domingo, 9 de febrero de 2020

MUERTE EN LOS MORTEROS DE LA GRANJA Relato, por Martín Avalos



La luz sabe dónde
las hojas secas
y ciertas ramas rompen el silencio.

Edith Vera



Las aves volaron del bosquecito de siempre verdes. Cualquier ser se espanta ante la caída de un cuerpo.


Era temprana mañana aquél sábado 2 de agosto cuando bajaba al pueblo por El Avellano. Pronóstico de calidez y tranquilidad en mi deseo. Un horizonte de éxito traía el despuntar del sol, pensaba. Me equivocaría en mi optimista presentimiento. Solo un cuerpo cayendo, y aves huyendo de la presencia del muerto. Raquítica alegría engrosando la fosa de mi vida.


-¿Qué tal?
-¿Cómo le va señor? -al salir un serrano. Nos cruzamos en la puerta del negocio.
-Buenos días. -dije al entrar en la ferretería de Don Julio. Con la cabeza me saludó el parroquiano presente.
-¡Cómo andás poeta! -respondió el ferretero. Un dejo de sarcasmo en su tono.
El trayecto que separa Los Morteros Aborígenes de la calle El Lipidambar, entre El Avellano y la ruta E-53 al comienzo del centro, hasta la ferretería, saliendo del centro del poblado, suelo hacerlo en escasos 10 minutos. Esa mañana me llevó 20 porque me crucé con Claudia Corso de la librería que se disculpaba, pero que esta semana sin falta sí llegarían los libros de Filloy que le pedí hace 2 meses. Me confesó que se sentía radiante porque Joaquín había estado en su casa la noche anterior pasándole un presupuesto para arreglarle una persiana, y que él, siempre respetuoso, aceptó unos mates en la puerta que ella le cebó con tanto placer. Los conocía a ambos, y tanto ella como el muchacho eran magníficos jóvenes del lugar.
La candidez de sus ojos -pensé en esa mañana de apócrifa fortuna y tragedia griega- se merecen todo el amor de Joaquín derramado en su piel.
-Parece que hoy se arregla lo de la luz -dijo Don Julio al parroquiano.
-Norabuena -la aféresis como respuesta.



Por algún motivo me acordé de un pasaje de Gentuza*: Yo no tengo padres, tengo ancestros. El parroquiano representaba parte de mi historial; del historial de la humanidad.
Cacofónico venía hacia nosotros el silbido de una sirena.
-Ahí deben ir por Joaquín -dijo el de atrás del mostrador.
-¿Joaquín? ¿Qué pasó con Joaquín?
-Acaban de hallarlo muerto en Los 12 Morteros. Un hachazo en la nuca. Pobre.
-¿Cómo que un hachazo en la nuca? ¿Joaquín? ¿Joaquín Álvarez? ¿Pero quién podría haber hecho eso? ¿Cómo que acaban de hallarlo?
-Calmesé poeta. Nada sabemos. Cuando Ud. entraba salía Juárez. Él nos contó que encontraron a Joaquín muerto. Decían que andaba con los Rodríguez robando caballos. Uno no sabe. Por ahí alguien se cansó, vió. O por ahí algún ajuste en las clavijas de las cuentas, vió.
-¿Ud. dice con los Rodríguez?
-No, no, no -se atajó Don Julio. Yo no dije eso poeta. No ponga palabras en mi boca que yo no he dicho. Ud. tiene facilidad con las palabras m`ijo, pero yo dije que dicen, ud…
Sin querer había puesto en apuros al comerciante.


Salí de ahí pensando en Joaquín y Claudia. Pensando en cuando se entere. Pensando en el Amor frustrado. ¿Joaquín tendrá familia? Lo imaginé sentado en su banco de escuela con seis añitos en su primer grado. Quién conociera los desenlaces finales de su vida. Pensé en el hacha y en el poder del hierro. El cerebro puede moldearlo, pero el acero puede destrozar un cráneo.


En la comisaría había un mundo de gente. Un patrullero salió disparando en lugar opuesto a Los 12 Morteros. Camino a Los Molles se vislumbraban nuevos acontecimientos. Los Rodríguez vivían en aquella dirección.

-¡Pobre el hijo de Joaquín! ¡Qué barbaridad!
Me acerqué a la señora del comentario.

