Grima de la estrechez -un acercamiento a La Potra de Juan Filloy-
La novela La Potra -estancia Los
Capitanejos- fue concluida de escribir, según Mempo Giardinelli en el prólogo
de la edición que tengo en mano, a finales de 1967 y publicada por Paidós en
1973. Gardinelli nos dice también que Juan Filloy “se adelantó a Henry Miller y Charles Bukowsky en su
indagación a las posibilidades literarias de la coprofilia (atracción fetichista
por los excrementos) y el lenguaje descarnado”; que Filloy era barroco cuando nadie hablaba siquiera del
barroco literario latinoamericano; (nos dice al respecto la Inteligencia
Artificial en la web: El barroco latinoamericano en la
literatura se caracteriza por la fusión de culturas, el uso de un lenguaje
ornamentado y complejo, y una temática que oscila entre la religiosidad y la
crítica social. Figuras prominentes como Sor Juana Inés de la Cruz y el
Inca Garcilaso de la Vega son exponentes de este movimiento. Que
Filloy es el hombrecito de los tres siglos y de su producción prolífica con
títulos de siete letras, datos estos que siempre se colocan y no vamos a ser
menos aquí principalmente porque no todo lector los debe ya saber; es así como
cuando al referirse a esta información se consignan sus datos de nacimiento y
defunción y algunos títulos de sus casi sesenta libros: Nacimiento, 1 de agosto
de 1894, Ciudad de Córdoba. Fallecimiento: 15 de julio de 2000, Ciudad de
Córdoba, Argentina.
Libros: Aquende, Balumba, Caterva, Decio
8A, ¡Estafen!, Finesse, Gentuza, Ignitus, Karcino, L’Ambigú, Mujeres, Op Oloop,
Periplo, Sagesse, Tal cual, Urumpta, Vil & Vil, Yo, yo y yo, son algunos de
sus títulos ordenados aquí alfabéticamente. Continúa Mempo con que no es un
escritor aún reconocido y lo es más bien de culto; que Julio Cortázar lo
menciona en su (conocidísima) novela Rayuela; que era un asiduo prostibulario,
Juez en Río Cuarto, etc, etc. Y así llegamos a una afirmación que nos ha dejado
cavilando: Su obra es un infinito ejercicio de
realismo alusivo (…). Inmediatamente asociamos esto
a la categoría literaria y latinoamericana, cuyo maestro primero se la reconoce
al colombiano Gabriel García Márquez, y estoy refiriéndome al realismo mágico.
¿Será que un cordobés es el creador del realismo alusivo en literatura? No es
de sorprender ¡con la facilidad de hacer coincidir los vientos y los suspiros
que tienen estos náufragos mediterráneos! Sus ansias de pensar ¡los lleva a las
elucubraciones filosóficas dejando en segundo plano, con ello, al latir poético
de las serranías! Sin embargo, el cordobés ha leído más a García Márquez que a
Filloy; la magia es inherente también al sobreviviente de los vientos y el
naufragio; la ilusión es nuestra realidad.
La Potra
Estancia Los Capitanejos
pareciera estar manejada por una capitaneja, inglesa, rubia pudiente. La
familia se instala en la llanura pampeana cambiando churquis por corpulentos
carolinos, espinas por herrumbrosas casuarinas
y
Filloy ya empieza con su brillito de malicia en los ojos, qué quiere que le
diga. El peón que la acompaña es un Quinto Ochoa, para quienes leímos a Los
Ochoa y a Decio 8A, esta familia de criollos ya nos da esperanzas de redención.
Porque Juan Filloy a utilizado la literatura para hacer justicia allí.
Hablando de la inglesa (o de la casona
exótica en medio del monte pudiera ser) dice nuestro vate jurista:
(…) trato violento con
la quimera y la realidad.
(…) educación de los nervios, ese sacrificio
de la alegría.
El parque, al principio, fue una
irrisión. Un verdadero escarnio a la profusión talada. No se respetó más que un
algarrobo centenario. Patriarca del paisaje, entre pinos, áceres, robles,
abetos de plantación reciente, parecía un viejo criollo rodeado de gringuitos.
Así es nuestro justiciero
literario, vislumbrando siempre la lucha entre civilización y barbarie,
hipocresía racional y verdad materialista. Imperialismo y auto determinación de
los Pueblos.
Personajes relevantes
En el fundo (finca) vive ella
con su personal a saber:
(…) una
dama sesentona escocesa, que actúa como ama de llaves y secretaria; una
cocinera, metida todo el santo día en sus quehaceres; y Pierina, la mucama
medio tilinga, hija de un chacarero piamontés de la vecindad. (…) Quinto
frecuentaba su proximidad.
