sábado, 20 de diciembre de 2025

 



Grima de la estrechez -un acercamiento a La Potra de Juan Filloy-

 

     La novela La Potra -estancia Los Capitanejos- fue concluida de escribir, según Mempo Giardinelli en el prólogo de la edición que tengo en mano, a finales de 1967 y publicada por Paidós en 1973. Gardinelli nos dice también que Juan Filloy “se adelantó a Henry Miller y Charles Bukowsky en su indagación a las posibilidades literarias de la coprofilia (atracción fetichista por los excrementos) y el lenguaje descarnado”; que Filloy era barroco cuando nadie hablaba siquiera del barroco literario latinoamericano; (nos dice al respecto la Inteligencia Artificial en la web: El barroco latinoamericano en la literatura se caracteriza por la fusión de culturas, el uso de un lenguaje ornamentado y complejo, y una temática que oscila entre la religiosidad y la crítica social. Figuras prominentes como Sor Juana Inés de la Cruz y el Inca Garcilaso de la Vega son exponentes de este movimiento. Que Filloy es el hombrecito de los tres siglos y de su producción prolífica con títulos de siete letras, datos estos que siempre se colocan y no vamos a ser menos aquí principalmente porque no todo lector los debe ya saber; es así como cuando al referirse a esta información se consignan sus datos de nacimiento y defunción y algunos títulos de sus casi sesenta libros: Nacimiento, 1 de agosto de 1894, Ciudad de Córdoba. Fallecimiento: 15 de julio de 2000, Ciudad de Córdoba, Argentina.

     Libros: Aquende, Balumba, Caterva, Decio 8A, ¡Estafen!, Finesse, Gentuza, Ignitus, Karcino, L’Ambigú, Mujeres, Op Oloop, Periplo, Sagesse, Tal cual, Urumpta, Vil & Vil, Yo, yo y yo, son algunos de sus títulos ordenados aquí alfabéticamente. Continúa Mempo con que no es un escritor aún reconocido y lo es más bien de culto; que Julio Cortázar lo menciona en su (conocidísima) novela Rayuela; que era un asiduo prostibulario, Juez en Río Cuarto, etc, etc. Y así llegamos a una afirmación que nos ha dejado cavilando: Su obra es un infinito ejercicio de realismo alusivo (…). Inmediatamente asociamos esto a la categoría literaria y latinoamericana, cuyo maestro primero se la reconoce al colombiano Gabriel García Márquez, y estoy refiriéndome al realismo mágico. ¿Será que un cordobés es el creador del realismo alusivo en literatura? No es de sorprender ¡con la facilidad de hacer coincidir los vientos y los suspiros que tienen estos náufragos mediterráneos! Sus ansias de pensar ¡los lleva a las elucubraciones filosóficas dejando en segundo plano, con ello, al latir poético de las serranías! Sin embargo, el cordobés ha leído más a García Márquez que a Filloy; la magia es inherente también al sobreviviente de los vientos y el naufragio; la ilusión es nuestra realidad.  

 

La Potra

     Estancia Los Capitanejos pareciera estar manejada por una capitaneja, inglesa, rubia pudiente. La familia se instala en la llanura pampeana cambiando churquis por corpulentos carolinos, espinas por herrumbrosas casuarinas y Filloy ya empieza con su brillito de malicia en los ojos, qué quiere que le diga. El peón que la acompaña es un Quinto Ochoa, para quienes leímos a Los Ochoa y a Decio 8A, esta familia de criollos ya nos da esperanzas de redención. Porque Juan Filloy a utilizado la literatura para hacer justicia allí.

     Hablando de la inglesa (o de la casona exótica en medio del monte pudiera ser) dice nuestro vate jurista:

     (…) trato violento con la quimera y la realidad.

       (…) educación de los nervios, ese sacrificio de la alegría.

      El parque, al principio, fue una irrisión. Un verdadero escarnio a la profusión talada. No se respetó más que un algarrobo centenario. Patriarca del paisaje, entre pinos, áceres, robles, abetos de plantación reciente, parecía un viejo criollo rodeado de gringuitos.  

     Así es nuestro justiciero literario, vislumbrando siempre la lucha entre civilización y barbarie, hipocresía racional y verdad materialista. Imperialismo y auto determinación de los Pueblos.