-Joaquín, ¿tiene un hijo? -Pregunté.
-Sí, sí -Se acercó otra mujer. Con una de las hermanas de los Rodríguez, la más chica, creo.
-Me parece que es la otra, la de la moto -intervino una tercera.
-¿Cómo se llama? Pregunté. ¿Cuántos años tiene? ¿De los Rodríguez, seguras?


Me quedé otros 20 minutos lamentándonos con las señoras por Joaquín. Lo conocíamos. Sabíamos lo bueno que era.
Me retiré pensando en ese niño viviendo con sus tíos y asesinos de su padre. Caminaba con la carga de todas las penas e injusticias. Me representé al pequeño Darío con un muñeco de trapo a metros de su casa, escuchando que la policía le informaba a su madre el destino del padre del pequeño y de sus tíos. Pobre criatura. Niño de una loca humanidad. A mi mente vinieron los versos de Tallon:


La muñeca de trapo no parece de trapo.
La gente sin corazón no la ama (…)
Su cara está arrugada porque ha sufrido mucho (…)

Y le hicimos la cuna, la cuna más pobre
Que es también, como ella, de trapo (…)

Solo los nenes de los campesinos
La llevaban, a veces, a pasear por el campo (…)

La gente mala se creía
Que era pobre, muy fea, la muñeca de trapo.
Pero si alguno se enfermaba, ella
Se dormía a su lado
Y calentaba el pecho de las nenas enfermas.**


Todo el pueblo cuchichiaba sobre el hecho. Al pasar por la librería vi a un puñado de personas en torno a Claudia abrazándola. Miré el reloj (no sé por qué) y me dí con que eran las 9 am. Pensé que a Joaquín lo habían matado tipo 7:00 hs. Me metí en la forrajería y ahí también comentaban lo del asesinato. Al entrar callaron.


-Estarán hablando de Joaquín –arriezgué.
-Mm. Obtuve por respuesta. Juzgué prudente no hacer más comentarios. Compré dos kilos de balanceado para gato y me marché. Al retirarme, uno de los presentes me preguntó.
-Ud. corta por la loma de los morteros, no es cierto?
-Sí, respondí. ¿Por?
-Y no vio nada?
-No, no vi nada.
-Mm. Dijo uno.
-Raro. Comentó el de la pregunta.


Salí sintiéndome sospechoso. Al cruzar el puente pasó un patrullero de la policía en sentido contrario que me miró largamente. También yo los observé desconfiados. Un jinete al trote me pasó en su moro. Se le cayó la boina pero no volteó siquiera. Sentí cómo chillaban las ruedas de un vehículo a mis espaldas. Me di vueltas y vi al patrullero que volvía rápidamente. El del caballo seguro es un Rodriguez, pensé, pero me equivocaría al comprobar que al tiempo que me agachaba a recoger la boina marrón, el patrullero frenaba junto a mis piernas que comenzaban a temblar.


-¿Ud es el escritor que vive cruzando la loma, en Martín Fierro?, preguntó el copiloto uniformado.
-Así debe ser.
-¿Cómo, no está seguro si ud es el escritor?, inquirió el del volante.
-Porque a decir verdad no conozco mucho a mis vecinos y no sé si existe otro escritor, señor. ¿Pero a qué se debe la pregunta?, pregunté sabiendo cómo le molesta a los agentes de las Fuerzas del Orden responder preguntas del Pueblo Civil.
-Porque nos han informado que ud bajaba cuando posiblemente mataban a Álvarez. ¿No sabe nada?, ya su tono era más duro aún a esta altura del diálogo.
-¿Y quién le ha dicho eso? Si me perdona, Señor. Pues el informante también debé haber visto al asesino. ¿O quizá él haya sido?, y me arrepentí de haber hecho esa apreciación en voz alta. Hubo un momento de silencio. Los uniformados se miraron. El del volante dijo:
-Vaya a su casa, en un rato quizá lo visitemos. Y se marcharon haciendo chillar nuevamente las gomas en la única calle asfaltada del pueblo.


Comprobé que había gente por todas partes parada mirándome. Sacudí la boina del Rodriguez ese, o de quién sea, y comencé a caminar prestando atención de no tropezar ante las miradas de todos.
Ni en pedo les abro la puerta si van estos, pensé.


