viernes, 24 de octubre de 2025

 


Pablo Reyna -un Poeta haciendo Historia y el renacer de la esperanza-.

 

     Cuando a la ciencia Historia la llevan adelante los narrativos de la objetividad presenciamos cierto orden que imprime aún más caos a las desparejidades que se vienen sosteniendo en estos primeros años de este siglo XXI y del pasado XX y del XIX y así 500 años atrás, y 2000 más y antes incluso. La historia de la humanidad más que la historia de la lucha de clases que mencionara Marx pareciera ser la de profundización de la estupidez, la sinrazón y el sufrimiento de todos: oprimidos y opresores.

 

     Desde esta óptica que aquí se tiene de lo institucional y discursivo con gobiernos de odio y oposiciones poco empáticas surgen voces (siempre las hay), pocas, miles, por millares, que hablan de su angustias materiales y existenciales, padecimientos de injusticias simbólicas, físicas, educativas, culturales, económicas, espirituales (y tantas otras habrá que en este preciso momento no me vienen al pensamiento). Entre estas voces emerge de del historiador Pablo Sebastián Reyna, Comechingón, Poeta.

 

     Leyendo su trabajo Entre renaceres, autovías y títulos comunitarios de tierras, una aproximación a la Historia Indígena de Cosquín (1573-2023) Editorial Universitaria. Cba, 2023, surgen estás líneas de agradecimiento y divulgación del libro de Reyna entendiendo que las palabras que buscan luz deben compartirse. En este caso el material de P.R. hecha luz y difundirlo, convidarlo son actos amorosos que nos alimentan.

 

     Decíamos en el primer párrafo que P.R. es por sobre todas las cosas, Poeta; y cuando un Poeta escribe Historia y Ensayo su lectura se convierte en doblemente hermosa; sus ideas, sentires, expresadas en sus oraciones, son verdaderas prosas resplandecientes que elevan nuestra cotidianidad. Así, tenemos en Córdoba ejemplos como Julio Requena prosando sobre el multifacético Leonardo Da Vinci, Aldo Parfeniuk sobre el editor Alberto Burnichón desaparecido por la última dictadura militar argentina, Jorge Torres Roggero sobre el texto religioso de Manuel Lacunza: Últimas noticias sobre el anticristo. Córdoba y su multitud de filósofos poetas, náufragos de un territorio mediterráneo acuden a nosotros con una tabla para evitar nuestro hundimiento:

noble madero de todos mis naufragios.

¡Eso eres, Poesía!

Nos recuerda otra Cordobesa: Beatriz Ceballos Freites, poeta.

El libro

     El libro de Reyna contiene ocho capítulos, un prólogo y un anexo. Imperdibles todos. Para fundamentar nuestra afirmación de lo del poeta haciendo Historia, o sea, sobre el estilo de P.S.R, Comechingón y Poeta, nada mejor que algunas citas del mismo autor; veamos:

Capítulo 1: Historia o Historia Indígena. Nuestro Camiare (Comechingón) afirma que

     “Se ha construido histórica, antropológica, pedagógica, política, y socialmente la idea de que “la historia indígena” entra en su ocaso cuando comienza la conquista y colonización de lo que hoy conocemos como América”. 

     Pareciera que sí, que es más sencillo y defender los intereses imperantes que oponerse a ellos: ser rebelde cuesta vida. Para el vencedor desaparecer todo rastro del vencido forma parte de la victoria definitiva; por otro lado, para el oprimido, agachar la cabeza suele suponer supervivencia, a costa de humillaciones, sin contar que uno puede ser elegido pro el poder y su administración para convertirse en su alcahuete. Este asunto propio de la humanidad no se remonta solamente a los pueblos preexistentes de este continente y al invasor europeo; esta dinámica espiritual prevalece hoy en cualquier escuela primaria o iglesia de nuestras serranías cordobesas.

     Pero nuestro autor no queda imparcial frente a tal “negligencia” de olvido, no. Manifiesta él:

     Desde esta perspectiva teleológica, la “historia criolla” o “nacional”, aquella del estado moderno, comienza en 1810 con el proceso iniciado por la revolución de mayo, contando con nula o escasa presencia originaria. Y si tenemos la suerte de aparecer, desde ese periodo en adelante, nuestra presencia irrumpe desconectada de los acontecimientos considerados como más relevantes, como eventualidad o curiosidad romántica, de manera esporádica o fugaz, siempre en términos exóticos y en tanto un “otro” muy ajeno, pasivo y receptor de políticas paternalistas o punitivas, o en torno a fronteras peligrosas que prontamente dejarán paso a la “historia de la civilización”