Que el padre vivía en Bs As
por negocios y su hermano Stanley enrolado como voluntario de su país. Un novio
-Daniel- medio argentino-inglés (como de Stanley se desprende en los diálogos
iniciales).
Otros personajes darán vida a esta novela y
la justicia estará intentando correcciones literarias al menos; es el caso de
Narváez.
De las cuatro mil
novecientas hectáreas del fundo, la explotación porcina ocupaba el potrero más
lejano. Estaba a cargo de un español enteco -Don Serafín Narváez-, burgalés
corrido por el triunfo de Franco después de haber peleado gallardamente en la
guerra civil de su patria.
O sea que el “Flaco” Narváez
¡era anarquista, pa!
Metáforas filloyanas
La metáfora es una figura retórica que
consiste en la comparación de un elemento por otro, así esa niña es una lora
por cómo habla, o aquél gobernante un jilguero porque es un tonto y jugamos con
el sufijo jil (gil) mientras él lo hace con nuestros recursos. Nuestro literato
justiciero explica en esta comparación las similitudes entre el arte de los
sentimientos en palabras y el criar puercos:
Es tan glorioso criar chanchos puros como
crear poemas impecables. El tufo del chiquero se equipara entonces en
autenticidad al del fermento lírico.
Y
Juan se ríe de todo mientras no puede parar de conocer y darlo a conocer
-a nuestro entender, sin soberbia-. Así párrafos mas arriba daba cuenta de
identificar -de nombre al menos- algunas razas de porcinos:
Atendiendo la enorme porqueriza de Poland
China, Landrace y Duroc Jercey; su empeñoso designio triunfaba ampliamente.
J. F. sabe del arte de
combinar letras y palabras -pienso en su facilidad palíndroma- y guardó
bastante bien sus sentires, aunque me lo figuro de gran empatía; esto y su
poesía porcina en esta sentencia mayor:
¡Pero quién ha sometido
al vendaval, sofrenando al rayo!
Así, nuestro empático poeta observa
emociones (Lo anterior viene a cuenta del enojo de Quinto Ochoa), sentimientos,
dolores, pero también fastuosidades y contrastes en los empobrecidos días del
trabajador:
Todo el lujo que esplende en el casco de
la estancia cae de bruces en los puestos; se enreda en su miseria y acaba
arrodillada clamando al cielo. Son los mismos cuartuchos de techo de zinc de
hace cuarenta años. Cuatro gallinas. Tres perros. Dos sauces raquíticos. Y una
sombrita circulante pegada a las paredes. Son los mismos puestos de antes,
leprosos de incuria. Esperan siempre cosas que no llegan: la limosna de unos
remiendos y el consuelo de una lechada de cal.
Quien no ha leído a Juan
Filloy ahí tiene una preciosa síntesis de su estilo sagaz, verás, y poético
también, porque si menciona que son los mismos cuartuchos de hace cuarenta años
¿es necesario repetir la idea luego de “Son los mismos puestos de antes”? claro
que sí, pues enfatiza y remarca la iniquidad graficándola con la terrible
enfermedad de los abandonados: leprosos de incuria (dejadez).
Memorioso y juguetón el Don
La Cultura Popular -así, con mayúsculas-
posee sabiduría en sus sentencias ceremoniosas o en las pícaras. Copla
gastadita es la de “De las aves que vuelan / me gusta
el chancho / porque vuela / y se asienta sobre tu rancho”. Otra variante
dice: ““De las aves que vuelan / me gusta el chancho / porque pone huevitos /
como el carancho”. Aquí Filloy incorpora varieté:
De las aves que
vuelan
me gusta el
chancho,
de los peces que
nadan
sólo el
carancho.
Y se despacha
para estupor de las Sra y Sres de alcurnia y reclusión púdica:
de las frutas de
tu granja
yo prefiero la
morcilla,
porque si como
naranja
el culo me hace
cosquilla.
No se crean que porque Filloy, o más bien
sus personajes populares, se manifiesten de esa manera están faltos de
sapiencia, veamos lo que reflexiona a renglón seguido:
“Hay que guardar los ricuerdos buenos
envueltos en silencio.”