Al pasar frente a la municipalidad, pude ver a alguien detrás de la cortina del primer piso hablando por teléfono y mirando hacia la calle. Al comprobar que lo descubrí se metió tras la pared. Todos comenzaban a ser sospechosos en mi interior. Y yo, el primero, para todo el pueblo.


En el dispensario paró un renault 12 destartalado y bajó un muchacho corriendo hacia adentro del nosocomio. Al instante salieron con el chofer de la ambulancia y la enfermera y entre los tres bajaron a una señora en brazos. ¿Será la madre de Joaquín?, pensé. ¿o de los Rodriguez? Pasó un colectivo en dirección a Córdoba y me asaltaron unas terribles ganas de irme para allá escapando de esta locura. Luego pensé que si lo hacía la policía tendría la certeza de haber hallado al autor del crimen e irían tras de mí. Lo mejor es que vuelva a casa y los reciba con unos mates cuando vayan. Al pasar por el hotel, la puerta principal y dos ventanas se cerraron bruscamente. Solo me faltaba tener los pies engrillados.


Salí de la ruta y comencé a subir por El Avellano. La cuesta arriba nunca había sido tan dura. Pensé que si a Joaquín lo habían matado a las 7am, por ejemplo, tranquilamente pude haber sido yo. Por ejemplo: Lo asesiné, me tomé luego un tiempo para quedarme sentado, procesando el hecho. Bajé a hablar con Claudia, y hacerme ver por todo el pueblo como un vecino cualquiera que hacía las compras. El móvil, pues claro! Celos! Al bajar me aseguré de ver a mi “elegida” y después, sí, me hice el sorprendido en algunos comercios del pueblo. Igualmente era una locura, eso podría pensar cualquiera, pero lo tendrían que probar.
Al pasar por El Herrero, sentí un estremecimiento en el estómago. La esquina estaba encintada marcando el lugar del delito. Pensar que hacía tres hora yo había bajado por aquí. Hice unos metros y desde la loma cercana me chistó un niño.
-Eh, Don! Me llamaba con la mano. Trepé la pirca y fui hasta su refugio.
-Yo lo vi a ud cuando moría Joaquín. Me habló bajito, casi susurrando.
Me quedé helado. Este niño me traería dificultades.
-Ud pasaba cuando miró para arriba porque salían volando una bandada de palomas. Se asustaron cuando joaquín se resbalaba en las piedras con rocío y caía. Puso la mano, por instinto será, para amortiguar el golpe, pero era la mano que llevaba el hacha y se abrió la cabeza.
Estupor y alivio poblaban mi cerebro.
-¡Se lo tenés que decir a la policía!¡Urgente!
El silencio cómplice nos abrazó a los dos.
-No señor. Los Rodriguez van a pagar esta vez. Y salió corriendo en dirección a una bola de intrigas.





A
Delfina De Giustti, con quien empecé el juego del policial.
Rodolfo “Compadre” Stoltzing a quien leí el manuscrito y me relató hechos valiosos.






*Gentuza, Juan Filloy, relatos, año 1991.
**Elogio de la muñeca de trapo. José Sebastián Tallon.

sábado, 1 de febrero de 2020





El Pájaro con semillas en el pico, sobre Aldo Parfeniuk. Por Martín Avalos

No sólo es un ave con alas muy grandes en jaula muy chica, no; también es un ave que degusta frutos y lleva semillas en su pico, con las cuales siembra y siembra sobre terrenos nutridos y necesitados. Claro que sí, Aldo Parfeniuk, es, esencialmente, un poeta que alimenta. Los humildes lo vemos pasar por los cielos serranos con los brazos en alto. Parfe, (y la Poesía), destina a cada aldeano lo suyo, lo que necesita. Es libertad en cuerpo y esencia. Como la Luz.

Un sembrador también es un paciente observador del crecimiento y desarrollo. (Ve por ejemplo convertir a su pequeña Villa en una multitudinaria ciudad). Pero también es un cosechero de lo que sembró. Por eso, es invitado a Ferias de Libros, a conferenciar sobre grandes de nuestra literatura como Castilla o Burnichón. Por eso, se le festeja sus cincuenta años de Poesía, entre amigos y con la reedición de un poemario suyo. Por eso en su terruño se lo homenajea con la Medalla de Honor.

