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domingo, 15 de marzo de 2026
sábado, 20 de diciembre de 2025
Grima de la estrechez -un acercamiento a La Potra de Juan Filloy-
La novela La Potra -estancia Los
Capitanejos- fue concluida de escribir, según Mempo Giardinelli en el prólogo
de la edición que tengo en mano, a finales de 1967 y publicada por Paidós en
1973. Gardinelli nos dice también que Juan Filloy “se adelantó a Henry Miller y Charles Bukowsky en su
indagación a las posibilidades literarias de la coprofilia (atracción fetichista
por los excrementos) y el lenguaje descarnado”; que Filloy era barroco cuando nadie hablaba siquiera del
barroco literario latinoamericano; (nos dice al respecto la Inteligencia
Artificial en la web: El barroco latinoamericano en la
literatura se caracteriza por la fusión de culturas, el uso de un lenguaje
ornamentado y complejo, y una temática que oscila entre la religiosidad y la
crítica social. Figuras prominentes como Sor Juana Inés de la Cruz y el
Inca Garcilaso de la Vega son exponentes de este movimiento. Que
Filloy es el hombrecito de los tres siglos y de su producción prolífica con
títulos de siete letras, datos estos que siempre se colocan y no vamos a ser
menos aquí principalmente porque no todo lector los debe ya saber; es así como
cuando al referirse a esta información se consignan sus datos de nacimiento y
defunción y algunos títulos de sus casi sesenta libros: Nacimiento, 1 de agosto
de 1894, Ciudad de Córdoba. Fallecimiento: 15 de julio de 2000, Ciudad de
Córdoba, Argentina.
Libros: Aquende, Balumba, Caterva, Decio
8A, ¡Estafen!, Finesse, Gentuza, Ignitus, Karcino, L’Ambigú, Mujeres, Op Oloop,
Periplo, Sagesse, Tal cual, Urumpta, Vil & Vil, Yo, yo y yo, son algunos de
sus títulos ordenados aquí alfabéticamente. Continúa Mempo con que no es un
escritor aún reconocido y lo es más bien de culto; que Julio Cortázar lo
menciona en su (conocidísima) novela Rayuela; que era un asiduo prostibulario,
Juez en Río Cuarto, etc, etc. Y así llegamos a una afirmación que nos ha dejado
cavilando: Su obra es un infinito ejercicio de
realismo alusivo (…). Inmediatamente asociamos esto
a la categoría literaria y latinoamericana, cuyo maestro primero se la reconoce
al colombiano Gabriel García Márquez, y estoy refiriéndome al realismo mágico.
¿Será que un cordobés es el creador del realismo alusivo en literatura? No es
de sorprender ¡con la facilidad de hacer coincidir los vientos y los suspiros
que tienen estos náufragos mediterráneos! Sus ansias de pensar ¡los lleva a las
elucubraciones filosóficas dejando en segundo plano, con ello, al latir poético
de las serranías! Sin embargo, el cordobés ha leído más a García Márquez que a
Filloy; la magia es inherente también al sobreviviente de los vientos y el
naufragio; la ilusión es nuestra realidad.
La Potra
Estancia Los Capitanejos
pareciera estar manejada por una capitaneja, inglesa, rubia pudiente. La
familia se instala en la llanura pampeana cambiando churquis por corpulentos
carolinos, espinas por herrumbrosas casuarinas
y
Filloy ya empieza con su brillito de malicia en los ojos, qué quiere que le
diga. El peón que la acompaña es un Quinto Ochoa, para quienes leímos a Los
Ochoa y a Decio 8A, esta familia de criollos ya nos da esperanzas de redención.
Porque Juan Filloy a utilizado la literatura para hacer justicia allí.
Hablando de la inglesa (o de la casona
exótica en medio del monte pudiera ser) dice nuestro vate jurista:
(…) trato violento con
la quimera y la realidad.
(…) educación de los nervios, ese sacrificio
de la alegría.
El parque, al principio, fue una
irrisión. Un verdadero escarnio a la profusión talada. No se respetó más que un
algarrobo centenario. Patriarca del paisaje, entre pinos, áceres, robles,
abetos de plantación reciente, parecía un viejo criollo rodeado de gringuitos.
Así es nuestro justiciero
literario, vislumbrando siempre la lucha entre civilización y barbarie,
hipocresía racional y verdad materialista. Imperialismo y auto determinación de
los Pueblos.
Personajes relevantes
En el fundo (finca) vive ella
con su personal a saber:
(…) una
dama sesentona escocesa, que actúa como ama de llaves y secretaria; una
cocinera, metida todo el santo día en sus quehaceres; y Pierina, la mucama
medio tilinga, hija de un chacarero piamontés de la vecindad. (…) Quinto
frecuentaba su proximidad.
Que el padre vivía en Bs As
por negocios y su hermano Stanley enrolado como voluntario de su país. Un novio
-Daniel- medio argentino-inglés (como de Stanley se desprende en los diálogos
iniciales).
Otros personajes darán vida a esta novela y
la justicia estará intentando correcciones literarias al menos; es el caso de
Narváez.
De las cuatro mil
novecientas hectáreas del fundo, la explotación porcina ocupaba el potrero más
lejano. Estaba a cargo de un español enteco -Don Serafín Narváez-, burgalés
corrido por el triunfo de Franco después de haber peleado gallardamente en la
guerra civil de su patria.
O sea que el “Flaco” Narváez
¡era anarquista, pa!
Metáforas filloyanas
La metáfora es una figura retórica que
consiste en la comparación de un elemento por otro, así esa niña es una lora
por cómo habla, o aquél gobernante un jilguero porque es un tonto y jugamos con
el sufijo jil (gil) mientras él lo hace con nuestros recursos. Nuestro literato
justiciero explica en esta comparación las similitudes entre el arte de los
sentimientos en palabras y el criar puercos:
Es tan glorioso criar chanchos puros como
crear poemas impecables. El tufo del chiquero se equipara entonces en
autenticidad al del fermento lírico.
Y
Juan se ríe de todo mientras no puede parar de conocer y darlo a conocer
-a nuestro entender, sin soberbia-. Así párrafos mas arriba daba cuenta de
identificar -de nombre al menos- algunas razas de porcinos:
Atendiendo la enorme porqueriza de Poland
China, Landrace y Duroc Jercey; su empeñoso designio triunfaba ampliamente.
