo. O es un barco que parte o esa gente vagabunda que trae el verano o simplemente una luz en el río. Entonces me siento en la costa y pienso en mi viejo”. El subrayado es nuestro para marcar el tiempo del año. Dicho tiempo es el de cosecha del fruto maduro y abundancia. (Aunque nos la robe el Estado, pero es otro asunto ese que abordan muchos autores ya). El verano lo acerca al narrador a la memoria de su padre relacionada a la gente vagabunda. La Memoria del Pueblo es el recuerdo de sus sucesos, actores, causas y consecuencias, o sea, una memoria completa; no solo un listado de hechos. Una Comunidad sin memoria, en un lugar (que no reconociéndolo como territorio propio del que forma parte) transita sus días, es un rejunte de seres que desconoce que la cosecha no es eterna y que el no planificar para el tiempo del invierno pasará hambre, frío y sobrevendrá la muerte entre sus habitantes. El negacionismo no nos protege, aventajándonos; quienes lo promueven, en la quita de esos alimentos, y recursos en general, ellos mercantilizarán en su provecho exclusivo. Conti lo sabe por eso recuerda y comparte.

     Más adelante nos dice: “El viejo sonrió, agitó una mano y saltó a tierra. Era una de las primeras tardes de calor, al comienzo de la primavera”. Nuevamente las estaciones marcando el tiempo. La abundancia para recordar al padre. El comienzo de esa abundancia, el brote de la flor, también ligada al recuerdo del padre, a la alegría en este caso: “Era muy dulce la voz del viejo en esa ocasión, aquella tardecita de primavera”. Así mide el narrador los episodios, el tiempo, con las estaciones del año o con sus características como veremos. “Y los días maduraban en el corazón del verano”. No sólo el verano tendrá corazón y señas, sino que será que “En el corazón del verano habita el dorado”. Su solsticio opuesto traerá “el rigor y la soledad” y también poseerá latidos: “Pero reservó una parte para otro pez, completamente distinto, que habita en el corazón del invierno “.

     “A fines de septiembre oímos claramente la voz del zorzal y nos tiramos confundidos”. Seguramente el mirlo no era de aparecer por esos lugares en esos tiempos, por ello decíamos que existen señales claras. Las que menciona también sobre el pejerrey: “(...) la temporada de anunció en marzo con unos fríos prematuros, pero como sucede invariablemente el pejerrey en los primeros días de abril y, entre junio y julio, la temporada alcanzó su plenitud”. Más adelante dirá “(...) fue la primera vez que sentí los mismos síntomas que mi padre, esa oscura ansiedad que me oprimía el pecho. Por primera vez, como mi padre, sentí la alegría y la tristeza de ser un hombre solitario, y ansié metas distantes y aguardé la mañana seguro de grandes acontecimientos, y por la noche me estremecí de imprecisos deseos, percibiendo vida y ruidos remotos suspendidos como esferitas en la laxitud de las sombras, desplazándose según el viento (...)” las alegrías y tristezas que siente el dueño de la voz que habla seguramente fueron sentidas por el autor de esas letras, un escritor perseguido por sus ideas y accionar político, un escritor que se negó a salir del país escondido, exiliándose. Como un Sócrates prefirió quedarse y como un Che Guevara no seguro de la victoria pero con la convicción de que era una causa digna de entregar la propia vida. Seguramente sabía como lo dijera en el cuento “Si algo sobra en esta parte del mundo es donde estar solo.” Y sabiendo que ese era el sentimiento de todo un Pueblo decidió quedarse y enfrentar su destino.

      No pudiste disfrutar el otoño porque las sombras del mal te lo dejaron trunco y nos privaron de tu sonrisa y tu palabra. Nos queda, claro, la Memoria y su cuidado.

 

Ma. Av.

 

24 de mayo de 2026



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