Al día siguiente del mencionado festejo entre amigos y el lanzamiento de la reedición de su poemario (Los Días Verdaderos), entusiasmado, me permití escribir unas líneas que paso a compartir, gustoso de convidarlos de un poco de este emplumado hacedor que vive del otro lado del Pan de azúcar.

El Conjuro del Arjona
Ayer 16 de agosto (2019) a la tarde, nos dimos cita en el Centro Cultural del Paseo de las Artes de la Ciudad de Córdoba, para homenajear al Poeta Aldo Parfeniuk, por sus 50 años entregado a la Poesía. Esto tiene que ver con que en 1968 publicaba sus primeros versos en un libro: “Tres voces serranas” Daniel Arjona (seudónimo de Aldo), Enrique Romero Cortéz, José M. Canevari. Prólogo del Profesor Pedro O. Murúa e ilustraciones de Dámaso Valdez.
En el homenaje se aprovechó para presentar la reedición de su poemario “Los días verdaderos” Publicado por primera vez por Narvaja editor en 1999. Y en esta oportunidad por Textum. La mesa presentadora estuvo a cargo de Pedro Solans y de quien escribe.
Se contó con la presencia de familiares y amigos del poeta homenajeado. Hicieron uso de la palabra el Poeta salteño Leopoldo “Teuco” Castilla, Carlos Garro Aguilar y “Chichí” Montenegro Burnichón.
En su momento, Aldo Parfeniuk, explicó que en su temprana juventud, con amigos, en sus viajes exploratorios por esa América India, y en el afán de nutrirse de su Poesía, penetran en un monte salteño y dan con una mujer: Doña Brígida Arjona. Es de allí donde él toma el seudónimo para esa primera publicación.
Hay en esta actitud, una clara manifestación de sensibilidad social. Para nuestro joven significaba una revalorización de esos humildes de estos suelos, hijos de otros humildes que vienen a conformar, junto a su cultura, el legado de los Antiguos de esta América. Dicha sensibilidad es también, en un punto, un acto de revalorización y justicia.
El profesor Augusto Raúl Cortazar, en su libro, “Andanzas de un folclorista” (1) menciona que “El folklore es ciencia de la vida tradicional del pueblo; por lo tanto, ciencia de la realidad (…) Su materia es la concreta existencia del Folk, al que es preciso frecuentar y conocer profundamente para lograr el ideal de identificación con todos los aspectos (y no solo la música y la danza, como suele creerse) del mundo material y espiritual de la comunidad cuyo estudio se pretende. Para lograr ese fin supremo, es menester viajar.” Nuestro joven Parfeniuk, intuitivamente lo debe haber comprendido (y a temprana edad) y es por ello lo de aventurarse a los caminos y al encuentro con lo profundo de nuestros saberes.
Y lo traduce en esos primeros versos editados donde también levanta su voz, que es para él, las voces de los callados, los silenciados:

“De rumorosos ríos, de oscuros montes
De viejas arboledas, dice mi voz.
Aunque todo esté dicho.
Aunque nada falte,
Falta mi canción…” (2)


Y su empatía, sensibilidad, para con los humildes de Salta, también abarca a los serranos de su aldea turística. Así su segundo poema de aquel primer libro, es dedicado a Carlitos Ferreyra.


“Seca la mirada. Perdida en la tierra.
Vacíos los ojos, vacía la cara;
Sin nada en la bolsa, sin nada en el alma
Tan solo su pena, que ha nacido larga”. (3)


Además de su identificación con los olvidados, el joven Arjona es un enamorado de sus serranías, su entorno, su paisaje. Orgulloso expresa lo obvio, lo “típico”, pero haciendo uso de su propia voz. En su tercer poema “De aquí” nos habla de esa comarca invadida de sol:

“Ni una sola nubecita.
Nada empaña el horizonte
Árbol, cielo, piedra y monte,
el tranquilo panorama
que dibujan Los Gigantes,
al despuntar la mañana.

(…)

Se brinda otro día pleno
Con sol, pájaro y arroyo.
Es la típica canción
De las bellas serranías,
Es la cuna de mis días.
Porque soy yo cordobés. (4)


En el cuarto poema, su homenaje es a “El Viento”. Es que para un campero, de la pampa o serranía, son esos elementos de la naturaleza los que tan profundo llegan en el alma del paisano. Son “seres” que participan junto al humilde, de sus andares diarios. Así la noche, la luna, el sol, la lluvia o el viento, resaltan en protagonismo en el palpitar del ser:

“¡Loco, fuerte. Impetuoso…
Pasa el viento;
Y el silbo del crespín
Con su lamento.