J. F. sabe del arte de
combinar letras y palabras -pienso en su facilidad palíndroma- y guardó
bastante bien sus sentires, aunque me lo figuro de gran empatía; esto y su
poesía porcina en esta sentencia mayor:
¡Pero quién ha sometido
al vendaval, sofrenando al rayo!
Así, nuestro empático poeta observa
emociones (Lo anterior viene a cuenta del enojo de Quinto Ochoa), sentimientos,
dolores, pero también fastuosidades y contrastes en los empobrecidos días del
trabajador:
Todo el lujo que esplende en el casco de
la estancia cae de bruces en los puestos; se enreda en su miseria y acaba
arrodillada clamando al cielo. Son los mismos cuartuchos de techo de zinc de
hace cuarenta años. Cuatro gallinas. Tres perros. Dos sauces raquíticos. Y una
sombrita circulante pegada a las paredes. Son los mismos puestos de antes,
leprosos de incuria. Esperan siempre cosas que no llegan: la limosna de unos
remiendos y el consuelo de una lechada de cal.
Quien no ha leído a Juan
Filloy ahí tiene una preciosa síntesis de su estilo sagaz, verás, y poético
también, porque si menciona que son los mismos cuartuchos de hace cuarenta años
¿es necesario repetir la idea luego de “Son los mismos puestos de antes”? claro
que sí, pues enfatiza y remarca la iniquidad graficándola con la terrible
enfermedad de los abandonados: leprosos de incuria (dejadez).
Memorioso y juguetón el Don
La Cultura Popular -así, con mayúsculas-
posee sabiduría en sus sentencias ceremoniosas o en las pícaras. Copla
gastadita es la de “De las aves que vuelan / me gusta
el chancho / porque vuela / y se asienta sobre tu rancho”. Otra variante
dice: ““De las aves que vuelan / me gusta el chancho / porque pone huevitos /
como el carancho”. Aquí Filloy incorpora varieté:
De las aves que
vuelan
me gusta el
chancho,
de los peces que
nadan
sólo el
carancho.
Y se despacha
para estupor de las Sra y Sres de alcurnia y reclusión púdica:
de las frutas de
tu granja
yo prefiero la
morcilla,
porque si como
naranja
el culo me hace
cosquilla.
No se crean que porque Filloy, o más bien
sus personajes populares, se manifiesten de esa manera están faltos de
sapiencia, veamos lo que reflexiona a renglón seguido:
“Hay que guardar los ricuerdos buenos
envueltos en silencio.”
Canción a tono
En la jarana narrativa donde tienen lugar
las coplas antes mencionadas, nuestro héroe de la Guerra Civil Española, entona
una canción que en apariencia es obra de su autor Filloy, pero que merece
nuestra especial atención, veamos:
(…) De tal modo se
cantaron seis estrofas. Seis estrofas de pasión rebelde, de resonancia
profunda, en las cuales la sangre anónima de patrias dispares se identificaba
en la misma rúbrica del pueblo. La fuerza tonal del estribillo los contagió
especialísimamente. Quedaron presos en su embrujo. Así la algarabía del final
de la fiesta se prolongó en una insistente repetición:
Con el quinto,
quinto, quinto
con el quinto
regimiento
va a pelear la
flor de España
contra el fascio
y contra el clero.
Y qué quiere que le diga, La Potra fue
publicada en el año 1973, y culminada de escribir -según consignábamos al
empezar estas líneas, en 1967. Poco antes, un gran cantor y maestro del pueblo
chileno grababa El Quinto Regimiento; me figuro que Juan Filloy conocía esa
canción; me figuro también que no sólo homenajea a los Milicianos españoles
contra el fascismo sino que homenajea al autor de la canción chilena - que fallecería
poco antes del golpe genocida al reventarse una úlcera que le causaría un paro
cardiorespiratorio- Rolando Alarcón, para quienes quieran conocer de Él. Paso a
transcribir las letras, primero la que cantó nuestro Narváez en La Potra de
Filloy, luego las de Alarcón.
Los cuatro
generales
los cuatro
generales
los cuatro
generales
mamita mía
que se han
alzado, que se han alzado
para la
nochebuena
para la
nochebuena
para la
nochebuena
mamita mía
serán ahorcados
serán ahorcados.
Con las bombas
que tiran
con las bombas
que tiran
con las bombas
que tiran
mamita mía
de sus aviones,
de sus aviones
hacen los
madrileños
hacen los
madrileños
hacen los
madrileños,
mamita mía
tirabuzones
tirabuzones.
-cantada por
Narváez-
Los cuatro
generales
Los cuatro
generales,
los cuatro
generales,
los cuatro
generales
mamita mía, que
se han alzado,
que se han
alzado.
Para la
nochebuena,
por la
nochebuena,
por la
nochebuena,
mamita mía,
serán ahorcados,
serán ahorcados.
Madrid, qué bien
resistes,
Madrid, qué bien
resistes,
Madrid, qué bien
resistes,
Madrid, qué
mamita mía, los
bombardeos,
los bombardeos.
De las bombas se
ríen,
de las bombas se
ríen,
de las bombas se
ríen
mamita mía, los
madrileños,
los madrileños.
Por la Casa de
Campo,
por la Casa de
Campo,
por la Casa de
Campo
mamita mía, y el
Manzanares,
y el Manzanares,
quieren pasar
los moros,
quieren pasar
los moros,
quieren pasar
los moros,
mamita mía, no
pasa nadie,
no pasa nadie.
La Casa de
Velázquez,
la Casa de
Velázquez,
la Casa de
Velazquez,
mamita mía, se
cae ardiendo,
se cae ardiendo
con la quinta
columna,
con la quinta
columna,
con la quinta
columna,
mamita mía,
metida adentro,
metida adentro.
