El otoño trunco de Haroldo Conti
-supremacía de la vida en el escritor asesinado-
(En base al cuento Todos los veranos, 1964)
Conti
observa la desaparición de la "obra muerta" pero corre "hacia la
mañana". Qué es esto sino el apriete, la sujeción, de la vida, y el
escribirlo al Pueblo, el convite al futuro presente, o sea, al anhelo vivo del
ahora. En Conti se captura la vida y se la comparte. En Conti anida el deseo de
Comunión.
Todos los
veranos es el primero de los relatos del libro homónimo. “A veces pienso en mi
viejo. O es un barco que parte o esa gente vagabunda que trae el verano
o simplemente una luz en el río. Entonces me siento en la costa y pienso en mi
viejo”. El subrayado es nuestro para marcar el tiempo del año. Dicho tiempo es
el de cosecha del fruto maduro y abundancia. (Aunque nos la robe el Estado,
pero es otro asunto ese que abordan muchos autores ya). El verano lo acerca al
narrador a la memoria de su padre relacionada a la gente vagabunda. La Memoria
del Pueblo es el recuerdo de sus sucesos, actores, causas y consecuencias, o
sea, una memoria completa; no solo un listado de hechos. Una Comunidad sin
memoria, en un lugar (que no reconociéndolo como territorio propio del que
forma parte) transita sus días, es un rejunte de seres que desconoce que la
cosecha no es eterna y que el no planificar para el tiempo del invierno pasará
hambre, frío y sobrevendrá la muerte entre sus habitantes. El negacionismo no
nos protege, aventajándonos; quienes lo promueven, en la quita de esos
alimentos, y recursos en general, ellos mercantilizarán en su provecho
exclusivo. Conti lo sabe por eso recuerda y comparte.
Más
adelante nos dice: “El viejo sonrió, agitó una mano y saltó a tierra. Era una
de las primeras tardes de calor, al comienzo de la primavera”. Nuevamente las
estaciones marcando el tiempo. La abundancia para recordar al padre. El
comienzo de esa abundancia, el brote de la flor, también ligada al recuerdo del
padre, a la alegría en este caso: “Era muy dulce la voz del viejo en esa ocasión,
aquella tardecita de primavera”. Así mide el narrador los episodios, el tiempo,
con las estaciones del año o con sus características como veremos. “Y los días
maduraban en el corazón del verano”. No sólo el verano tendrá corazón y señas,
sino que será que “En el corazón del verano habita el dorado”. Su solsticio
opuesto traerá “el rigor y la soledad” y también poseerá latidos: “Pero reservó
una parte para otro pez, completamente distinto, que habita en el corazón del
invierno “.
“A fines de
septiembre oímos claramente la voz del zorzal y nos tiramos confundidos”.
Seguramente el mirlo no era de aparecer por esos lugares en esos tiempos, por
ello decíamos que existen señales claras. Las que menciona también sobre el
pejerrey: “(...) la temporada de anunció en marzo con unos fríos prematuros,
pero como sucede invariablemente el pejerrey en los primeros días de abril y,
entre junio y julio, la temporada alcanzó su plenitud”. Más adelante dirá
“(...) fue la primera vez que sentí los mismos síntomas que mi padre, esa
oscura ansiedad que me oprimía el pecho. Por primera vez, como mi padre, sentí
la alegría y la tristeza de ser un hombre solitario, y ansié metas distantes y
aguardé la mañana seguro de grandes acontecimientos, y por la noche me
estremecí de imprecisos deseos, percibiendo vida y ruidos remotos suspendidos
como esferitas en la laxitud de las sombras, desplazándose según el viento
(...)” las alegrías y tristezas que siente el dueño de la voz que habla
seguramente fueron sentidas por el autor de esas letras, un escritor perseguido
por sus ideas y accionar político, un escritor que se negó a salir del país
escondido, exiliándose. Como un Sócrates prefirió quedarse y como un Che
Guevara no seguro de la victoria pero con la convicción de que era una causa
digna de entregar la propia vida. Seguramente sabía como lo dijera en el cuento
“Si algo sobra en esta parte del mundo es donde estar solo.” Y sabiendo que ese
era el sentimiento de todo un Pueblo decidió quedarse y enfrentar su destino.
No pudiste
disfrutar el otoño porque las sombras del mal te lo dejaron trunco y nos
privaron de tu sonrisa y tu palabra. Nos queda, claro, la Memoria y su cuidado.
Ma. Av.
24 de mayo de 2026
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