(…)

Junta más fuerza y sigue
Con su destino,
Dejando su rastro seco
En los caminos.” (5)


Y por último, y para recordarnos la complementariedad, (lo dual del Universo), la figura femenina en el lago, en la noche, en las sierras:

(…)

“Hasta la playa
Vino María;
Con una estrella
que la seguía.

(sobre la arena
Su espasmo quema
Y entre su pelo
La luna juega). (6)



Todo este recordar esos primeros versos publicados por nuestro homenajeado, sólo para aplaudir el aporte que hiciere el periodista Pedro Solans al presentar ese poemario reeditado (Los días verdaderos). “En la mueblería de Parfeniuk, entre libros y discos de música, se respira el conjuro de vida”. Conjuro que viene gestándose desde niño, cuando (lo imagino) descalzo corría al encuentro de su San Antonio.
Por recordarnos, Aldo, por recordarnos tantas cosas, gracias!

Martín Avalos, La Granja, 17 de agosto de 2019







Notas:

1) Libros del Caminante, Editorial Universitaria de Bs As, año 1964.

2) Mi Canto, Tres voces serranas, Arjona, Cortéz, Canevari. Imprenta de Carlos Paz, 1968.

3) Carlitos Ferreyra, Tres voces serranas, Arjona, Cortéz, Canevari. Imprenta de Carlos Paz, 1968.

4) De aquí. Ídem

5) El Viento, Idem

6) Tropical, Idem.
Cuestiones Pendientes: palabras sobre Ideario de Matilde Ramos*


La espontaneidad puede resultar un medio para… “espontaneidad, primer paso de un…”. Matilde con su Ideario, pareciera, habita la espontaneidad como un fin. Un estadio en el que se siente cómoda y no pretende abandonar, antes bien, visitar en cada oportunidad que se presente; es allí donde encuentra libertad y, quizás, seguridad. Seguridad para sentirse insegura de ser necesario.

En un punto, su andar solitario no lo es tanto, y nos hace partícipes, nos convida a su juego: “Este libro de bolsillo fue editado y publicado por su autora a gusto y placer de intercambiar la hermosa acción de jugar con las palabras”.

Estéticamente llama a una lectura completa. Agradable. Psicológicamente se percibe un vuelco más profundo a partir del poema cuatro ESTOY DESPERTANDO LAS MARIPOSAS / EN UN VIENTRE MALTRATADO Y PROMINENTE / CON MARCAS DE AMOR Y VERGÜENZA… el temor es que ese despertar sea un PENSAMIENTO ENGAÑOSO (primer verso), pero si así fuere el REMORDIMIENTO SIN CULPA será el consuelo. Por otro lado existe el…AHOGO EN UN COMPLEJO SIN FIN DE NADA / IMAGINARIA NO TAN COBARDE, ACEPTABLE. / APRENDIENDO A HUNDIRME SIN CULPA… de la segunda mitad de ideario. El despertar de quien ya no se privará de nada, al menos de pensamientos y emociones.

Su voz nos anuncia el acostumbramiento a esas elucubraciones y, es más, su vuelta en placer. LA SOLEDAD SE DESPRENDE / LAS PALABRAS ENTRAN AL PEQUEÑO ESPACIO / AHORA, ILUMINADO. / DISFRUTO LO DESEABLE… ME DEJO LLEVAR, FLUIR / LA NADA AHORA ES UN CAMINO ABIERTO / LLEGA ESE MOMENTO, / VUELO Y VEO, SIENTO MÁS ALLÁ DE LOS PASOS / MÁS ALLÁ DE LA NADA MISMA. Una declaración de rebeldía. No en un sentido de irresponsabilidad y negligencia como se le suele atribuir, sino como una necesidad de cambio de lo existente. Y plantearlo en esos término poéticos, querida Matilde, suele ser el método para que LAS PALABRAS ENTREN AL PEQUEÑO ESPACIO, AHORA ILUMINADO.

Luego de los diez primeros poemas de Ideario, Matilde nos regala una selección de versos de dispares fechas. Allí la vos poética, la espontaneidad, el juego no desaparece; se confirma. Como lo hace aquellas mariposas que a ella le revelan su secreto: MARIPOSAS INQUIETAS /ALBOROTADAS / DESPRENDIDAS / TAN SOLO /MARIPOSAS. Porque en la necesidad de cambio y rebeldía también convive la aceptación de ciertos estados que no se alterarán, pues la aceptación tiene que ver con el Amor: A MENTE OCUPADA AMARTE ES / IMPOSIBLE / A MAR ABIERTO VOY A LLEGAR / UNA Y OTRA VEZ / PERO NADA MÁS. Aquél eterno retorno, eternidad. Por lo que no existe la tardanza: HOY NI NUNCA SERÁ TARDE / PARA ENCONTRARTE.

Y no todo es necesidad de cambio y aceptación. En esta convivencia entre el acepto y el renuevo, la espontaneidad y su reacción también se hacen presente. A la injusta violencia del opresor, surge la justa violencia del oprimido, en su poema más duro quizás:

Cerrado – Abierto

CIERRO LOS OJOS PARA NO VER TU PUÑO
Y TU LEGIÓN DE FANTASMAS
CIERRO MIS MANOS CON IRA
Y DEVUELVO TU GOLPE
ABRO MI BOCA PARA GRITAR
DESATO LAS CADENAS QUE ME ATAN
A TU ESTADO.

Por ciertas vivencias, se torna necesario el “Silencio: ESPERO EL INVIERNO PARA PENSAR MIS DÍAS”. Ese silencio que no será el fin de Matilde, sino el medio para reinventarse o renovarse (que no es tan dispar) y poder cumplir con sus “Pendientes”:

Pendiente
REENCONTRAR MI INOCENCIA
REIRME HASTA CAERME DE LA SILLA
RODAR EN LA HIERBA MOJADA
REINVENTARME, SIEMPRE
SON ALGUNOS PENDIENTES CON LA LETRA “R”
- ¿y EL ESTADO?
- MARAVILLOSO, MATILDE, MARAVILLOSO.





*Texto escrito para el presente Poemario e incluido como posfacio del mismo.
Matilde Ramos, jujeña, vive actualmente en Colonia Caroya- Cba.
Tradición, y las Sierras…

10 de noviembre y la Patria se viste de Tradición, al menos siente que se lo recuerda ese Paisano y Paisana acorralado por tanta cosa foránea. ¿Y qué es la tradición para nosotros? ¿A quién se lo debemos? Son preguntas que a veces florecen
Hablar del Día de la Tradición nos lleva inexorablemente a mencionar al poema Gauchesco Martín Fierro. Y este se lo debemos al genio de su mentor, el escritor y periodista José Hernández quien escribiera además su poco conocida investigación periodística sobre el Caudillo Chacho Peñaloza (1) y quien llamara al Padre del aula: El Bárbaro Sarmiento. Esté que aconsejaba a Mitre en carta, no economizar sangre de gaucho (2). Tristezas de nuestra historia.



La Fecha (cosas de Poetas)


Fue el Poeta de Ayacucho, Francisco Timpone, quien, entre otras cosas, (además forma la agrupación cultural “Bases”, rescata el inmueble donde viviera el Maestro y Poeta, Almafuerte, para convertirlo en museo, por ejemplo) propone un Día Nacional de Tradiciones Gauchas con carta efectiva al Senado de la provincia de Bs As, el 6/6/1938. En dicha nota se proponía la peregrinación al Museo Gaucho Ricardo Guiraldes en Areco, como homenaje y consagración de la instauración de la fecha en homenaje al natalicio del Poeta Hernández.




Martín Fierro

En este famosísimo Poema nacional, retrato del gaucho perseguido por las fuerzas del Estado, podemos leer en sus primeros versos:

Aquí me pongo a cantar
Al compás de la vigüela
Que el hombre que lo desvela
Una pena estrordinaria
Como el ave solitaria
Con el cantar se consuela.

Porque para el humilde, el Canto es herramienta de liberación y denuncia, y no sólo como elemento lúdico (y que tampoco es poco).