-Rolando Alarcón-
Quinto
Regimiento
El 18 de julio
en el patio de
un convento
el pueblo
madrileño
fundó el quinto
regimiento
anda jaleo,
jaleo
ya se acabó el alboroto
y vamos, al
tiroteo…
Con Lister y
campesino
con Galán y con Modesto
con el
comandante Carlos
no hay miliciano
con miedo
anda jaleo,
jaleo
ya se acabó el
alboroto
y vamos, al
tiroteo…
Con los cuatro
batallones
que a Madrid
están defendiendo
se va lo mejor
de España
la flor más roja
del pueblo
anda jaleo,
jaleo
ya se acabó el
alboroto
y vamos, al
tiroteo…
Con el quinto,
quinto, quinto
con el quinto
regimiento
madre, yo me voy
al frente
para las líneas
de fuego
anda jaleo,
jaleo
ya se acabó el alboroto
y vamos, al
tiroteo
y vamos, al
tiroteo
Cantada por
Rolando Alarcón
Con lo dicho aquí queremos dejar en claro
los motivos que nos llevan a gozar de Juan Filloy el cordobés de barrio Gral
Paz, calle Catamarca esquina Ovidio Lagos a una cuadra de la Plaza Alberdi y
dos de la Biblioteca Popular Vélez Sarfield. ¡Qué quiere que le diga y cómo!
El inglish y franchute en
Filloy
Entre los conocimientos de
este genial erudito pícaro está el del idioma inglés; cabe destacar que
nosotros nada sabemos del mismo y hoy por hoy nada nos interesa la lengua de Shakespeare
aunque sí su poesía y dramas; pero suponemos que don Filloy poesía un dominio
vocabulario anglosajón y francés, así abundan entre we are engaged (nosotros
estamos comprometidos), correctos sprinters (velocistas), boudoir (tocador), robe
(túnica), birth control (control de natalidad), herd book (libro
genealógico), pur sang (pura sangre), drambui (licor escocés), roastbeef (Buey
asado, es un corte vacuno con lo que, desprendemos, no sólo maneja el idioma imperialista sino su
cultura culinaria)
Sentencias filloyanas
Juan Filloy entre descripciones de
situaciones vividas o sicológicas, (Filloy es un gran observador de las
pasiones humanas -por ejemplo cuando narra: allá estaba
Quinto, polo de ansias en perpetua vigilia- o
-Cabizbajo,
Quinto caminaba a la deriva de su odio-), de personajes o lugares, arriesga
con acertada puntería pequeñas oraciones que se convierten en sentencias con
las cuales se tendría que armar un refranero filloyano, veamos algunas:
-Es propia del amor la
desmesura.
-La fruición del pecado
es más fuerte que el deber.
-Sólo examinan sus
remordimientos los que fracasan en la vida.
-Las grandes decisiones
pertenecen a los seres inseguros.
- (…) la tradición
milenaria del amor.
-La opulencia gusta
disimular sus taras imitando al trabajo.
-La felicidad no se
compra al contado sino a plazos, en cuotas de sangre y llanto…
- ¡A veces el murciélago
comprende el romance de la mariposa!
-El giro favorable de las cosas entontece a
los hombres. Sobre todo a quienes, retirados de los embate de la lucha diaria,
se amanceban en el bienestar.
- (…) la fórmula de la
vida feliz que nos endilga a menudo… Comer la mitad; dormir el doble; beber el
triple; reír el cuádruple…
-Los misterios se
aclaran solo o no se explican nunca.
- (…) las víctimas
tienen siempre el premio sublime de la comprensión de la gente.
-De las grandes
carencias emergen los desbordes.
-Las turbulencias del
espíritu irritan más que las del temperamento.
-Las ideas son exactamente
los gases del espíritu.
-El fracaso forja a
todos los moralistas.
-El amante se
identifica en la efusión; el amigo se explaya en el diálogo. Allí hay deliquio,
aquí conversación…
-Nadie sueña que es
loco.
-(…) en la tragedia no
se llora, ni el dolor emerge en lágrimas como en el drama. El dolor medita. Se hace
filósofo. Y filosofando escarmienta y se depura.
- (…) eternidad, que es
tiempo sin historia.
-La pasión no tiene
mañana.
Picardía en el refranero
Cuando de refranes se trata (y picardía)
no puedo dejar de pensar en ese gran escritor argentino Roberto Payró al que
aún le debemos nuestras líneas, tiempo y esfuerzo. Aquí Filloy nos divierte con
apodos y sus por qué:
-Zaranda (le dicen). Fijesé cómo
camina. Camina blandito, balanceandosé lo mesmo qui´un cernidor.
-Carqueja: (tipo amargo) -Di`hay
el apelativo: Cara e`queja.
-Un velorio qui´haga decir a la
gente: ¡Puta qu`estuvo linda la muerte de Don Primo!
Paz panteísta
Juan Filloy conoce de estados
de tranquilidad. Hasta diera la impresión por su prolífica producción literaria
que cultivó como método la calma. Veamos una descripción donde da cuenta de
saber de lo que habla en calidad de paz y comunión con su medio natural:
En el paisano hay un ajusta carnal y
afectivo con el paisaje. La llanura le ha ensañado a ganar la lejanía de sí mismo,
ensimismándose en gloriosas lontananzas, no en la podredumbre vecina de sus
pasiones. Aún de día su pensamiento es silencioso y nocturno. No se mortifica. Sabe
esperar. Y en su voluntad sin fisuras, le basta oír cómo crece el pasto y cómo
muge la vaca para saber que está cerca de Dios en la distancia que separa a los
hombres.
También en otro
pasaje vislumbramos su método de vivir sin tropiezos innecesarios:
Por decantación espiritual de la edad, Mister Briggs se había transformado
en un hombre sereno. Sus sesenta y cinco años eludían todo motivo de enojo.
Empatía trabajadora
Cuando uno afirma que Filloy
es uno de los nuestros se mete en un asunto que puede acarrearle fuertes y
frecuentes dolores de cabeza, no tanto por desentendidos con los “otros” sino
con los “nuestros” propios. Veamos: hemos dicho que a la realidad de los inflados
y presuntuosos patrones le opone la cotidianidad de los peones; ya en Vil &
Vil, su genial novela militar, contraponía los intereses del alucinado General
con el del Conscripto. Pues bien, aquí, ahora, en un claro pasaje ilustrativo
de la realidad pueblerina de la pequeña ciudad del interior de país, nuestro
observador cruza a un apresurado y prepotente automovilista con el agente que
dirige el tránsito, pienso en la conversación que justo ayer tuve con Susana,
vecina de Río Cuarto, que me comentaba haberlo visto muchas veces caminando a
Don Juan por las calles del centro, seguramente no le pasaban desapercibidos
estos asuntos cotidianos. Dice al respecto:
Cruzó la ciudad a velocidad superior a la permitida. En una esquina
céntrica casi tuvo lugar un choque, por desatención del agente de facción. La frenada
fue tan violenta que dejó una paralela de goma quemada por la fricción en el
cemento. Mister Briggs no pudo con su genio. Asomándose increpó al vigilante:
-Dígame, ¿usted dirige el
tránsito aquí?