     Y acá es cuando vemos que toma posición, identidad y desde ese lugar de autodefinición emprende su defensa que no va a ser individual sino colectiva de todo un Pueblo y su Territorio como lugar de desarrollo cultural y sagrado de su gente que veamos cuál es en toda su amplitud:

     Parafraseando al antropólogo Diego Escolar (2021), los indígenas de Cosquín, como todos los que ocupaban el actual espacio argentino, han aparecido, entonces, ligados y siendo miembros activos de la “historia criolla” o “nacional”, aunque, la mayoría de las veces, no nombrados como tales (p. 27). Gauchos, criollos, montoneros, nativos, serranos, cabecitas negras, pobres, migrantes internos, bandoleros, tejedoras, peones, lavanderas, villeros, trabajadoras y negros de mierda han sido algunas de las lúcidas nominaciones, siempre peyorativas, formuladas por los sectores dominantes, para ocultar una presencia, innegable, desde 1810.

     Y va a rematar este primer capítulo dejando bien en claro el objetivo de su trabajo autoral y desde dónde lo produce:

     Esta historia indígena de Cosquín tiene la intención de resarcir y equilibrar un poco, al menos, la balanza que sopesa los relatos sobre el pasado cordobés. Escrita por un miembro del pueblo camiare o comechingón, adolece de imparcialidad. (…) Con algunas la gunas y baches temporales, un firme posicionamiento ético-político-historiográfico y (seguramente) ausencias en cuanto a personas y acontecimientos, esta es una primera aproximación a ese pasado-presente coscoíno, a 450 años del primer intento de expropiación territorial sufrido por la población local.

 

Capítulo 2: Por qué y desde dónde, escribimos esta historia

     El segundo capítulo da cuenta de:

     Los últimos meses de 2022 la Comunidad Indígena de Las Tunas (también llamada Comunidad Indígena de Cosquín), perteneciente al pueblo camiare (comechingón), estaba litigando, una vez más, en defensa de su territorio. El avance de la denominada “Autovía de Punilla” ponía en riesgo no sólo las tierras, los lugares sagrados6, la mantención de una economía basada en la cría de animales y la recolección de frutos y plantas medicinales, sino también diversas memorias y una historia muy rica en relación al pasado-presente originario.

     Continúa con el registro de la presentación fallida que fue el 16 de diciembre de 2022 en los tribunales de Cosquín, allí pretendían entregar por escrito una nota, pero…

     Lamentable y casualmente, ese día, los Tribunales amanecieron con sus puertas principales cerradas y custodiadas por personal policial, por lo que la actividad se realizó en la vereda de una institución pública que supuestamente es de acceso abierto a toda la ciudadanía.

     Con puertas cerradas la comunidad igualmente realizó un acto dando muestras de organización ciudadana. Esta acción de lucha colectiva (Pablo es un colectivista), sumada a charlas previas que él menciona

     (…)  ya desde la “Primera Caminata…*” del año anterior veníamos pensando en conjunto con Jesús Díaz, uno de los comuneros de Las Tunas, la posibilidad de concretar una investigación histórica en torno a las familias indígenas de Cosquín.

     Me encanta imaginarlo a nuestro Poeta Camiare caminando las calles con sus cumpas imaginando grandes acciones reivindicativas que siempre son luminosas, así, pasito a pasito por el asfalto muerto que es cuando pareciera cobrar algo de su antigua vida de piedra montaraz.

 

   *Se refiere a la “Primera Caminata de los Pueblos Indígenas de Córdoba”. Ver más en https://latinta.com.ar/2021/09/pueblos-originarios-cordoba-colonial

     La nota que pretendían entregar en mano correspondía a la solicitud de una Audiencia Pública por el juicio de expropiación contra la Comunidad Indígena por parte de la empresa Caminos de Las Sierras para la cosntrución de la llamada “Autovía de Punilla”.

     En cuanto al armado de la presente investigación que hoy es este libro P.Reyna sostiene que

     Sin embargo,(…) , estaba atravesado, desde el inicio, por una certeza: la reconstrucción de esta historia no partía de un capricho individual. Por el contrario, era una historia “por demanda” de un colectivo conforma do no sólo por la Comunidad Indígena de Cosquín, sino por quienes estábamos acompañando las decisiones de los comuneros.

     Y cierra el capítulo diciendo (y perdón que sea tan extenso en las citas, pero leerlo a él es lo mejor que nos puede pasar a los interesados aquí reunidos.

