martes, 12 de agosto de 2025

 


Mañas de cimarrón o Imaginación salvaje -Una lectura de Guitarra adentro de Luis Franco- (año 1971)


Martín Darío Avalos

 

     Hemos escrito ya sobre el Luis Franco poeta y sobre el ensayista; hoy nos toca indagar y departir sobre el cuentista tomando uno de sus libros.  Guitarra adentro y otros cuentos es el volumen que tengo en mis manos editado por el Centro Editor de América Latina: La Historia Popular / Vida y milagros de nuestro pueblo, número 18. Año 1971.   El material cuenta con seis relatos y unas imágenes a mitad del encuadernado que merecen ser destacadas; iremos desandando sus páginas en días en que el mundo del folclore argentino se ha unido para defenderse de los ataques de los agentes de este sistema imperante que intenta desmemoriar nuestro pueblo mercantilizando todo en un sentido sin sentido y carente de espíritu. Pero retornando a nuestro estimado Luis Franco comencemos con la ceremonia de su palabra.

 

Paulo Morra

    Es el primer relato; allí nos contará la niñez y adolescencia del pequeño Paulo y su juventud, pero con la particularidad que aprenderemos sobre la realidad gaucha de un tiempo pasado en su relación con el indio, la pampa y el Estado. Uno al leer Paulo Morra se anoticia, de no saberlo, sobre el estado vegetal de ese océano de pastizales, la pampa. Franco aprovecha la punta que permite el personaje para desplegar docencia y decencia. Para desburrarnos y levantar antiguas denuncias de explotación y expropiación, siempre con el mejor relato fogonero y la pausa que ello amerita; además de la utilización de términos en desuso como el aucas quichua que señala al salvaje. En tiempos donde los significantes de las nuevas tecnologías y su bombardeo de app barren nuestros antiguos vocablos, oficios, ritos, costumbres, modos, leerlo al “belicho” (gentilicio de Belén, Catamarca) Franco es memoria y resistencia, es ahínco en la vida y freno frente al barranco. 

     Paulo Morra, cual el legendario gaucho Martín Fierro de la primera parte, vivirá las injusticias a flor de piel y Franco, con ello, nos recordará una vez más en nuestras letras argentinas conscientes, que el ser humano empoderado en la mafia estatal (o sindical) pareciera ser más tirano que el patrón financiero.

 

Reapertura del bosque

Segundo relato donde se narra la experiencia sensorial de Antenor en la selva movido por su interés sobre el tema y sus lecturas citadinas. Así observa cómo los pájaros celebran con sus cantos “el nacimiento sagrado de la luz.” Reflexiona nuestro narrador sobre “Nuestra capacidad de comunión con la naturaleza -y de todas esta era la más pura- ¿no estaría en relación con nuestra capacidad de dicha?” Extraigo en cursiva ideas del libro para que notemos la capacidad de reflexión y poesía de nuestro vate Luis Franco. “Los árboles era las columnas -el hombre alzó las suyas a su imagen y semejanza- de un templo viviente que ocupaba lo mejor del haz de la tierra.”

      Así nuestro poeta filosofa sobre zoología y de la mano de su Antenor concluye si pretensiones sentenciosas:

“Antenor fue advirtiendo que el hombre no era el concesionario de toda sabiduría como se cree y que en el bosque los animales sabían bastante más que él, es decir, poseían mejor arte de conseguir su propósito, evitando el peligro y sobre todo el de acercarse a la felicidad por las sendas menos pantanosas…”

     Es Antenor, sí, pero es nuestro L.F. el observador, el vivenciador, el que con tiempo de pausa en su ánimo puede percibir estos detalles del mundo natural que poco tienen que ver con el trajín metálico del motor a explosión y el correr nervioso ante los bocinazos estancados.

“Antenor descubrió que el silencio viviente del bosque era un hermanito mellizo de la música para los oídos y el alma torturados por la radiotelefonía y demás estridencias mecánicas de la civilización.”

Y continuará cinco párrafos más adelante más adelante nuestro autor de otro magistral trabajo con lo es La Pampa habla (ensayo) diciendo los destrozos de la llamada “civilización” a los que hay que sumar la destrucción diabólica de las guerras (Palestina, claro ejemplo) y el veneno de las drogas en todo el mundo. Pero con respecto a nuestros agotables recursos y su exprimir voraz por parte de las empresas aporta:

“Un espanto le recorría la espalda cuando recordaba algunas de las hazañas de la civilización técnica de hoy con su beatería de la velocidad y su moral de confort y dividendo que solo ve en la naturaleza una fuente de recursos, la inagotable vaca lechera, sin sospechar ni en sueños que no le asiste ningún derecho a castrarla de sus bosques y sus bestias y sus pájaros, a ensuciar sus paisajes -sin respetar ni las estrellas- con avisos comerciales, a emporcar sus ríos hasta el hedor obsceno, a expulsar el silencio hasta de sus retiros más púdicos, con la estruendosa chatura de sus altoparlantes.”