-Sí, señor.
-Pues entonces, sepa que lo
dirige muy mal.
-Tal vez, gano doscientos ochenta
pesos mensuales. ¿Cree usted que por ese sueldo podría dirigirlo Toscanini? ¡Siga,
siga! No escorche…
La lección del agente fue tan graciosa
que ambos, comentándola jovialmente, borraron sus resquemores. Y al convenir que nadie puede brindar un servicio superior al retribuido,
ya fuera del lindo urbano lamentaron no haberle dado una propina.
Desde aquí resaltaremos lo de
“La
lección del agente” y lo de “convenir que nadie puede brindar un servicio
superior al retribuido”.
Otra bonita estampa que
acrecienta nuestra conciencia de clase humana (la otra es una clase inhumana y
los descarriados de la nuestra eso son, descarriados); otra, decíamos, que nos
ayuda a la memoria y la paz mental:
Los peones criollos carecen de sentido jerárquico. O lo tienen poco
desarrollado. Herederos directo del gaucho, que no reconoció ninguna clase de
amos en sus correrías o aposentamientos, se avienen de mal gusto a la
autoridad.
Justiciera también la comparación entre
los jugadores de polo y los domadores de sus caballos deportivos, la búsqueda
del placer y el aplauso contra le de mal cubrir sus necesidades inmediatas. A los
míseros ingresos del jornal del peón los
ricos niegan jugando por una copa de metal fino, pero vacías, dice.
El observador de las
conciencias
Decíamos que Juan
Filloy fue un gran observador de las psiquis y sus impactos en espíritus y
conductas. Horas de silencio tuvo este Señor, me figuro, al igual que lo
imagino en otro gran poeta: Atahualpa Yupanqui. Dice por ahí en La Potra Don
Juan Filloy:
Confrontar su suerte en un abismo de
perplejidad. Solo. Solo. Solo. Y se sumió en la peor de las soledades: la del
pensamiento obseso:
(…) Mi ideal ha sido siempre un
ideal en mangas de camisa. Honesto. Práctico. Si el azar me hubiera dotado con
un cinismo de frac o de smoking, mi destino sería otro.
Dos párrafos que brindan posibilidades de reflexiones
distintas: la soledad de la mente a la deriva y la realidad de las clases
antagónicas.
¿Autodefinición?
En
un momento aparece un personaje en la novela, es un tal Filloy, después veremos
si se trata de él mismo o de quién; lo cierto es que su descripción nos llevó a
pensar en su propia persona, en la idea que tenemos formada de Él. Dice así:
Es un amigo encantador. No sufre ni hace sufrir. Se aburre, es
cierto, pero no contagia su aburrimiento. Al contrario. Dotado de una cultura
excesiva para su edad, lo disimula a maravillas, rebajándose…
También pensé en mi hijo Ramiro de once
años, un maestro al que desconozco muchas veces y no me es fácil llegar.
Lo que parece una extensa nota no es nada
con el viaje agradable del pensamiento que nos propone Juan Filloy en La Potra,
según Mempo, para el autor su mejor novela. Nos despedimos con unos versos del
Pueblo incluido en la historia.
Poema anónimo
Si está alegre
tu mente
Encontrarás la
vida
Demasiado breve.
Una sola noche
Es infinita
Para la pena.
miércoles, 17 de diciembre de 2025
Tu claridad nos ilumina- Sobre: La Claridad da Miedo -1984- de
JorgeVocosLescano-
Volver a Jorge Vocos Lescano es sosiego.
Cuando la bruma abruma la claridad claramente calma. El
juego con la aliteración tiene un por qué y lo veremos más adelante. Pero
decíamos que volver a Vocos es descanso, veamos:
“Volver / con la frente marchita” nos dice el poeta, nos canta el Zorzal. Y con Vocos sucede que cansado de tanto andar con la frente marchita volvemos a Él. (Aunque también lo hacemos cuando -con el pecho agrandado- no damos más de dicha y agradecimiento y expandimos más amor ensanchando el universo unos milímetros al menos. “Forzar unos metros más de universo” no propone otro poeta: Emilio Cuitiño). Pero decíamos que así, con la morsa que oprime tortuosamente el pecho, queremos culminar lecturas y no podemos, realmente no podemos; queremos avanzar hasta el final y cada arrastrarse sufriente es una agonía aumentada por el contenido y van quedando postpuestas la biografía sobre el querido Miguel Abuelo, los recuerdos sobre la amada Edith Vera, la selección de versos del ángel Federico García Lorca o el comienzo del ansiado Jorge Money.
¿Y cómo es que JVL es tan calmo que
contagia su paz? Sencillamente porque se codea con las cosas tiernas que no
tienen fin, como el diálogo de Dios y el arroyo, la claridad de las sierras o
la eternidad de la que es parte.
El presente libro comienza con una sección
titulada “Canciones” y está dedicada a Río Ceballos “Otra vez”, nos dice. Y
allí nos versea con que volvió para ser, para el encuentro con esa esencia,
decimos, de la que necesita la comunión, para escuchar, como decíamos, el
diálogo entre el Dios y el arroyo, para ser testigo de la claridad serrana (y
su gente), para verse envuelto en la eternidad de la qué es parte.
VIENE a ser, es
como si uno aquí viniera
como traído de un brazo,
sin control ya de los pies.
Y viene por el sol, la sierra y el paso
del río. Uno no puede más que, conociendo el lugar, recordar el puente amarillo
que lleva el nombre del vate y que debe abre pasado, cruzado, traspasado,
transitado, detenido, pensado, habitado tantas y tantas veces dejando la puerta
de su casa abierta pues salió apenas unos segundos y ya se le han hecho años…
¿CRUZAR el puente es cruzar
puertas y puertas y puertas
abiertas de par en par.