Canción a tono
En la jarana narrativa donde tienen lugar
las coplas antes mencionadas, nuestro héroe de la Guerra Civil Española, entona
una canción que en apariencia es obra de su autor Filloy, pero que merece
nuestra especial atención, veamos:
(…) De tal modo se
cantaron seis estrofas. Seis estrofas de pasión rebelde, de resonancia
profunda, en las cuales la sangre anónima de patrias dispares se identificaba
en la misma rúbrica del pueblo. La fuerza tonal del estribillo los contagió
especialísimamente. Quedaron presos en su embrujo. Así la algarabía del final
de la fiesta se prolongó en una insistente repetición:
Con el quinto,
quinto, quinto
con el quinto
regimiento
va a pelear la
flor de España
contra el fascio
y contra el clero.
Y qué quiere que le diga, La Potra fue
publicada en el año 1973, y culminada de escribir -según consignábamos al
empezar estas líneas, en 1967. Poco antes, un gran cantor y maestro del pueblo
chileno grababa El Quinto Regimiento; me figuro que Juan Filloy conocía esa
canción; me figuro también que no sólo homenajea a los Milicianos españoles
contra el fascismo sino que homenajea al autor de la canción chilena - que fallecería
poco antes del golpe genocida al reventarse una úlcera que le causaría un paro
cardiorespiratorio- Rolando Alarcón, para quienes quieran conocer de Él. Paso a
transcribir las letras, primero la que cantó nuestro Narváez en La Potra de
Filloy, luego las de Alarcón.
Los cuatro
generales
los cuatro
generales
los cuatro
generales
mamita mía
que se han
alzado, que se han alzado
para la
nochebuena
para la
nochebuena
para la
nochebuena
mamita mía
serán ahorcados
serán ahorcados.
Con las bombas
que tiran
con las bombas
que tiran
con las bombas
que tiran
mamita mía
de sus aviones,
de sus aviones
hacen los
madrileños
hacen los
madrileños
hacen los
madrileños,
mamita mía
tirabuzones
tirabuzones.
-cantada por
Narváez-
Los cuatro
generales
Los cuatro
generales,
los cuatro
generales,
los cuatro
generales
mamita mía, que
se han alzado,
que se han
alzado.
Para la
nochebuena,
por la
nochebuena,
por la
nochebuena,
mamita mía,
serán ahorcados,
serán ahorcados.
Madrid, qué bien
resistes,
Madrid, qué bien
resistes,
Madrid, qué bien
resistes,
Madrid, qué
mamita mía, los
bombardeos,
los bombardeos.
De las bombas se
ríen,
de las bombas se
ríen,
de las bombas se
ríen
mamita mía, los
madrileños,
los madrileños.
Por la Casa de
Campo,
por la Casa de
Campo,
por la Casa de
Campo
mamita mía, y el
Manzanares,
y el Manzanares,
quieren pasar
los moros,
quieren pasar
los moros,
quieren pasar
los moros,
mamita mía, no
pasa nadie,
no pasa nadie.
La Casa de
Velázquez,
la Casa de
Velázquez,
la Casa de
Velazquez,
mamita mía, se
cae ardiendo,
se cae ardiendo
con la quinta
columna,
con la quinta
columna,
con la quinta
columna,
mamita mía,
metida adentro,
metida adentro.
-Rolando Alarcón-
Quinto
Regimiento
El 18 de julio
en el patio de
un convento
el pueblo
madrileño
fundó el quinto
regimiento
anda jaleo,
jaleo
ya se acabó el alboroto
y vamos, al
tiroteo…
Con Lister y
campesino
con Galán y con Modesto
con el
comandante Carlos
no hay miliciano
con miedo
anda jaleo,
jaleo
ya se acabó el
alboroto
y vamos, al
tiroteo…
Con los cuatro
batallones
que a Madrid
están defendiendo
se va lo mejor
de España
la flor más roja
del pueblo
anda jaleo,
jaleo
ya se acabó el
alboroto
y vamos, al
tiroteo…
Con el quinto,
quinto, quinto
con el quinto
regimiento
madre, yo me voy
al frente
para las líneas
de fuego
anda jaleo,
jaleo
ya se acabó el alboroto
y vamos, al
tiroteo
y vamos, al
tiroteo
Cantada por
Rolando Alarcón
Con lo dicho aquí queremos dejar en claro
los motivos que nos llevan a gozar de Juan Filloy el cordobés de barrio Gral
Paz, calle Catamarca esquina Ovidio Lagos a una cuadra de la Plaza Alberdi y
dos de la Biblioteca Popular Vélez Sarfield. ¡Qué quiere que le diga y cómo!