     Lo decía en 1971, ¡qué pensaría hoy! En materia de aturdimiento en un punto vamos empeorando. Las esperanzas nunca se pierden cuando vemos a tantas personas en busca de la paz y el silencio exterior e interior. El Mahatma Gandhi ya había propuesto lo que tanto ante la inmensidad de mano de obra abandonada en el mundo la eliminación de innecesaria maquinaria y el empleo del ser humano; claro, ante la plusvalía y las ganancias patronales esto no es conveniente; sin embargo, oponemos la madera y el mimbre a tanto metal, la palabra al grito, la plegaria al golpe, el tejido al tiro. Pero la luz no se apaga y el mismo catamarqueño hecha chispazos con lo que sigue aquí, veamos.

     Antenor, Luis Franco en realidad, nos adentra en el lenguaje sutil de los destellos, en el idioma de lo latente, la observación consciente de la diástole del amor universal. Así, Antenor, Luis Franco más bien, nos enseña que los pájaros…

“Ellos cantan con el pico entreabierto  y empinado hacia el cielo como si lo sorbieran, y que parecen conservar todo el día en sus picos la humedad del alba, ellos, los pequeños querubes portadores de arpa, le habían enseñado la más iluminadas de las pedagogías: la obligación de ser feliz, esto es, de decir nuestra gratitud a la luz.”

     Franco habla de la luz y mis esperanzas en la humanidad crecen. No repara en instituciones administrativo-religiosas, no; de esas toma distancia delimitando sentires promulgados:

“…los hombres, imbecilizados de terror religioso, se niegan aún a asumir esa resplandeciente enseñanza y siguen volviendo sus ojos lacrimosos o legañosos hacia un más allá creado por los administradores de desesperación y consuelo.”

     Es tanto lo que uno extraería del relato en cuestión que prácticamente lo copiaría íntegro, y no tendría inconvenientes de amor, ganas y tiempo como dice una canción de Pedro y Pablo; porque lo que hace bien, lo que apasiona, no halla traba en la vida, y la muerte, no es más que un motivo para que otros sigan. Por ejemplo, retornando al relato, F. aprovecha el mismo para contarnos sobre los estudios de zoología aprendidos:

“… los zoólogos modernos habían descubierto que cuando el hombre apenas sabía gruñir o chillar y su amor no pasaba de ser una simple agresión reproductora como en las bestias, los pájaros ya habían inventado el canto, la melodía, y no solo como pura efusión del gozo de vivir, sino como expresión del requiebro amoroso, aun después de las nupcias; es decir, que el amor era ya en muchos de ellos un sentimiento, y un sentimiento perdurable, según lo indica la duración vitalicia de la pareja en las palomas , las garzas, los loros y tantos más.”

     Y sigue nuestro enamorado de las aves y las flores para acercarnos también de Natura sus perfumes, porque la levedad de los aromas nos acerca a la fragancia de cielos tiernos:

“Se habla de perfumes deliciosos -se decía Antenor- ¿Por qué no sublimes, a veces, ya que en su ruta de aéreo ascenso la sensación se trueca en emoción y aún en sentimiento, elevando el alma en un ensueño de melancolía o de felicidad como nuestros más puros recuerdos o ilusiones?

(…)

Apenas cabía duda de que el perfume, como el arrullo y la música, era uno de los senderos del amor.

(…)

Los perfumes de las flores eran como ángeles invisibles levantando a los seres humanos al nivel de su corazón y aún de sus sueños, es decir, al júbilo soñador de permanencia.”

     Tantas citas no pretenden otra cosa que compartir la emoción totalizante que inunda el pecho al leer tanta tierna sensibilidad; como la que expresa (y con esto voy cerrando con el relato) sobre los hermanos árboles que no deberían ser talados sino utilizar sus huesos cuando culminan con su vida de transformadores del aire y sustento de aves. Dice Él:

“(Más de una vez le pareció que los árboles velludos bailaban en torno suyo tomados de las manos, buscando incorporarlo a su ronda).”

 

En el principio fue el polvo

     El trabajo realizados por Pedro Carrasco como resero ahí en los valles calchaquíes. Si bien era hijo de familia “acomodada” ante la muerte de su padre hubo de salir a laburar.

“A la Señora pobreza

tengo de sacarla al campo

y preguntarle a moquetes

por qué me persigue tanto.”