…el hilo cristalino que vive por debajo
del puente uno imagina y lo vislumbra a Él son sus manos en los bolsillos dando
lentos y eternos pasos a unos metros de la pasarela donde tenía su casa de
descanso según me han comentado. Río Ceballos: el mejor pueblo del mundo:
el sencillo y profundo
modo con que esta gente el tiempo emplea
para que el pueblo sea
tal cual el corazón lo ve y desea:
de todos, el mejor pueblo del mundo.
Vocos Lescano de antemano humano con rimas
y centellas aliteraciones bellas. En el
primer párrafo lo anunciábamos cuando afirmamos que: “Cuando la bruma abruma la
claridad claramente calma. El juego con la aliteración tiene un por qué y lo
veremos más adelante”. Veamos: Aliteración, forma retórica con repetición de
sonidos en un verso u oración con fines expresivos. JVL utiliza esta
posibilidad con oportuna frecuencia y distinción:
-VIENE a ser, es
como si uno aquí viniera
(Con la palabra venir)
-trenzado en cuerda, hecho un lazo
que lo enlazara y después
(Con lazo)
-que todo junto en un abrazo
que abrazando de una vez
-casi como un desafío
que a jugar más desafiara.
Y así en muchísimas ocasiones más. La
aliteración es un recurso constante en JVL.
En el tercer párrafo de estas notas
decíamos también sobre el diálogo de Dios y el río que notara Vocos; no
queremos abandonar estás torpes intenciones de rescatar al lírico del puente y
el aroma a pan casero sin recorrer el mentado diálogo sagrado:
DICEN que hasta la corriente
del río-temblor de estrella-
suele bajarse de repente
Dios para mirarse en ella.
Dicen que entonces -doncella
del mirar de Dios pendiente-
destella el agua y destella
por demostrar lo que siente.
Dicen que a su vez -sonriente
de ver cómo se atropella
de ola en ola el agua aquella-
Dios la mira largamente.
Dios y el agua frente a frente,
se están en dulce querella,
de la que hay ecos y huella
-dicen- por todo el ambiente.
De la que toda la gente,
de su sencillez sin mella,
dicen que cumplidamente
sabe y habla y firma y sella.
Dios que mira a la corriente
y a Dios -dicen- mirando ella.
El, como nunca presente.
Y ella, más que nunca bella.
Martín Avalos
La Granja, 17 de diciembre de 2025
viernes, 24 de octubre de 2025
Pablo Reyna -un
Poeta haciendo Historia y el renacer de la esperanza-.
Cuando a la ciencia Historia la llevan
adelante los narrativos de la objetividad presenciamos cierto orden que imprime
aún más caos a las desparejidades que se vienen sosteniendo en estos primeros
años de este siglo XXI y del pasado XX y del XIX y así 500 años atrás, y 2000
más y antes incluso. La historia de la humanidad más que la historia de la
lucha de clases que mencionara Marx pareciera ser la de profundización de la
estupidez, la sinrazón y el sufrimiento de todos: oprimidos y opresores.
Desde esta óptica que aquí se tiene de lo institucional
y discursivo con gobiernos de odio y oposiciones poco empáticas surgen voces
(siempre las hay), pocas, miles, por millares, que hablan de su angustias
materiales y existenciales, padecimientos de injusticias simbólicas, físicas,
educativas, culturales, económicas, espirituales (y tantas otras habrá que en
este preciso momento no me vienen al pensamiento). Entre estas voces emerge de
del historiador Pablo Sebastián Reyna, Comechingón, Poeta.
Leyendo su trabajo Entre renaceres,
autovías y títulos comunitarios de tierras, una aproximación a la Historia
Indígena de Cosquín (1573-2023) Editorial Universitaria. Cba, 2023, surgen
estás líneas de agradecimiento y divulgación del libro de Reyna entendiendo que
las palabras que buscan luz deben compartirse. En este caso el material de P.R.
hecha luz y difundirlo, convidarlo son actos amorosos que nos alimentan.
Decíamos en el primer párrafo que P.R. es
por sobre todas las cosas, Poeta; y cuando un Poeta escribe Historia y Ensayo
su lectura se convierte en doblemente hermosa; sus ideas, sentires, expresadas
en sus oraciones, son verdaderas prosas resplandecientes que elevan nuestra
cotidianidad. Así, tenemos en Córdoba ejemplos como Julio Requena prosando
sobre el multifacético Leonardo Da Vinci, Aldo Parfeniuk sobre el editor
Alberto Burnichón desaparecido por la última dictadura militar argentina, Jorge
Torres Roggero sobre el texto religioso de Manuel Lacunza: Últimas noticias
sobre el anticristo. Córdoba y su multitud de filósofos poetas, náufragos de un
territorio mediterráneo acuden a nosotros con una tabla para evitar nuestro
hundimiento:
noble madero de todos
mis naufragios.
¡Eso eres, Poesía!
Nos recuerda otra Cordobesa:
Beatriz Ceballos Freites, poeta.
El libro
El libro de Reyna contiene
ocho capítulos, un prólogo y un anexo. Imperdibles todos. Para fundamentar
nuestra afirmación de lo del poeta haciendo Historia, o sea, sobre el estilo de
P.S.R, Comechingón y Poeta, nada mejor que algunas citas del mismo autor;
veamos:
Capítulo 1: Historia o
Historia Indígena. Nuestro Camiare (Comechingón) afirma que
“Se ha construido histórica,
antropológica, pedagógica, política, y socialmente la idea de que “la historia
indígena” entra en su ocaso cuando comienza la conquista y colonización de lo
que hoy conocemos como América”.
Pareciera que sí, que es más sencillo y defender
los intereses imperantes que oponerse a ellos: ser rebelde cuesta vida. Para el
vencedor desaparecer todo rastro del vencido forma parte de la victoria
definitiva; por otro lado, para el oprimido, agachar la cabeza suele suponer
supervivencia, a costa de humillaciones, sin contar que uno puede ser elegido
pro el poder y su administración para convertirse en su alcahuete. Este asunto
propio de la humanidad no se remonta solamente a los pueblos preexistentes de
este continente y al invasor europeo; esta dinámica espiritual prevalece hoy en
cualquier escuela primaria o iglesia de nuestras serranías cordobesas.