El inglish y franchute en
Filloy
Entre los conocimientos de
este genial erudito pícaro está el del idioma inglés; cabe destacar que
nosotros nada sabemos del mismo y hoy por hoy nada nos interesa la lengua de Shakespeare
aunque sí su poesía y dramas; pero suponemos que don Filloy poesía un dominio
vocabulario anglosajón y francés, así abundan entre we are engaged (nosotros
estamos comprometidos), correctos sprinters (velocistas), boudoir (tocador), robe
(túnica), birth control (control de natalidad), herd book (libro
genealógico), pur sang (pura sangre), drambui (licor escocés), roastbeef (Buey
asado, es un corte vacuno con lo que, desprendemos, no sólo maneja el idioma imperialista sino su
cultura culinaria)
Sentencias filloyanas
Juan Filloy entre descripciones de
situaciones vividas o sicológicas, (Filloy es un gran observador de las
pasiones humanas -por ejemplo cuando narra: allá estaba
Quinto, polo de ansias en perpetua vigilia- o
-Cabizbajo,
Quinto caminaba a la deriva de su odio-), de personajes o lugares, arriesga
con acertada puntería pequeñas oraciones que se convierten en sentencias con
las cuales se tendría que armar un refranero filloyano, veamos algunas:
-Es propia del amor la
desmesura.
-La fruición del pecado
es más fuerte que el deber.
-Sólo examinan sus
remordimientos los que fracasan en la vida.
-Las grandes decisiones
pertenecen a los seres inseguros.
- (…) la tradición
milenaria del amor.
-La opulencia gusta
disimular sus taras imitando al trabajo.
-La felicidad no se
compra al contado sino a plazos, en cuotas de sangre y llanto…
- ¡A veces el murciélago
comprende el romance de la mariposa!
-El giro favorable de las cosas entontece a
los hombres. Sobre todo a quienes, retirados de los embate de la lucha diaria,
se amanceban en el bienestar.
- (…) la fórmula de la
vida feliz que nos endilga a menudo… Comer la mitad; dormir el doble; beber el
triple; reír el cuádruple…
-Los misterios se
aclaran solo o no se explican nunca.
- (…) las víctimas
tienen siempre el premio sublime de la comprensión de la gente.
-De las grandes
carencias emergen los desbordes.
-Las turbulencias del
espíritu irritan más que las del temperamento.
-Las ideas son exactamente
los gases del espíritu.
-El fracaso forja a
todos los moralistas.
-El amante se
identifica en la efusión; el amigo se explaya en el diálogo. Allí hay deliquio,
aquí conversación…
-Nadie sueña que es
loco.
-(…) en la tragedia no
se llora, ni el dolor emerge en lágrimas como en el drama. El dolor medita. Se hace
filósofo. Y filosofando escarmienta y se depura.
- (…) eternidad, que es
tiempo sin historia.
-La pasión no tiene
mañana.
Picardía en el refranero
Cuando de refranes se trata (y picardía)
no puedo dejar de pensar en ese gran escritor argentino Roberto Payró al que
aún le debemos nuestras líneas, tiempo y esfuerzo. Aquí Filloy nos divierte con
apodos y sus por qué:
-Zaranda (le dicen). Fijesé cómo
camina. Camina blandito, balanceandosé lo mesmo qui´un cernidor.
-Carqueja: (tipo amargo) -Di`hay
el apelativo: Cara e`queja.
-Un velorio qui´haga decir a la
gente: ¡Puta qu`estuvo linda la muerte de Don Primo!
Paz panteísta
Juan Filloy conoce de estados
de tranquilidad. Hasta diera la impresión por su prolífica producción literaria
que cultivó como método la calma. Veamos una descripción donde da cuenta de
saber de lo que habla en calidad de paz y comunión con su medio natural:
En el paisano hay un ajusta carnal y
afectivo con el paisaje. La llanura le ha ensañado a ganar la lejanía de sí mismo,
ensimismándose en gloriosas lontananzas, no en la podredumbre vecina de sus
pasiones. Aún de día su pensamiento es silencioso y nocturno. No se mortifica. Sabe
esperar. Y en su voluntad sin fisuras, le basta oír cómo crece el pasto y cómo
muge la vaca para saber que está cerca de Dios en la distancia que separa a los
hombres.
También en otro
pasaje vislumbramos su método de vivir sin tropiezos innecesarios:
Por decantación espiritual de la edad, Mister Briggs se había transformado
en un hombre sereno. Sus sesenta y cinco años eludían todo motivo de enojo.