       Pero una cuestión más quisiera resaltar antes de avanzar sobre lo que nos reúne: grata, y fortuitamente, contaba con algo no menor, y que generalmente ha sido menospreciado por generaciones anteriores de historiadores: los múltiples testimonios y memorias de las familias indígenas actuales de Cosquín. Y sin dudas, esto último hacía que el pasado no pareciera tan lejano, frío y distante, como suele suceder aun para quienes “trabajamos” cotidianamente con él. Sentía, de alguna manera, –en realidad es una constante cuando investigo sobre lo indígena en Córdoba– que la contemporaneidad coscoína estaba más que nunca (y, en este caso, bastante evidentemente) nutrida de fenómenos históricos de distintas intensidades y duraciones que, contradictoria o complementariamente, se arremolinaban a cada paso que daba. Un huayramuyoj* que conjugaba pasa do-presente-futuro, apellidos de familias y estrategias políticas, reafirmaciones y ocultamientos identitarios, paisajes, des montes y despojos, esperanzas y miedos contenidos por años. Eso es lo que es esta breve historia indígena de Cosquín. Que surgió por necesidad y demanda colectiva y con la intención de suturar tres horizontes históricos (que en el próximo capítulo explicaré), para comprender el presente y soñar un futuro otro en la localidad serrana

 

Capítulo 3: Cosquín y sus horizontes históricos

     En las tierras bautizadas como “La Punilla” (nos dice Reyna) por los ibéricos, se encontraban varios pueblos camiare o serranos al momento de la invasión extranjera del siglo XVI: Quisquisacate o Quisqui henen (que se localizaba en gran parte bajo el actual lago San Roque), Tohahen (desde Santa María de Punilla a Bialet Massé, al sur del actual Cosquín), Tininpalas (hoy Huerta Grande), Camincosquin (hoy Valle Hermoso), Escobasacat (hoy Es cobas y Charbonier en la parte norte), Sequesjaque (también hacia el norte del valle), Olahen y Ayampitin (hacía el poniente), Yacaysacat   y   Calachasat   (hoy Cosquín),  entre

 

 

* Remolino, en quechua. (Nota de P.R.)

otros tantos que podemos consultar en el mapa que Aníbal Montes confeccionó para su famoso Nomenclador cordobense de toponimia autóctona, de 1951.

     Esas tierras, habitadas continuamente desde hacía milenios, a su vez, estaban atravesadas por ríos y arroyos, quebradas y cerros; algunos ya desaparecidos, sea por la urbanización moderna y el desvío de cursos de agua, sea por el desmonte y la voladura de algunas lomas en búsqueda de minerales.

     Sin embargo, y a pesar de las transformaciones abruptas sufridas (sobre todo de los últimos 150 años), el territorio aun invita, si nos predisponemos a ello, a sumergirnos en atávicos paisajes que remiten a un horizonte antiguo y milenario, evidente, por ejemplo, en cada piedra, pirca, conjunto de morteros o simplemente perceptible en el hálito inmemorial del viento que cruza ancestralmente el valle de Camincosquin.

     Es en estás invitaciones y en su forma de decirlo donde el Pequeño Poeta caminante de asfaltos que luchan nos convence, veamos: habla de que esas tierras, habitadas continuamente desde hacía milenios, a su vez, estaban atravesadas por ríos y arroyos, quebradas y cerros. Dice que estaban atravesadas, pero tranquilamente uno lee habitadas; y así lo hace porque el interlocutor nos lo va sugiriendo con su embrujo.

     Habla de un territorio que aún invita a sumergirnos en atávicos paisajes que remiten a un horizonte antiguo y milenario, evidente, por ejemplo, en cada piedra, pirca, conjunto de morteros o simplemente perceptible en el hálito inmemorial del viento que cruza ancestralmente el valle de Camincosquin.

     Mirar, percibir, sentir cada piedra como milenaria; observar el paisaje como algo antiguo, diría que es un don de poetas; o bien perceptible en el hálito inmemorial del viento que cruza ancestralmente el valle de Camincosquin. El hálito inmemorial del viento… el hálito inmemorial del viento que cruza ancestralmente el valle de Camincosquin. Que cruza ancestralmente… Hálito inmemorial… fa!

