viernes, 1 de noviembre de 2024

 


Marcha de los Bombos -Santiago del Estero-

-Unas líneas a partir de mi visita-

 

Por Martín Avalos

    

Los años ni las distancias jamás pudieron lograr

de mi memoria apartar y hacer que te heche al olvido

ay, mi Santiago querido, añoro tu quebrachal.

 

Los Manseros Santiagueños (1)

 

En Santiago, la chacarera, tiene

la gracia que en el mar tiene el pez (…)

Ica Novo (2)

 

     Volviendo de la XXII Marcha de los Bombos en la ciudad de Santiago de Estero, con sonidos de parches, aros y violines en mi cabeza reflexiono, en el cansancio de la jornada y la víspera, sobre las vivencias del Pueblo Santiagueño, su entrega, su lucha. Entrando al sueño se dispara el título de Bombo Legüero -Memoria y proyección. No haré más que intentar sumar en ese sentido recordando de Santiago que “Su cuna fue un humilde rancho y un bombo la bautizó” (3)

 

    Dónde, cómo, por qué la Marcha de los Bombos

     En la Ciudad de Santiago del Estero, Madre de Ciudades (pues fue la primera fundada en tiempos de colonización por parte del europeo, españoles puntualmente), se lleva a cabo esta Marcha, verdadero peregrinaje, por parte del Pueblo santiagueño y argentino, ya que para tal motivo lo hacen desde distintos puntos del país personas que se sienten movidos por la cultura y la alegría características distintiva de la provincia.

     Según he podido rastrear, desde el año 2003 se realiza la Marcha… que representa parte de la identidad de su gente en vísperas del aniversario de la fundación de la Ciudad.

     En nuestro caso llegamos al Patio del Indio Froilán, célebre luthier de bombos legüero, donde se realiza la vigilia: peña que aguarda el nuevo día y la caminata bombista hasta el Parque Aguirre donde culminaría dicha actividad.

     En la columna se apreciaba a distintas agrupaciones folclóricas, algunas con sus vestimentas, uniformes, pancartas, estandartes, banderas. No faltaban las wipalas andinas, las imágenes de santos y vírgenes; casi que encabezando venía por ejemplo San Francisco Solando y su violín. Personas que participaban individualmente o con sus familias, pequeños con sus primeros bombitos siguiendo el pulso de la marcha. En ese momento pensé en todas las consignas sutiles presentes allí: por el trabajo, por el monte, por la salud. Habíamos llegado con nuestra comitiva el día anterior, 19 de julio, aniversario de la caía de Jorge Roberto Santucho, valiente luchador de los oprimidos nacido en la provincia de Santiago; no podía dejar de establecer conexiones constantes. Existe una fibra íntima en el Espíritu de este y todos los Pueblos: allí su herencia y futuro.

 

     Antes de salir en Córdoba

     El amigo Alberto Cardoso coordinaba el viaje desde nuestra Ciudad de Córdoba; él es santiagueño pura cepa y organizador de peñas, viajes y eventos. Allí menciona su orgullo de estos viajes y sus reflexiones sobre el rol del santiagueño: estamos – cito de memoria- desparramados por el mundo para llevar nuestra alegría, donde haya un santiagueño va a haber un bombo, una guitarra y el canto, decía. En un momento agregó: acá en Córdoba también hay chacarera, pero es más melódica. No serían menores estas reflexiones del amigo Cardoso y quedarían sonando en mi cabeza; claro que pensaba de Hedgar di Fulvio, compositor nuestro y su Corazón solitario (4)

 

 

     En el Patio del Indio

     El Patio del Indio Froilán González es un predio de unos cincuenta metros por cincuenta con árboles de especies nativas, reconocí talas y creo algarrobos negros, con feria de comida y objetos alrededor. Un escenario se ubica bajo un gran algarrobo negro, y donde al igual que en el centro de la ciudad llama la atención la ausencia de perros; será lo que en mi barrio abundan.

     Los bombos marcan el pulso entre algunos gritos: es el sonido del monte cuando la fiesta, pensé. También comprendí que la chacarera cordobesa es melódica, melodiosa, hasta melancólica en algunos casos, como el algarrobo blanco que tenemos en nuestras serranías. La santiagueña es sentenciosa como el ramaje del algarrobo negro. Estas cavilaciones apenas fueron una puntita que sirven para armonizarte con el paisaje. Las agradezco.

 

     Museo de la Ciudad

     El tiempo permitió el ingreso al Museo del Bicentenario y es de lo más sorprendente como ante el avance de la ciencia y el mercado la memoria no desaparece. Allí están presente datos y objetos de los primeros habitantes, los Pueblos pre existentes a la Conquista y Colonia. Arte sacro, identidad gaucha, primer violín de Don Sixto Palavecino y una sachaguitarra de Elpidio Herrera. La sala dedicada a los que partieron al silencio es conmovedora, ese homenaje a los que fallecieron está lleno de amor. No pude recorrerlo todo, pero seguro hay o habrá un espacio a las víctimas del terrorismo de estado. Santiago del Estero, Madre de Ciudades se me figuró, al salir, como hermana mayor, la que cuida el legado de los padres, la que recuerda sus enseñanzas; Córdoba como la del medio, la rebelde, la de la Reforma del 18, la del Cordobazo. Cosas que a uno se le cruzan. Pero lo cierto es que la verdadera Memoria no es selectiva, no puede serlo. Hasta el olvidao lo sabe y por ello canta: el que se quedó de pie poniéndote el pecho. (5)

 

     Finalizando

     Volviendo ya, no puedo dejar de pensar y sentir (sentipensar, bello nuevo concepto que por ahí escuché), y así me dormí, en la herencia del pueblo santiagueño que debemos cuidar. La mercancía el mercader nos mete, (y ojalá que tanta economía circulando pueda traducirse en remedio en los hospitales, vidrios en las escuelas, comida en cada mesa). Digo que su chuchería introduce para que nos descerebremos y perdamos identidad y lucha, pero la verdadera herencia se cuida y defiende y junto a Sixto Palavecino digo: ¡Quichuicemos Argentina y el mundo! (6) 

 

     Listado de canciones:

1)    Añoranzas, Los Manseros Santiagueños.

2)    Del norte cordobés, Ica Novo.

3)    Añoranzas, Los Manseros santiagueños.

4)    Corazón solitario, chacarera. Hedgar Di Fulvio, folclorista nacido en Carrillobo, Cba.

5)    El Olvidao, Néstor Garnica.

6)    Quichuzar el mundo, Sixto Palavecino.

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