 

Personajes relevantes

     En el fundo (finca) vive ella con su personal a saber:

       (…) una dama sesentona escocesa, que actúa como ama de llaves y secretaria; una cocinera, metida todo el santo día en sus quehaceres; y Pierina, la mucama medio tilinga, hija de un chacarero piamontés de la vecindad. (…) Quinto frecuentaba su proximidad.

     Que el padre vivía en Bs As por negocios y su hermano Stanley enrolado como voluntario de su país. Un novio -Daniel- medio argentino-inglés (como de Stanley se desprende en los diálogos iniciales).

   Otros personajes darán vida a esta novela y la justicia estará intentando correcciones literarias al menos; es el caso de Narváez.

     De las cuatro mil novecientas hectáreas del fundo, la explotación porcina ocupaba el potrero más lejano. Estaba a cargo de un español enteco -Don Serafín Narváez-, burgalés corrido por el triunfo de Franco después de haber peleado gallardamente en la guerra civil de su patria. 

     O sea que el “Flaco” Narváez ¡era anarquista, pa!

    

Metáforas filloyanas

     La metáfora es una figura retórica que consiste en la comparación de un elemento por otro, así esa niña es una lora por cómo habla, o aquél gobernante un jilguero porque es un tonto y jugamos con el sufijo jil (gil) mientras él lo hace con nuestros recursos. Nuestro literato justiciero explica en esta comparación las similitudes entre el arte de los sentimientos en palabras y el criar puercos:

     Es tan glorioso criar chanchos puros como crear poemas impecables. El tufo del chiquero se equipara entonces en autenticidad al del fermento lírico.

     Y  Juan se ríe de todo mientras no puede parar de conocer y darlo a conocer -a nuestro entender, sin soberbia-. Así párrafos mas arriba daba cuenta de identificar -de nombre al menos- algunas razas de porcinos:

     Atendiendo la enorme porqueriza de Poland China, Landrace y Duroc Jercey; su empeñoso designio triunfaba ampliamente.

     J. F. sabe del arte de combinar letras y palabras -pienso en su facilidad palíndroma- y guardó bastante bien sus sentires, aunque me lo figuro de gran empatía; esto y su poesía porcina en esta sentencia mayor:

     ¡Pero quién ha sometido al vendaval, sofrenando al rayo!

     Así, nuestro empático poeta observa emociones (Lo anterior viene a cuenta del enojo de Quinto Ochoa), sentimientos, dolores, pero también fastuosidades y contrastes en los empobrecidos días del trabajador:

     Todo el lujo que esplende en el casco de la estancia cae de bruces en los puestos; se enreda en su miseria y acaba arrodillada clamando al cielo. Son los mismos cuartuchos de techo de zinc de hace cuarenta años. Cuatro gallinas. Tres perros. Dos sauces raquíticos. Y una sombrita circulante pegada a las paredes. Son los mismos puestos de antes, leprosos de incuria. Esperan siempre cosas que no llegan: la limosna de unos remiendos y el consuelo de una lechada de cal.

     Quien no ha leído a Juan Filloy ahí tiene una preciosa síntesis de su estilo sagaz, verás, y poético también, porque si menciona que son los mismos cuartuchos de hace cuarenta años ¿es necesario repetir la idea luego de “Son los mismos puestos de antes”? claro que sí, pues enfatiza y remarca la iniquidad graficándola con la terrible enfermedad de los abandonados: leprosos de incuria (dejadez).

 

Memorioso y juguetón el Don

     La Cultura Popular -así, con mayúsculas- posee sabiduría en sus sentencias ceremoniosas o en las pícaras. Copla gastadita es la de “De las aves que vuelan / me gusta el chancho / porque vuela / y se asienta sobre tu rancho”. Otra variante dice: ““De las aves que vuelan / me gusta el chancho / porque pone huevitos / como el carancho”. Aquí Filloy incorpora varieté:

De las aves que vuelan

me gusta el chancho,

de los peces que nadan

sólo el carancho.

 

     Y se despacha para estupor de las Sra y Sres de alcurnia y reclusión púdica:

de las frutas de tu granja

yo prefiero la morcilla,

porque si como naranja

el culo me hace cosquilla.

 

     No se crean que porque Filloy, o más bien sus personajes populares, se manifiesten de esa manera están faltos de sapiencia, veamos lo que reflexiona a renglón seguido:

     “Hay que guardar los ricuerdos buenos envueltos en silencio.”