Fue Cantor, (y pienso en la distinción que hacía el blusero Pajarito Zaguri entre cantor y cantante: el cantante tiene con qué, mientras que el cantor tiene por qué), Santos Vega (3) , y el perseguido Atahualpa Yupanqui. El Payador Perseguido (4) y su canción En aquel tiempo cuya letra reproducimos a continuación son ejemplo de tales usos sociales de denuncia:

Engrillado y entre cuatro
Hombres de torvo mirar
Así cruce Buenos Aires
Por cantar la libertad
Anchos portones se abrieron
Para volverse a cerrar
Pabellones, pasadizos
Y al fondo la oscuridad

Por mi mujer y mi niño
Recé lo que se rezar
Mi guitarra clara y honda
Sabe todo lo demás
Engrillado y entre cuatro,
Hombres de torvo mirar
Así cruce Buenos Aires
Por cantar la libertad
Duerme el tirano la siesta
Con metralleta a la par
Por si pasa un inocente
Cantando a la libertad.

Tradiciones

El hecho de que se haya tomado la figura del Gaucho, no implica que antes no hayan existido humildes, perseguidos, explotados, marginados, que son los aspectos que tomamos para estas líneas. Si pensamos que mucho antes de la Revolución de Mayo llevada a cabo por Moreno y Belgrano entre otros, ya la hubo de la mano de Túpac Amaru (y fue mucho más radical, ya que no se demoró en declarar la libertad absoluta de los Pueblos Originarios, mientras que por el lado Criollo hubo un tímido intento en la Asamblea del año XIII y tenían que esperar ¡a nacer y crecer! –Bueno, otra de las tristezas de nuestra vida nacional-); decíamos que si hubo intentos de cambios es porque existían los descontentos y las diferencias que a ellos nos llevan.

En este sentido -el de achicar diferencias y rescatar saberes- es destacable la labor educativa y cultural que viene llevando adelante el maestro Quichuista Vitu Barraza, con sus libros, discos y clases abiertas; dejando testimonio de tradiciones precolombinas que cohabitan con tanta invasión publicitaria en el Santiago del Estero del siglo XXI.



¿Y en las Sierras?

En nuestras Sierras Chicas “del Este” o “nacientes” (si se permite la distinción), tanto en materia cultural como educativa existen seres cuidadores de esas tradiciones tan nuestras (los humildes) y que vienen a ser tan necesarias en tiempos de enajenación, violencia, invasión de mercado. Desde Saldán hasta Ascochinga; desde Unquillo y Colanchanga, hasta Candonga, Ani Mi y La Pampa (todos nombres en Lenguas Nativas), nos damos con docentes y artistas, empleados, jornaleros, changarines y amas de casa que mantienen vivos los saberes de nuestros mayores, nuestros antiguos.

Así, en nuestra La Granja querida, damos con voces como la de Javier De Giustti, Miguel Oyola o Lula Fernández quien con Rubén Darío “Pelusa” Migliavacca de Río Ceballos tantas cosas lindas nos dicen en sus canciones. Y en cada localidad serrana las voces, las palabras, los gestos, las sombras, los títeres, las pinturas, las cabalgatas, las caminatas, las bicicleteadas, los mates a orillas de nuestros preciados arroyos, nuestras leyendas, anécdotas, nuestra historia, nuestra memoria, nuestros silencios, refleja lo que verdaderamente somos. Seres vivos con muchas ganas de seguir. Feliz Día de la Tradición, Queridos Vecinos.







Notas:

(1) Ver su libro: Vida del Chacho, José Hernández. La editorial cordobesa, Universitas editó seriamente el material.
(2) Carta de 1861, Archivo Histórico, educ.ar.
(3) En literatura puede leerse el Santos Vega de Hilario Ascasubi, Eduardo Gutierrez o el de Rafael Obligado. En narrativa, el escritor Manuel Mujica Lainez lo hizo en el cuento El ángel y el payador.
(4) El Payador Perseguido, libro/poema/disco de Atahualpa Yupanqui que se publicaron en 1965.
4 Susurros del 31 de enero



“Tú que puedes, vuélvete / me dijo el río llorando (…) quién pudiera ser llanura!”*

No hay manera de olvidar esas palabras. Palabras que llaman al estado primero de la energía. Esa que aún era (y es) quietud. La de la cima. La del viento y la alta mirada.

“Soñé que el río me hablaba / con voz de nieve cumbreña / y dulce me recordaba / las cosas de mi querencia”

La Voz viene de los Alto. Nos habla con cariño. Nos recuerda las cosas queridas por nosotros.