Pero nuestro autor no queda imparcial
frente a tal “negligencia” de olvido, no. Manifiesta él:
Desde esta perspectiva teleológica, la
“historia criolla” o “nacional”, aquella del estado moderno, comienza en 1810
con el proceso iniciado por la revolución de mayo, contando con nula o escasa
presencia originaria. Y si tenemos la suerte de aparecer, desde ese periodo en
adelante, nuestra presencia irrumpe desconectada de los acontecimientos
considerados como más relevantes, como eventualidad o curiosidad romántica, de
manera esporádica o fugaz, siempre en términos exóticos y en tanto un “otro”
muy ajeno, pasivo y receptor de políticas paternalistas o punitivas, o en torno
a fronteras peligrosas que prontamente dejarán paso a la “historia de la
civilización”
Y acá es cuando vemos que toma posición,
identidad y desde ese lugar de autodefinición emprende su defensa que no va a
ser individual sino colectiva de todo un Pueblo y su Territorio como lugar de
desarrollo cultural y sagrado de su gente que veamos cuál es en toda su
amplitud:
Parafraseando al antropólogo Diego
Escolar (2021), los indígenas de Cosquín, como todos los que ocupaban el actual
espacio argentino, han aparecido, entonces, ligados y siendo miembros activos
de la “historia criolla” o “nacional”, aunque, la mayoría de las veces, no
nombrados como tales (p. 27). Gauchos, criollos, montoneros, nativos, serranos,
cabecitas negras, pobres, migrantes internos, bandoleros, tejedoras, peones,
lavanderas, villeros, trabajadoras y negros de mierda han sido algunas de las
lúcidas nominaciones, siempre peyorativas, formuladas por los sectores
dominantes, para ocultar una presencia, innegable, desde 1810.
Y va a rematar este primer capítulo
dejando bien en claro el objetivo de su trabajo autoral y desde dónde lo
produce:
Esta historia indígena de Cosquín tiene
la intención de resarcir y equilibrar un poco, al menos, la balanza que sopesa
los relatos sobre el pasado cordobés. Escrita por un miembro del pueblo camiare
o comechingón, adolece de imparcialidad. (…) Con algunas la gunas y baches
temporales, un firme posicionamiento ético-político-historiográfico y
(seguramente) ausencias en cuanto a personas y acontecimientos, esta es una
primera aproximación a ese pasado-presente coscoíno, a 450 años del primer
intento de expropiación territorial sufrido por la población local.
Capítulo 2: Por qué y desde
dónde, escribimos esta historia
El segundo capítulo da cuenta de:
Los últimos meses de 2022 la Comunidad
Indígena de Las Tunas (también llamada Comunidad Indígena de Cosquín), perteneciente
al pueblo camiare (comechingón), estaba litigando, una vez más, en defensa de
su territorio. El avance de la denominada “Autovía de Punilla” ponía en riesgo
no sólo las tierras, los lugares sagrados6, la mantención de una economía
basada en la cría de animales y la recolección de frutos y plantas medicinales,
sino también diversas memorias y una historia muy rica en relación al
pasado-presente originario.
Continúa con el registro de la
presentación fallida que fue el 16 de diciembre de 2022 en los tribunales de
Cosquín, allí pretendían entregar por escrito una nota, pero…
Lamentable y casualmente, ese día, los
Tribunales amanecieron con sus puertas principales cerradas y custodiadas por
personal policial, por lo que la actividad se realizó en la vereda de una
institución pública que supuestamente es de acceso abierto a toda la
ciudadanía.
Con puertas cerradas la comunidad igualmente
realizó un acto dando muestras de organización ciudadana. Esta acción de lucha
colectiva (Pablo es un colectivista), sumada a charlas previas que él menciona
(…) ya desde la “Primera Caminata…*” del año
anterior veníamos pensando en conjunto con Jesús Díaz, uno de los comuneros de
Las Tunas, la posibilidad de concretar una investigación histórica en torno a
las familias indígenas de Cosquín.
Me encanta imaginarlo a
nuestro Poeta Camiare caminando las calles con sus cumpas imaginando grandes
acciones reivindicativas que siempre son luminosas, así, pasito a pasito por el
asfalto muerto que es cuando pareciera cobrar algo de su antigua vida de piedra
montaraz.
*Se refiere a la “Primera
Caminata de los Pueblos Indígenas de Córdoba”. Ver más en https://latinta.com.ar/2021/09/pueblos-originarios-cordoba-colonial
La nota que pretendían entregar en mano
correspondía a la solicitud de una Audiencia Pública por el juicio de
expropiación contra la Comunidad Indígena por parte de la empresa Caminos de Las
Sierras para la cosntrución de la llamada “Autovía de Punilla”.
En cuanto al armado de la presente
investigación que hoy es este libro P.Reyna sostiene que
Sin embargo,(…) , estaba atravesado, desde
el inicio, por una certeza: la reconstrucción de esta historia no partía de un
capricho individual. Por el contrario, era una historia “por demanda” de un
colectivo conforma do no sólo por la Comunidad Indígena de Cosquín, sino por
quienes estábamos acompañando las decisiones de los comuneros.
Y cierra el capítulo diciendo
(y perdón que sea tan extenso en las citas, pero leerlo a él es lo mejor que
nos puede pasar a los interesados aquí reunidos.
Pero
una cuestión más quisiera resaltar antes de avanzar sobre lo que nos reúne:
grata, y fortuitamente, contaba con algo no menor, y que generalmente ha sido
menospreciado por generaciones anteriores de historiadores: los múltiples
testimonios y memorias de las familias indígenas actuales de Cosquín. Y sin
dudas, esto último hacía que el pasado no pareciera tan lejano, frío y
distante, como suele suceder aun para quienes “trabajamos” cotidianamente con
él. Sentía, de alguna manera, –en realidad es una constante cuando investigo
sobre lo indígena en Córdoba– que la contemporaneidad coscoína estaba más que
nunca (y, en este caso, bastante evidentemente) nutrida de fenómenos históricos
de distintas intensidades y duraciones que, contradictoria o
complementariamente, se arremolinaban a cada paso que daba. Un huayramuyoj*
que conjugaba pasa do-presente-futuro, apellidos de familias y estrategias
políticas, reafirmaciones y ocultamientos identitarios, paisajes, des montes y
despojos, esperanzas y miedos contenidos por años. Eso es lo que es esta breve
historia indígena de Cosquín. Que surgió por necesidad y demanda colectiva y
con la intención de suturar tres horizontes históricos (que en el próximo
capítulo explicaré), para comprender el presente y soñar un futuro otro en la
localidad serrana
Capítulo 3: Cosquín y sus
horizontes históricos
En las tierras bautizadas
como “La Punilla” (nos dice Reyna) por los ibéricos, se
encontraban varios pueblos camiare o serranos al momento de la invasión
extranjera del siglo XVI: Quisquisacate o Quisqui henen (que se localizaba en
gran parte bajo el actual lago San Roque), Tohahen (desde Santa María de
Punilla a Bialet Massé, al sur del actual Cosquín), Tininpalas (hoy Huerta
Grande), Camincosquin (hoy Valle Hermoso), Escobasacat (hoy Es cobas y
Charbonier en la parte norte), Sequesjaque (también hacia el norte del valle),
Olahen y Ayampitin (hacía el poniente), Yacaysacat y Calachasat (hoy Cosquín), entre
* Remolino, en quechua.
(Nota de P.R.)
otros tantos que podemos
consultar en el mapa que Aníbal Montes confeccionó para su famoso Nomenclador
cordobense de toponimia autóctona, de 1951.
Esas tierras,
habitadas continuamente desde hacía milenios, a su vez, estaban atravesadas por
ríos y arroyos, quebradas y cerros; algunos ya desaparecidos, sea por la
urbanización moderna y el desvío de cursos de agua, sea por el desmonte y la
voladura de algunas lomas en búsqueda de minerales.
Sin embargo, y a pesar de las
transformaciones abruptas sufridas (sobre todo de los últimos 150 años), el
territorio aun invita, si nos predisponemos a ello, a
sumergirnos en atávicos paisajes que remiten a un horizonte antiguo y
milenario, evidente, por ejemplo, en cada piedra, pirca, conjunto de morteros o
simplemente perceptible en el hálito inmemorial del viento que cruza
ancestralmente el valle de Camincosquin.
Es en estás invitaciones y en
su forma de decirlo donde el Pequeño Poeta caminante de asfaltos que luchan nos
convence, veamos: habla de que esas tierras, habitadas continuamente
desde hacía milenios, a su vez, estaban atravesadas por ríos y arroyos,
quebradas y cerros. Dice que estaban atravesadas, pero
tranquilamente uno lee habitadas; y así lo hace porque el interlocutor nos lo
va sugiriendo con su embrujo.
Habla de un territorio que aún invita a
sumergirnos en atávicos paisajes que remiten a un horizonte antiguo y
milenario, evidente, por ejemplo, en cada piedra, pirca, conjunto de morteros o
simplemente perceptible en el hálito inmemorial del
viento que cruza ancestralmente el valle de Camincosquin.
Mirar, percibir, sentir cada piedra como
milenaria; observar el paisaje como algo antiguo, diría que es un don de poetas;
o bien perceptible
en el hálito inmemorial del viento que cruza
ancestralmente el valle de Camincosquin. El hálito inmemorial del viento… el
hálito inmemorial del viento que cruza ancestralmente el valle de Camincosquin.
Que cruza ancestralmente… Hálito inmemorial… fa!
Capítulo 4: Las familias
indígenas de Cosquín: registro, derechos sobre el territorio y dinámica
poblacional
La imposición identitaria
mediante la evangelización
Así comienza titulando nuestro
historiador los párrafos que siguen, para agregar en el segundo:
Pero, para comprender cabalmente cómo se
estructuró esta “política del olvido”, debemos revisar algunos cónclaves
religiosos cuya función era dirigir, administrar y ordenar la vida en las
colonias. Así, durante el Concilio de Trento (celebrado entre 1545 y 1563) se
“obligó” a que los indígenas adopten “el nombre de un santo de la Iglesia (…)
Con este obligado olvido
fuimos perdiendo nuestros nombres, por ejemplo. Con este obligado olvido nos
fueron amputando el idioma. Con este obligado olvido nos fueron callando,
matando.
Y fue peor aún:
No obstante, el proceso de desarticulación
de los pueblos indígenas serranos, iniciado luego de la fundación de Córdoba,
se consolidó no sólo mediante esa política de encarcelamiento identitario, sino
a partir de la entrega de encomiendas a diferentes invasores ibéricos; (…)
Al obligado olvido siguió el destierro, el
abandono de nuestro territorio, de nuestras familias, de nuestros afectos, de
nuestras alegrías. Al obligado olvido siguió más obligado olvido, hasta
olvidarnos por completo. Pero años después aparece el Pequeñín Poeta lleno de
esperanzas (Memoria) y nos invita a volver a creer. Es difícil y da miedo, pero
él, ellos, ahí están.
Capítulo 5: Las acciones
políticas de los comuneros en Cosquín frente a la tormenta moderna
Los Comuneros de Las Tunas compran sus
propias tierras en 1817. Luego serían expropiados por Julio Argentino Roca. Una
cita a pie de página nos sirve para definir los discursos de poder destructivo:
No es menor, entonces, intentar
desnaturalizar miradas y legalidades, asentadas por la cultura escrita, que
parecieran inobjetables, inocentes, honradas, neutrales y objetivas. Al decir
de Rivera Cusicanqui (2010), “hay en el colonialismo una función muy peculiar
para las palabras: ellas no designan, sino que encubren.” ( p. 6)*
Capítulo 6: “Lo indígena” y
los indígenas en la contemporaneidad coscoína
(…) en un siglo como el
XX, que se caracterizó (como su antecesor), más que por celebrar la diversidad,
por intentar homogeneizarla bajo la creación de esa comunidad imaginada que es
la nación.
Sobre esta necesidad de homogenización nacional
por la burocracia administrativa que nos gobernaba (y gobierna) basta recordar
el aluvión anarquista que pobló esta Argentina “Crisol de Razas” a finales del
siglo XIX y comienzos del XX y la necesidad de argentinizar con un Centenario
patrio. Un Estado fuerte que se impone con sus rutinas administrativas donde lo
escolar juega un papel vital en tal funcionamiento: el docente puede ser una
pieza clave del cambio; el docente sindicalizado que lucha parece haberlo
comprendido así. Pero sigamos desandando
el libro, aunque sea de manera sintética.
*RIVERA CUSICANQUI, S.
(2010). Ch’ixinakax utxiwa. Una reflexión sobre prácticas y discursos
descolonizadores. Ed. Tinta Limón.