 

Canción a tono

     En la jarana narrativa donde tienen lugar las coplas antes mencionadas, nuestro héroe de la Guerra Civil Española, entona una canción que en apariencia es obra de su autor Filloy, pero que merece nuestra especial atención, veamos:

(…) De tal modo se cantaron seis estrofas. Seis estrofas de pasión rebelde, de resonancia profunda, en las cuales la sangre anónima de patrias dispares se identificaba en la misma rúbrica del pueblo. La fuerza tonal del estribillo los contagió especialísimamente. Quedaron presos en su embrujo. Así la algarabía del final de la fiesta se prolongó en una insistente repetición:

Con el quinto, quinto, quinto

con el quinto regimiento

va a pelear la flor de España

contra el fascio y contra el clero.

 

     Y qué quiere que le diga, La Potra fue publicada en el año 1973, y culminada de escribir -según consignábamos al empezar estas líneas, en 1967. Poco antes, un gran cantor y maestro del pueblo chileno grababa El Quinto Regimiento; me figuro que Juan Filloy conocía esa canción; me figuro también que no sólo homenajea a los Milicianos españoles contra el fascismo sino que homenajea al autor de la canción chilena - que fallecería poco antes del golpe genocida al reventarse una úlcera que le causaría un paro cardiorespiratorio- Rolando Alarcón, para quienes quieran conocer de Él. Paso a transcribir las letras, primero la que cantó nuestro Narváez en La Potra de Filloy, luego las de Alarcón.

Los cuatro generales

los cuatro generales

los cuatro generales

mamita mía

que se han alzado, que se han alzado

para la nochebuena

para la nochebuena

para la nochebuena

mamita mía

serán ahorcados

serán ahorcados.

Con las bombas que tiran

con las bombas que tiran

con las bombas que tiran

mamita mía

de sus aviones, de sus aviones

hacen los madrileños

hacen los madrileños

hacen los madrileños,

mamita mía

tirabuzones

tirabuzones.

 

-cantada por Narváez-

 

Los cuatro generales

 

Los cuatro generales,

los cuatro generales,

los cuatro generales

mamita mía, que se han alzado,

que se han alzado.

 

Para la nochebuena,

por la nochebuena,

por la nochebuena,

mamita mía, serán ahorcados,

serán ahorcados.

 

Madrid, qué bien resistes,

Madrid, qué bien resistes,

Madrid, qué bien resistes,

Madrid, qué

mamita mía, los bombardeos,

los bombardeos.

 

De las bombas se ríen,

de las bombas se ríen,

de las bombas se ríen

mamita mía, los madrileños,

los madrileños.

 

Por la Casa de Campo,

por la Casa de Campo,

por la Casa de Campo

mamita mía, y el Manzanares,

y el Manzanares,

 

quieren pasar los moros,

quieren pasar los moros,

quieren pasar los moros,

mamita mía, no pasa nadie,

no pasa nadie.

 

La Casa de Velázquez,

la Casa de Velázquez,

la Casa de Velazquez,

mamita mía, se cae ardiendo,

se cae ardiendo

 

con la quinta columna,

con la quinta columna,

con la quinta columna,

mamita mía, metida adentro,

metida adentro.

 

     -Rolando Alarcón-

 

 

Quinto Regimiento

 

El 18 de julio

en el patio de un convento

el pueblo madrileño

fundó el quinto regimiento

anda jaleo, jaleo

ya se acabó el alboroto

y vamos, al tiroteo…

Con Lister y campesino

con Galán y con Modesto

con el comandante Carlos

no hay miliciano con miedo

anda jaleo, jaleo

ya se acabó el alboroto

y vamos, al tiroteo…

Con los cuatro batallones

que a Madrid están defendiendo

se va lo mejor de España

la flor más roja del pueblo

anda jaleo, jaleo

ya se acabó el alboroto

y vamos, al tiroteo…

Con el quinto, quinto, quinto

con el quinto regimiento

madre, yo me voy al frente

para las líneas de fuego

anda jaleo, jaleo

ya se acabó el alboroto

y vamos, al tiroteo

y vamos, al tiroteo

 

 

Cantada por Rolando Alarcón

 

     Con lo dicho aquí queremos dejar en claro los motivos que nos llevan a gozar de Juan Filloy el cordobés de barrio Gral Paz, calle Catamarca esquina Ovidio Lagos a una cuadra de la Plaza Alberdi y dos de la Biblioteca Popular Vélez Sarfield. ¡Qué quiere que le diga y cómo!

 

El inglish y franchute en Filloy

     Entre los conocimientos de este genial erudito pícaro está el del idioma inglés; cabe destacar que nosotros nada sabemos del mismo y hoy por hoy nada nos interesa la lengua de Shakespeare aunque sí su poesía y dramas; pero suponemos que don Filloy poesía un dominio vocabulario anglosajón y francés, así abundan entre we are engaged (nosotros estamos comprometidos), correctos sprinters (velocistas), boudoir (tocador), robe (túnica), birth control (control de natalidad), herd book (libro genealógico), pur sang (pura sangre), drambui (licor escocés), roastbeef (Buey asado, es un corte vacuno con lo que, desprendemos,  no sólo maneja el idioma imperialista sino su cultura culinaria)  

 

Sentencias filloyanas

     Juan Filloy entre descripciones de situaciones vividas o sicológicas, (Filloy es un gran observador de las pasiones humanas -por ejemplo cuando narra: allá estaba Quinto, polo de ansias en perpetua vigilia- o -Cabizbajo, Quinto caminaba a la deriva de su odio-), de personajes o lugares, arriesga con acertada puntería pequeñas oraciones que se convierten en sentencias con las cuales se tendría que armar un refranero filloyano, veamos algunas:

-Es propia del amor la desmesura.

-La fruición del pecado es más fuerte que el deber.

-Sólo examinan sus remordimientos los que fracasan en la vida.

-Las grandes decisiones pertenecen a los seres inseguros.

- (…) la tradición milenaria del amor.

-La opulencia gusta disimular sus taras imitando al trabajo.

-La felicidad no se compra al contado sino a plazos, en cuotas de sangre y llanto…

- ¡A veces el murciélago comprende el romance de la mariposa!

 -El giro favorable de las cosas entontece a los hombres. Sobre todo a quienes, retirados de los embate de la lucha diaria, se amanceban en el bienestar.

- (…) la fórmula de la vida feliz que nos endilga a menudo… Comer la mitad; dormir el doble; beber el triple; reír el cuádruple…

-Los misterios se aclaran solo o no se explican nunca.

- (…) las víctimas tienen siempre el premio sublime de la comprensión de la gente.

-De las grandes carencias emergen los desbordes.

-Las turbulencias del espíritu irritan más que las del temperamento.

-Las ideas son exactamente los gases del espíritu.

-El fracaso forja a todos los moralistas.

-El amante se identifica en la efusión; el amigo se explaya en el diálogo. Allí hay deliquio, aquí conversación…

-Nadie sueña que es loco.

-(…) en la tragedia no se llora, ni el dolor emerge en lágrimas como en el drama. El dolor medita. Se hace filósofo. Y filosofando escarmienta y se depura.

- (…) eternidad, que es tiempo sin historia.

-La pasión no tiene mañana.

 

Picardía en el refranero  

     Cuando de refranes se trata (y picardía) no puedo dejar de pensar en ese gran escritor argentino Roberto Payró al que aún le debemos nuestras líneas, tiempo y esfuerzo. Aquí Filloy nos divierte con apodos y sus por qué:

-Zaranda (le dicen). Fijesé cómo camina. Camina blandito, balanceandosé lo mesmo qui´un cernidor.

 

-Carqueja: (tipo amargo) -Di`hay el apelativo: Cara e`queja.  

 

-Un velorio qui´haga decir a la gente: ¡Puta qu`estuvo linda la muerte de Don Primo!

 

 

Paz panteísta

     Juan Filloy conoce de estados de tranquilidad. Hasta diera la impresión por su prolífica producción literaria que cultivó como método la calma. Veamos una descripción donde da cuenta de saber de lo que habla en calidad de paz y comunión con su medio natural:

     En el paisano hay un ajusta carnal y afectivo con el paisaje. La llanura le ha ensañado a ganar la lejanía de sí mismo, ensimismándose en gloriosas lontananzas, no en la podredumbre vecina de sus pasiones. Aún de día su pensamiento es silencioso y nocturno. No se mortifica. Sabe esperar. Y en su voluntad sin fisuras, le basta oír cómo crece el pasto y cómo muge la vaca para saber que está cerca de Dios en la distancia que separa a los hombres.

 

     También en otro pasaje vislumbramos su método de vivir sin tropiezos innecesarios:

     Por decantación espiritual de la edad, Mister Briggs se había transformado en un hombre sereno. Sus sesenta y cinco años eludían todo motivo de enojo.

 

Empatía trabajadora

     Cuando uno afirma que Filloy es uno de los nuestros se mete en un asunto que puede acarrearle fuertes y frecuentes dolores de cabeza, no tanto por desentendidos con los “otros” sino con los “nuestros” propios. Veamos: hemos dicho que a la realidad de los inflados y presuntuosos patrones le opone la cotidianidad de los peones; ya en Vil & Vil, su genial novela militar, contraponía los intereses del alucinado General con el del Conscripto. Pues bien, aquí, ahora, en un claro pasaje ilustrativo de la realidad pueblerina de la pequeña ciudad del interior de país, nuestro observador cruza a un apresurado y prepotente automovilista con el agente que dirige el tránsito, pienso en la conversación que justo ayer tuve con Susana, vecina de Río Cuarto, que me comentaba haberlo visto muchas veces caminando a Don Juan por las calles del centro, seguramente no le pasaban desapercibidos estos asuntos cotidianos. Dice al respecto:

     Cruzó la ciudad a velocidad superior a la permitida. En una esquina céntrica casi tuvo lugar un choque, por desatención del agente de facción. La frenada fue tan violenta que dejó una paralela de goma quemada por la fricción en el cemento. Mister Briggs no pudo con su genio. Asomándose increpó al vigilante:

-Dígame, ¿usted dirige el tránsito aquí?

-Sí, señor.

-Pues entonces, sepa que lo dirige muy mal.

-Tal vez, gano doscientos ochenta pesos mensuales. ¿Cree usted que por ese sueldo podría dirigirlo Toscanini? ¡Siga, siga! No escorche…

     La lección del agente fue tan graciosa que ambos, comentándola jovialmente, borraron sus resquemores. Y al convenir que nadie puede brindar un servicio superior al retribuido, ya fuera del lindo urbano lamentaron no haberle dado una propina.

 

     Desde aquí resaltaremos lo de “La lección del agente” y lo de “convenir que nadie puede brindar un servicio superior al retribuido”.  

     Otra bonita estampa que acrecienta nuestra conciencia de clase humana (la otra es una clase inhumana y los descarriados de la nuestra eso son, descarriados); otra, decíamos, que nos ayuda a la memoria y la paz mental:

     Los peones criollos carecen de sentido jerárquico. O lo tienen poco desarrollado. Herederos directo del gaucho, que no reconoció ninguna clase de amos en sus correrías o aposentamientos, se avienen de mal gusto a la autoridad.

 

     Justiciera también la comparación entre los jugadores de polo y los domadores de sus caballos deportivos, la búsqueda del placer y el aplauso contra le de mal cubrir sus necesidades inmediatas. A los míseros ingresos del jornal del  peón los ricos niegan jugando por una copa de metal fino, pero vacías, dice.

 

 

El observador de las conciencias

     Decíamos que Juan Filloy fue un gran observador de las psiquis y sus impactos en espíritus y conductas. Horas de silencio tuvo este Señor, me figuro, al igual que lo imagino en otro gran poeta: Atahualpa Yupanqui. Dice por ahí en La Potra Don Juan Filloy:

     Confrontar su suerte en un abismo de perplejidad. Solo. Solo. Solo. Y se sumió en la peor de las soledades: la del pensamiento obseso:

 

(…) Mi ideal ha sido siempre un ideal en mangas de camisa. Honesto. Práctico. Si el azar me hubiera dotado con un cinismo de frac o de smoking, mi destino sería otro.

 

     Dos párrafos que brindan posibilidades de reflexiones distintas: la soledad de la mente a la deriva y la realidad de las clases antagónicas.  

 

¿Autodefinición?

       En un momento aparece un personaje en la novela, es un tal Filloy, después veremos si se trata de él mismo o de quién; lo cierto es que su descripción nos llevó a pensar en su propia persona, en la idea que tenemos formada de Él. Dice así:

     Es un amigo encantador. No sufre ni hace sufrir. Se aburre, es cierto, pero no contagia su aburrimiento. Al contrario. Dotado de una cultura excesiva para su edad, lo disimula a maravillas, rebajándose…

 

     También pensé en mi hijo Ramiro de once años, un maestro al que desconozco muchas veces y no me es fácil llegar.  

 

     Lo que parece una extensa nota no es nada con el viaje agradable del pensamiento que nos propone Juan Filloy en La Potra, según Mempo, para el autor su mejor novela. Nos despedimos con unos versos del Pueblo incluido en la historia.

 

Poema anónimo

Si está alegre tu mente

Encontrarás la vida

Demasiado breve.

Una sola noche

Es infinita

                                               Para la pena.

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