La sensación térmica bajo el techo de chapa supera los 40 grados. Los confusos del mundo siguen gritando desastres y dejando miles de víctimas. Mujeres, niños, ancianos, montes, mares… y también hombres blancos maduros.


Miro el horizonte y mi vista sólo alcanza 7 u 8 metros y observo un enmarañado de ramas y hojas de piquillín, algarrobo, tala y espinillo. Este es el verdadero Ñaupa Pacha, pienso. Respiro paz y pena. No todos vemos lo simple, no?





Notas

*Tú que puedes, vuélvete. Canción de Atahualpa Yupanqui.

-Atahualpa Yupanqui nacía un 31 de enero de 1908 bajo el nombre de Héctor Roberto Chavero. Poeta, escritor y músico.

-Ñaupa Pacha: tiempo pasado en quechua. Según la cosmovisión andina, se sitúa delante nuestro. “delante de mí va mi padre y el padre de mi padre”, dicen.
3 Susurros



“Si cada hora viene con su muerte” *

Salís y el sol que despunta pinta un día de esos peronistas. Pero no peronista de Perón sino de Pueblo. Olmedo** le preguntó a Santucho*** si llegara a ver arrodillado al Pueblo orando qué haría. Le digo que Luche, y si no, me voy. Yo me pongo a orar, dijo Olmedo. El sol de hoy es Pueblo-Olmedo.

Paro Docente a nivel nacional. LLevás a tu hijito al jardín. No todos adherimos. Sé que en unos años iremos juntos a la marcha allá en la ciudad.

“(…) la vida es nada más que un blanco móvil*” Eppur si muove (y, sin embargo, se mueve) dijo Galileo. ¡Debe haber un sol haya en Córdoba! Mientras te volvés haciendo golpecitos en el volante murmurando la canción patria: “Ved el trono a la noble igualdad…”



*Por qué cantamos, poema de Mario Benedetti
**Carlos Olmedo, Militante Popular asesinado por la policía en 1971.
***Mario Roberto Santucho, Militante Popular asesinado por la dictadura Militar en 1976.
2- Susurros



“…cada tanto, cerras la puerta, bajás la ventana, enhebrás la aguja y cosés un botón en cualquier parte.” *

Así, con ese estado del hijo que recuerda a su madre salí de casa. Llovizna en las Sierras. El Alma aprieta contra el vidrio, contra los árboles, contra el Alma misma. Vas, te avisan que no seguirán atendiendo a Pobres y te retirás con el Alma contra el asfalto. Un Eder pasa tan rápido que nadie te ve cuando te pisa. Volvés alejándote de las cosas. Te quedás quieto mientras las cosas se te alejan. (los brazos? Los brazos y las piernas se encojen)

En el autoservicio te cruzás con Nelda Abed. Te cuenta que Edith Vera aclaró que sin la firma, el cuento no aparecía en la antología . Al final apareció.
“De mi pecho sacaba un sol dorado, deslumbrante, que casi quemaba” podría ser; hasta tanto “Te esperamos en el horizonte”**



*Daniel Salzano, Botones, en Los Días Contados, Ediciones Opoloop Cba. 1996
** Nelda Abed, Entre nubes y huevos fritos, antología de cuentos para niños, Plus Ultra, 1991. Los cuentos de Edith Vera son: De cómo es posible ver cosas que nunca se vieron y hacer cosas que nunca se hicieron y Alas. Del primero el texto extraído.
1- Susurro (entre el grito)



Donde comienza toda esperanza / ajustaste una vez / (exactamente) / la medida de mi cuerpo / al peso de tu vos.*
¿Debe ser la Literatura popular? ¿Debemos condicionar al escritor? ¿La Literatura debe ir al presente de las personas, o viceversa? ¿Debemos los interesados fomentar ese cruce? Intentamos un susurro que brote entre el grito cotidiano.
Y regresando de un mandado en bicicleta te cruzás a Gastón Sironi quien, fruto del encuentro, cultivó, quizás sin saberlo, estas reflexiones posteriores. Seguís pedaleando y pensás en el Cabezón Sotelo, ladrón de simpatías y depositario de poesía en nuestras mañanas de cubanitos y mates. La alegría al mediodía, si es con albahaca de tu casa, y el peso de la vos de ella, mejor.




*Claudio Suárez, Cenizas en la orilla de la tarde, Babel Editorial, Córdoba, 2009.