Capítulo 7: La agonía
civilizatoria del “progreso” y el renacer camiare en Cosquín
El “progreso” contra los
sitios sagrados Como dijimos con anterioridad, en este y en otro trabajo (Reyna,
2022) *, los sitios sagrados son aquellos espacios particular mente
importantes, que han sido sacralizados por sus características históricas,
espirituales y afectivas. Pueden referirse a enterratorios o antigales,
corrales y viviendas antiguas, a un conjunto de morteros o a un espacio con
árboles ancianos, o a lugares a donde se desarrollaron acontecimientos
significativos para las familias indígenas (batallas, acuerdos, muertes, nacimientos,
etc.), por poner sólo algunos ejemplos.
Sin dudas, la autovía genera también
consecuencias irreparables e irremediables en este sentido, pues ya se han dado
casos de destrucción de conjuntos de morteros, tala de árboles, desarmado de
pircas, profanación de tumbas, etc., lo que en muchos casos supone la
imposibilidad de la reconstrucción o la vuelta a cero de esas situaciones. En
referencia al descanso de los muertos, Jesús Díaz decía: “en nuestras tierras
están enterrados nuestros antepasados”.
*REYNA, P. (2022). El
territorio es memoria, y la memoria es territorio”. Reflexiones y diálogos
camiare sobre recuerdos, espacios e Identidades Indígenas. Intersticios de la
política y la cultura. Intervenciones latinoameri canas, vol. 11, no 22, 9-42. https://revistas.unc.edu.ar/index.php/intersti
cios/article/view/37669
Es en este sentido que es posible pensar
que las memorias, sentidos, significaciones y afectividades indígenas –que
podríamos pensar que construyen contrapaisajes, paisajes otros o paisajes
originarios– también son atropelladas por los proyectos modernizantes como los
de la autovía. De esta manera, según las familias indígenas, estos proyectos
“sacan el silencio”, valorado como posibilidad de introspección y tranquilidad.
Y, paralelamente, quitan “la vista, que de acá es hermosa”.
Esas apreciaciones y valoraciones dan
cuenta, entonces, de un contrapaisaje que, como insinuábamos, no ha tenido la
posibilidad de ser dimensionado como tal.
Paisaje originario, constituido por
silencios, vistas, afectividades, sí, pero no desvinculados de la sacralidad de
ciertas espacialidades, de las memorias ancladas territorialmente, de los
olores de los animales y las plantas medicinales, de los sonidos del viento
acariciando las piedras altas de las lomas y el follaje de árboles nativos.
Es ahí cuando la Comunión con la palabra
de Reyna y los suyos se hace una en mi pecho, dejo la lectura, agarro la caja
coplera o simplemente las manos, y danzando por el espacio de la casa elevo mi
canto al de mis hermanos:
Soy un muertito que no
descansa
en la Canchira de
Cosquín
Soy un muertito que ha
venido
que ha venido pa decir.
Soy un muertito que no
descansa
en la Canchira de
Cosquín
Soy un muertito que ha
venido
que ha venido pa decir.
Se han profanado las
tumbas
antigales de mi sentir
antiguos Campos Santos
y me han sacado de
allí.
Soy un muertito que no
descansa
y que volvió pa decir.
Soy un muertito que no
descansa
y que volvió pa decir.
Capítulo 8: Epílogo: El esperanzador florecer
de Tunun
La esperanza anda en
el aire, como una copla.
La esperanza vuela
por las mañanas,
se hace poncho en el
hombre,
y travesura en los
changos,
y se hace retoño, en
el duraznito de la loma,
y retoza, largamente,
cuando balan las ovejas camino de la represa.
Todo aquello que
tiene el tono pardo del abandono y del olvido,
hace de la esperanza,
la suprema dicha…
Atahualpa Yupanki
(Músico, compositor y
poeta)
Así da comienzo al final: con versos del
memorioso cual roca Atahualpa Yupanqui, el cantor de las sendas, el decidor de
silencios; tan cordobés como el Cerro “de piegras pintadas”.
Pero empecemos hablando de “Progreso”
El “progreso” hoy es la autovía.
La rosarina Mariana Caserio, legisladora
del departamento de Punilla por Hacemos por Córdoba, sentencia: “Nadie se puede
oponer al progreso que significa esta obra”.
Oponerse a ella representa, para los
canallas e insensibles, “ser quedados”. Aunque esta forma de pensar y de
calificar a los otros no es novedosa. Complementando la idea de Case rio, Ramón
J. Cárcano (siendo ministro de gobierno de Córdoba a fines del siglo XIX), al
referirse a las comunidades indígenas de aquel tiempo, dijo que eran “estanques
de barbarie en medio de la población civilizada” (Cárcano, citado en Reyna,
2020, p. 231)*. ¿Se lo espetaba acaso a las comunidades de ayer o las del siglo
XXI que nos oponemos a una autovía sin el paso legal de la consulta libre,
previa e informada que prevé la ley nacional 24.071? Ya Karl Marx, en otro
tiempo, para otra geografía, había vaticinado que “la historia ocurre dos
veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable
farsa”.
Y así, con historia, la
verdadera, la que contrapone voces (si no ¡qué historia es esta que la cuentan
los que ganan! ¿Ganan realmente quienes destruyen el medio? ¿De qué
inteligencia me hablan? Faltos de amor, eso son.) Pero dejemos que nuestro pequeñin,
el gran poeta se despida:
* REYNA, P. (2020). Crónica
de un renacer anunciado. Expropiación de tierras, procesos de invisibilización
y reorganización comechingón en Córdoba. Ed. Ecoval.
Los horizontes prehispánico, colonial y
moderno, cual huayra muyoj, dijimos, se yuxtaponen y se trenzan, para
permitirnos observar en el presente, eventos del pasado y del futuro, como ha
quedado evidenciado en esta contribución. Reinterpretarlos y deconstruir la
jerarquía entre ellos (pues el moderno se insufla y empodera para ocultar a los
otros), observando rupturas y continuidades, contradicciones y solapamientos,
es una tarea comunitaria, que sustenta el destino de quienes acompañamos, de
lejos o más cerca, a los comuneros en la actualidad. Y si bien la historia
sigue, y seguirá siendo, un campo de disputas, como reza Atahualpa al inicio de
este capítulo final, “la esperanza anda en el aire, como una copla”.
Martín Darío Avalos
24 de octubre de 2025