 

Capítulo 4: Las familias indígenas de Cosquín: registro, derechos sobre el territorio y dinámica poblacional

 

La imposición identitaria mediante la evangelización

     Así comienza titulando nuestro historiador los párrafos que siguen, para agregar en el segundo:

    Pero, para comprender cabalmente cómo se estructuró esta “política del olvido”, debemos revisar algunos cónclaves religiosos cuya función era dirigir, administrar y ordenar la vida en las colonias. Así, durante el Concilio de Trento (celebrado entre 1545 y 1563) se “obligó” a que los indígenas adopten “el nombre de un santo de la Iglesia (…)  

     Con este obligado olvido fuimos perdiendo nuestros nombres, por ejemplo. Con este obligado olvido nos fueron amputando el idioma. Con este obligado olvido nos fueron callando, matando.

     Y fue peor aún:

     No obstante, el proceso de desarticulación de los pueblos indígenas serranos, iniciado luego de la fundación de Córdoba, se consolidó no sólo mediante esa política de encarcelamiento identitario, sino a partir de la entrega de encomiendas a diferentes invasores ibéricos; (…)

     Al obligado olvido siguió el destierro, el abandono de nuestro territorio, de nuestras familias, de nuestros afectos, de nuestras alegrías. Al obligado olvido siguió más obligado olvido, hasta olvidarnos por completo. Pero años después aparece el Pequeñín Poeta lleno de esperanzas (Memoria) y nos invita a volver a creer. Es difícil y da miedo, pero él, ellos, ahí están.

 

Capítulo 5: Las acciones políticas de los comuneros en Cosquín frente a la tormenta moderna

     Los Comuneros de Las Tunas compran sus propias tierras en 1817. Luego serían expropiados por Julio Argentino Roca. Una cita a pie de página nos sirve para definir los discursos de poder destructivo:

     No es menor, entonces, intentar desnaturalizar miradas y legalidades, asentadas por la cultura escrita, que parecieran inobjetables, inocentes, honradas, neutrales y objetivas. Al decir de Rivera Cusicanqui (2010), “hay en el colonialismo una función muy peculiar para las palabras: ellas no designan, sino que encubren.” ( p. 6)*

 

Capítulo 6: “Lo indígena” y los indígenas en la contemporaneidad coscoína

     (…) en un siglo como el XX, que se caracterizó (como su antecesor), más que por celebrar la diversidad, por intentar homogeneizarla bajo la creación de esa comunidad imaginada que es la nación.

     Sobre esta necesidad de homogenización nacional por la burocracia administrativa que nos gobernaba (y gobierna) basta recordar el aluvión anarquista que pobló esta Argentina “Crisol de Razas” a finales del siglo XIX y comienzos del XX y la necesidad de argentinizar con un Centenario patrio. Un Estado fuerte que se impone con sus rutinas administrativas donde lo escolar juega un papel vital en tal funcionamiento: el docente puede ser una pieza clave del cambio; el docente sindicalizado que lucha parece haberlo comprendido así.  Pero sigamos desandando el libro, aunque sea de manera sintética.

 

 

 

 

 

*RIVERA CUSICANQUI, S. (2010). Ch’ixinakax utxiwa. Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Ed. Tinta Limón.

Capítulo 7: La agonía civilizatoria del “progreso” y el renacer camiare en Cosquín

 

    El “progreso” contra los sitios sagrados Como dijimos con anterioridad, en este y en otro trabajo (Reyna, 2022) *, los sitios sagrados son aquellos espacios particular mente importantes, que han sido sacralizados por sus características históricas, espirituales y afectivas. Pueden referirse a enterratorios o antigales, corrales y viviendas antiguas, a un conjunto de morteros o a un espacio con árboles ancianos, o a lugares a donde se desarrollaron acontecimientos significativos para las familias indígenas (batallas, acuerdos, muertes, nacimientos, etc.), por poner sólo algunos ejemplos.

     Sin dudas, la autovía genera también consecuencias irreparables e irremediables en este sentido, pues ya se han dado casos de destrucción de conjuntos de morteros, tala de árboles, desarmado de pircas, profanación de tumbas, etc., lo que en muchos casos supone la imposibilidad de la reconstrucción o la vuelta a cero de esas situaciones. En referencia al descanso de los muertos, Jesús Díaz decía: “en nuestras tierras están enterrados nuestros antepasados”.

 

 

*REYNA, P. (2022). El territorio es memoria, y la memoria es territorio”. Reflexiones y diálogos camiare sobre recuerdos, espacios e Identidades Indígenas. Intersticios de la política y la cultura. Intervenciones latinoameri canas, vol. 11, no 22, 9-42. https://revistas.unc.edu.ar/index.php/intersti cios/article/view/37669

     Es en este sentido que es posible pensar que las memorias, sentidos, significaciones y afectividades indígenas –que podríamos pensar que construyen contrapaisajes, paisajes otros o paisajes originarios– también son atropelladas por los proyectos modernizantes como los de la autovía. De esta manera, según las familias indígenas, estos proyectos “sacan el silencio”, valorado como posibilidad de introspección y tranquilidad. Y, paralelamente, quitan “la vista, que de acá es hermosa”.

