miércoles, 9 de junio de 2021




El Olvido en Jorge Vocos Lescano

                                                                                                  por Martín Avalos

 

Que es olvido que se junta, es su libro publicado décimo tercero y data del año 1977. La edición original es de tapas color celeste quizás pero hoy luce un entre verde, azulado… turquesa. Los varones por lo general no somos buenos para definir colores y tonos, pero la asociación del pequeño material añejo, la palabra Olvido en su título, el nombre de pila del poeta y el año de publicación te sugieren rápidamente los años de plomo de la Argentina. ¿Cuál es el Olvido que se junta y qué hacer con él? Un Poeta suele tener respuestas sabias, escuchémoslo a nuestro hombrecito del puente.

Un libro de poemas puede ser un medio y un fin en sí mismo. Pareciera que uno puede transitarlo por donde necesite y detenerse a la contemplación sagrada en el punto que lo sienta. Un poemario es un nunca acabar al tiempo que es el sitio donde permanecer; ese rinconcito de eternidad. En ese viaje el equipaje y lo que se vaya a observar y sentir es decisión íntima. Por ello, creer que J. V. L. amontonó en este volumen todo lo que desea olvidar, a mi entender, es una observación válida, pero aquí el material comienza dedicado: a Jorge Patricio Vocos; Nuestro Poeta comienza a “Olvidar” recordando.

Un allegado me comenta que Jorge Patricio fue el único hijo varón del Poeta. Partiendo de esta información en nombre de ese fruto es que se pretendería obrar el Olvido. Estamos frente a la encrucijada y así se transita en la angustia cada día; al anochecer surge muchas veces la culpabilidad:

CADA DÍA QUE SE TERMINA…

CADA día que se termina, cada

hora que pasa, cada nuevo instante

que se va, de mí mismo estoy delante

desmenuzándome con la mirada.

Quiero ver, descubrir qué otra mirada

cara del alma o cara del semblante,

con el día, la hora o el instante,

pudo ceder, caer, volverse nada.

Porque por todas partes sé que ruedan

partes que el tiempo de mi ser tomando

me va sin fin, no tengo ya más vida

si no es mirar las partes que me quedan,

contarlas y de allí seguir restando

las que restadas vienen en seguida.

En el soneto que abre el libro (libro íntegro de este género de poesía), Vocos nos entrega esa imagen de disgregación (Desmenuzándome) y culpabilidad. Es él mismo el que delante busca la otra cara del alma antes que caiga, se vuelva nada. De qué se siente insatisfecho? Qué se reprocha? Por otro lado cada nuevo instante / que se va, de mí mismo estoy delante; o sea que es algo que lo detiene y no lo deja avanzar? Todo rueda y se vuelve nada. No tengo ya más vida / si no es mirar las partes que me quedan. Fue un suicidio el amputarse esa fuerza que reclama, o la mutilación vino de un agente externo? Eso es lo que duele y se pretende abandonar a la nada? Jorge Vocos Lescano hasta ese momento en su obra poética conocida por mí fue un celebratorio de la vida, claro que no podemos abandonarlo nosotros en su dolor. Continuemos pues leyéndolo, por justicia.

COMO SE ESTÁ EL VIAJERO

COMO se está el viajero ante la casa

que en la niñez dejó; como ese ausente

que ha vuelto, mira y la vejez repasa

de la cerrada puerta y todo el frente;

como ese hombre se queda, cuando pasa

tierna la mano en la pared y siente

que desde adentro el frío la traspasa

y ya para ella sol no hay que caliente;

así de triste estoy ante la casa

que fui, que soy: la soledad sin tasa

del fin compruebo, toco largamente;

toco y no entiendo cómo en tan escasa

vida, la muerte puede de repente

ser tanta en todo y estar tan presente.

Ante el Olvido convocado por nuestro hombre la presencia de ese varón delante del viejo hogar rascándole el Alma en sus paredes y catando tanta muerte junta. Muy triste se está en esa casa que fue, que es, por la vida acumulada en ella, en él, en el recuerdo, en el olvido ya. Vocos Lescano da cuenta de la insensibilidad a la tasa comercial al tiempo de la ignorancia mercantil por el espíritu que contienen lo material: ese Prana del que hablan los yoguis.

Al momento de la publicación del presente libro que abordamos nuestro Poeta contaba con la edad de cincuenta y tres años; en uno versos nos refiere que:

LOS cincuenta años –dicen- son un nudo

de muchos nudos y hondos desconciertos;

un mar de duda en que nada cierto

queda, sino es la idea del desierto.

Sin embargo lo suyo no se trata de una franja etaria, su situación no corresponde a un tiempo cronológico; su decadencia tiene que ver con una energía atolondrada que lo empuja en descenso desde su más tierna infancia:

Mi asunto no es de edad ni de altibajos.

Yo hablo de un río enloquecido y de una

cuesta abajo a los golpes y a los tajos.

Hablo de un empujón desde la cuna.

Y nada más hasta no haber ninguna

señal del ser, razón de sus trabajos.

¿El causante de tal picada deprimida es un trajín laboral? ¿Quién o qué es la causa del borramiento del Ser sin dejar tan sólo una señal? ¿Ese anonimato en el que se transita es fruto de una época personal o colectiva? ¿La falta de Luz en estos versos provenientes de un Poeta que anunciaba otrora la vida estará presente a lo largo de todo el volumen y con ello nos llevará a una penumbra lírica? Si esto es así ¿Cuáles son las intenciones del Profeta de Palabras, Cantos y Silencios? En los Misterios Dolorosos podemos contemplar a Jesús Orando en el Monte de los Olivos fruto de su desconcierto en el camino de Salvación; así también en la obra lumínica de nuestro Hombrecito del Puente podemos observarlo en estas páginas donde trató de juntar todo el Olvido que se pueda porque como Pueblo necesitábamos hacer algo con él. Jorge Vocos Lescano falleció en 1989, siglo XX, pero evidentemente es el Poeta del XXI.