Empatía trabajadora
Cuando uno afirma que Filloy
es uno de los nuestros se mete en un asunto que puede acarrearle fuertes y
frecuentes dolores de cabeza, no tanto por desentendidos con los “otros” sino
con los “nuestros” propios. Veamos: hemos dicho que a la realidad de los inflados
y presuntuosos patrones le opone la cotidianidad de los peones; ya en Vil &
Vil, su genial novela militar, contraponía los intereses del alucinado General
con el del Conscripto. Pues bien, aquí, ahora, en un claro pasaje ilustrativo
de la realidad pueblerina de la pequeña ciudad del interior de país, nuestro
observador cruza a un apresurado y prepotente automovilista con el agente que
dirige el tránsito, pienso en la conversación que justo ayer tuve con Susana,
vecina de Río Cuarto, que me comentaba haberlo visto muchas veces caminando a
Don Juan por las calles del centro, seguramente no le pasaban desapercibidos
estos asuntos cotidianos. Dice al respecto:
Cruzó la ciudad a velocidad superior a la permitida. En una esquina
céntrica casi tuvo lugar un choque, por desatención del agente de facción. La frenada
fue tan violenta que dejó una paralela de goma quemada por la fricción en el
cemento. Mister Briggs no pudo con su genio. Asomándose increpó al vigilante:
-Dígame, ¿usted dirige el
tránsito aquí?
-Sí, señor.
-Pues entonces, sepa que lo
dirige muy mal.
-Tal vez, gano doscientos ochenta
pesos mensuales. ¿Cree usted que por ese sueldo podría dirigirlo Toscanini? ¡Siga,
siga! No escorche…
La lección del agente fue tan graciosa
que ambos, comentándola jovialmente, borraron sus resquemores. Y al convenir que nadie puede brindar un servicio superior al retribuido,
ya fuera del lindo urbano lamentaron no haberle dado una propina.
Desde aquí resaltaremos lo de
“La
lección del agente” y lo de “convenir que nadie puede brindar un servicio
superior al retribuido”.
Otra bonita estampa que
acrecienta nuestra conciencia de clase humana (la otra es una clase inhumana y
los descarriados de la nuestra eso son, descarriados); otra, decíamos, que nos
ayuda a la memoria y la paz mental:
Los peones criollos carecen de sentido jerárquico. O lo tienen poco
desarrollado. Herederos directo del gaucho, que no reconoció ninguna clase de
amos en sus correrías o aposentamientos, se avienen de mal gusto a la
autoridad.
Justiciera también la comparación entre
los jugadores de polo y los domadores de sus caballos deportivos, la búsqueda
del placer y el aplauso contra le de mal cubrir sus necesidades inmediatas. A los
míseros ingresos del jornal del peón los
ricos niegan jugando por una copa de metal fino, pero vacías, dice.
El observador de las
conciencias
Decíamos que Juan
Filloy fue un gran observador de las psiquis y sus impactos en espíritus y
conductas. Horas de silencio tuvo este Señor, me figuro, al igual que lo
imagino en otro gran poeta: Atahualpa Yupanqui. Dice por ahí en La Potra Don
Juan Filloy:
Confrontar su suerte en un abismo de
perplejidad. Solo. Solo. Solo. Y se sumió en la peor de las soledades: la del
pensamiento obseso:
(…) Mi ideal ha sido siempre un
ideal en mangas de camisa. Honesto. Práctico. Si el azar me hubiera dotado con
un cinismo de frac o de smoking, mi destino sería otro.
Dos párrafos que brindan posibilidades de reflexiones
distintas: la soledad de la mente a la deriva y la realidad de las clases
antagónicas.
¿Autodefinición?
En
un momento aparece un personaje en la novela, es un tal Filloy, después veremos
si se trata de él mismo o de quién; lo cierto es que su descripción nos llevó a
pensar en su propia persona, en la idea que tenemos formada de Él. Dice así:
Es un amigo encantador. No sufre ni hace sufrir. Se aburre, es
cierto, pero no contagia su aburrimiento. Al contrario. Dotado de una cultura
excesiva para su edad, lo disimula a maravillas, rebajándose…
También pensé en mi hijo Ramiro de once
años, un maestro al que desconozco muchas veces y no me es fácil llegar.
Lo que parece una extensa nota no es nada
con el viaje agradable del pensamiento que nos propone Juan Filloy en La Potra,
según Mempo, para el autor su mejor novela. Nos despedimos con unos versos del
Pueblo incluido en la historia.
Poema anónimo
Si está alegre
tu mente
Encontrarás la
vida
Demasiado breve.
Una sola noche
Es infinita
Para la pena.
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