     Esas apreciaciones y valoraciones dan cuenta, entonces, de un contrapaisaje que, como insinuábamos, no ha tenido la posibilidad de ser dimensionado como tal.

     Paisaje originario, constituido por silencios, vistas, afectividades, sí, pero no desvinculados de la sacralidad de ciertas espacialidades, de las memorias ancladas territorialmente, de los olores de los animales y las plantas medicinales, de los sonidos del viento acariciando las piedras altas de las lomas y el follaje de árboles nativos.

     Es ahí cuando la Comunión con la palabra de Reyna y los suyos se hace una en mi pecho, dejo la lectura, agarro la caja coplera o simplemente las manos, y danzando por el espacio de la casa elevo mi canto al de mis hermanos:

Soy un muertito que no descansa

en la Canchira de Cosquín

Soy un muertito que ha venido

que ha venido pa decir.

 

Soy un muertito que no descansa

en la Canchira de Cosquín

Soy un muertito que ha venido

que ha venido pa decir.

 

Se han profanado las tumbas

antigales de mi sentir

antiguos Campos Santos

y me han sacado de allí.

 

Soy un muertito que no descansa

y que volvió pa decir.

 

Soy un muertito que no descansa

y que volvió pa decir.

 

 

Capítulo 8: Epílogo: El esperanzador florecer de Tunun

 

La esperanza anda en el aire, como una copla.

La esperanza vuela por las mañanas,

se hace poncho en el hombre,

y travesura en los changos,

y se hace retoño, en el duraznito de la loma,

y retoza, largamente, cuando balan las ovejas camino de la represa.

Todo aquello que tiene el tono pardo del abandono y del olvido,

hace de la esperanza, la suprema dicha…

 

Atahualpa Yupanki

(Músico, compositor y poeta)

 

     Así da comienzo al final: con versos del memorioso cual roca Atahualpa Yupanqui, el cantor de las sendas, el decidor de silencios; tan cordobés como el Cerro “de piegras pintadas”.

     Pero empecemos hablando de “Progreso”

     El “progreso” hoy es la autovía.

     La rosarina Mariana Caserio, legisladora del departamento de Punilla por Hacemos por Córdoba, sentencia: “Nadie se puede oponer al progreso que significa esta obra”.

     Oponerse a ella representa, para los canallas e insensibles, “ser quedados”. Aunque esta forma de pensar y de calificar a los otros no es novedosa. Complementando la idea de Case rio, Ramón J. Cárcano (siendo ministro de gobierno de Córdoba a fines del siglo XIX), al referirse a las comunidades indígenas de aquel tiempo, dijo que eran “estanques de barbarie en medio de la población civilizada” (Cárcano, citado en Reyna, 2020, p. 231)*. ¿Se lo espetaba acaso a las comunidades de ayer o las del siglo XXI que nos oponemos a una autovía sin el paso legal de la consulta libre, previa e informada que prevé la ley nacional 24.071? Ya Karl Marx, en otro tiempo, para otra geografía, había vaticinado que “la historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”.

     Y así, con historia, la verdadera, la que contrapone voces (si no ¡qué historia es esta que la cuentan los que ganan! ¿Ganan realmente quienes destruyen el medio? ¿De qué inteligencia me hablan? Faltos de amor, eso son.) Pero dejemos que nuestro pequeñin, el gran poeta se despida:

 

* REYNA, P. (2020). Crónica de un renacer anunciado. Expropiación de tierras, procesos de invisibilización y reorganización comechingón en Córdoba. Ed. Ecoval.

 

     Los horizontes prehispánico, colonial y moderno, cual huayra muyoj, dijimos, se yuxtaponen y se trenzan, para permitirnos observar en el presente, eventos del pasado y del futuro, como ha quedado evidenciado en esta contribución. Reinterpretarlos y deconstruir la jerarquía entre ellos (pues el moderno se insufla y empodera para ocultar a los otros), observando rupturas y continuidades, contradicciones y solapamientos, es una tarea comunitaria, que sustenta el destino de quienes acompañamos, de lejos o más cerca, a los comuneros en la actualidad. Y si bien la historia sigue, y seguirá siendo, un campo de disputas, como reza Atahualpa al inicio de este capítulo final, “la esperanza anda en el aire, como una copla”.

 

Martín Darío Avalos

24 de octubre de 2025

2 comentarios: