sábado, 6 de junio de 2020

Sombra de Toro
-Cuaderno del Fortalecimiento-

-Poesía 2015-

Ruidos

Pobre de los ruidosos de corazón
sólo nos cortarán la piel y lo
intentarán con el Alma.
Pobre de ellos
que sólo nos violarán y asfixiarán luego.

Pobre de esas víctimas
Que intentarán hallar sosiego en torturarnos,
pincharnos, quemarnos, maniatarnos
para poseernos, intentar amarnos, quererse.
Pobre de esos locos confundidos
que sólo buscarán aislarnos
marginarnos, difamarnos
crear orden en el caos.

Pobre de los necrófilos
y los estáticos de derrumbe.

Pobre de ellos
los ruidosos de corazón
que sólo buscan romper nuestro silencio.





-2-

 Nada perturbaba mi mundo sensible A. Yupanqui. 

 Ay! así vivir 
imperturbable en la sensibilidad. 

Lo sagrado en lo cotidiano.




-3-

Miró, y para afuera
se quedó callado.




-4-

Atado a la cadena
es parte de ella; 
cadena encadenada.

Llora eslabones que se funden
en los calores cotidianos.

Eslabones de lágrimas y sudor
paridos en la locura humana
de la que le llegan noticia
a su vivienda 
de libertad amordazada.




Salvavidas

 

“Estoy muy solo y triste acá…”

Sufre y entristece en un mundo abandonado por quién?

por suicidas?

 

Mientras naufraga quedamos los que no decidimos irnos

sintiéndonos tristes y solos

inconclusos

no pudiendo dejar de sobrevivir.

 

“Kekele”

 

Mi esposa se levantó varias veces en la madrugada

a darle el pecho al gordo.

Hoy a la mañana los dos con sueño

y él lleno de vida

se arrojó al mundo, kamikaze.

 

En la cocina preparaba mate, en la mesada

y él caminaba

de mis piernas a la silla.

“Kekele”, dijo.

“Ah, sí”, le respondí.

Kekele fue uno de nuestros mejores hombres

en el ejército japonés,

allá en la segunda guerra.

Él volvió de la silla a mis piernas.

Kekele se opuso a marchar al frente

(su frente en mi muslo)

“Kekele”

Dijo que se quedaba para curar a los compañeros heridos

pero que no atacaría hermanos de otras naciones.

Me pisó un poco y se lanzó a la heladera.

Los superiores no entendían

y él de la heladera a la silla nuevamente.

En un triángulo de la sala

los jefes, nosotros y …

“Kekele”

-Sí, Kekele.

Siguió caminando entre los tres puntos

explicando las razones

alma inocente

cándido, niño sabio

pero solo se debía marchar.

Me miró a los ojos,

le dije Kekele, con amor

y acatamos la orden.

“Kekele”, repetía caminando apurado

Kekele, Kekele, sos el gran héroe.

Y lo fusilamos

por no querer matar hermanos.

Así, marchamos a la guerra

y él se cubrió de gloria.

 

Me miró con ojos llenos de vida y amor

y corrió a mis brazos.



M.A.

Continuará...