Y así, a moquetazos, a sopapo en la cara increpar a la pobreza, a quien la genera. Ganas que brotan de la bronca ante la injusticia. El dolo ante la iniquidad y el atropello es tanto que muerde el pecho y endurece los puños, uno no se convierte en ocasiones en esas pinturas de Guayasamin sino más bien en iracundos Carpanis. Razonará Carrasco:

“Tal vez se nacía suertudo o desgraciado, como se nace caballo de paseo o caballo de noria…”

     Y frente a los padeceres del hombre y la mujer hasta la mismísima naturaleza sufría e intentaba alivio:

“La tierra, delirando tal vez por la fiebre del calor, comenzó a amotinar sus remolinos de polvo, como queriendo nublar el sol.”

     Y anunciando ya lo que podía multiplicarse en su querida Catamarca nos cuenta de Pantano Viejo pueblo abandonado por la falta de agua para subsistir:

Un día las vertientes que lo proveían de agua habían dejado de manar debido a excavaciones  hechas en el cerro próximo.”

Así las gigantescas acciones mineras creando desierto estrangulan y matan las existencias regionales con sus cantos, sus mantas, sus comidas, sus rezos, sus silencios. Y a propósito de esto último nos dice:

“Un silencio de camposanto, aunque turbado a ratos por el oculto, con el tambor funeral que él bate debajo de nuestro horizonte, en la noche hundida de los muertos y de las raíces que luchan sin tregua para no morir.”

(…)

“Sin saberlo Pedro Carrasco iba llorando lagrimones que abrían surcos oscuros en su cara blanca de polvo.”

 

Estampas

     Y llegamos al centro del encuadernado y topamos con reproducciones de fotografías y dibujos en blanco y negro y papel fotográfico. ¡Qué quieren que les diga! A mí me dan ganas de intentar una descripción de las mismas, descripción que puede que vaya acompañada de reproducciones si es que las hallo en este universo paralelo y absorbente que es la “internets”. Damos primero con una reunión en un salón campesino y criollo con músico gauchos, paredes de ladrillones y techo de palo y cincha de paja. En el centro del piso que puede llegar a se de tierra una pareja bailando: ella parece zarandear y él zapatear.  Cabe destacar un palo que hace de columna al costado derecho e izquierda. Algunos sentados en pequeños bancos grupales otros en el suelo. Tiene epígrafe que dice:

1.   El gato, baile campestre, de León Pallière. Museo histórico de Buenos Aires. 


El gato, baile campestre, de León Pallière

2da imagen Caricatura de un paisano a caballo, dice, Caras y caretas, 1901. Linda la del paisano más compadrito que gaucho, caballo ojitos de enojado. Lástima que en la descripción de nombrarla a la hermosa china que lleva a ancas el flete.

En la otra página fotos de ruralidades riojanas, bonaerence y una gaucho en la ciudad de Salta. Dibujo de Carlos Morel “Una hora antes de partir” con bueyes y carreta.


                                       Carlos Morel: Una hora antes de partir

 

     En las páginas cincuenta y cuatro y cincuenta y cinco, entre chifle (cantimplora de cuerno bovino -vaca, toro, buey) y botas de gaucho al estilo sureño, una pintura de E.E. Vidal (posiblemente se refiere a Emeric Essex Vidal, un pintor británico del siglo XIX, es conocido por sus acuarelas que capturan la vida en Buenos Aires y Montevideo durante los primeros años de la independencia argentina. Sus obras, recopiladas en "Ilustraciones pintorescas de Buenos Aires y Montevideo", ofrecen una valiosa documentación visual de la época, incluyendo escenas de la ciudad, costumbres gauchas, y la vida indígena; según fiche en la güeb) con su Carreras de Campo y El Paisano de L. Pallière.

 

Carreras de Campo. E.E.Vidal

 

 

El Paisano L. Pallière

     La imagen de El Paisano -y la china- de Pallière fue hallada en la internets, pero yendo a izquierda mientras que en el libro viajan a derecha. Esto del rumbo a tomar por la pareja puede resultar de sumo interés -sobre todo para quienes creemos en un destino marcado- aunque para otros un detalle menor e insignificante. Pero lo traigo a colación porque me informan, desde saberes más elevados que los míos en estas cuestiones de las nuevas tecnologías, que podemos revertir el rumbo tomado por los enamorados a caballos, con un simple click, click, y retornarlos a los del libro; como sea, preferí no hacerlo; vea, me hago a la idea que viajaron al sur y el viento y el frío les han hecho desistir de aquellas geografías retornando a sus valles catamarqueños.

     En las páginas siguientes Arreos de ganados de las provincias de Buenos Aires y Corrientes, Quebrachal formoseño, Carro, Carnicería de campaña en Entre Ríos, Patio de estancia; Farol, maza de carreta y balde de cuero, Estancia “Pancho Diaz” en el partido de Magdalena, y un mozo posando con brillantes botas: El gaucho; Casa del “carancho” del Monte en la provincia de Buenos Aires, Mortero de mármol con mano de madera del museo pampeano de Chascomús, Estancia “El pino” de Cañuelas y El corral de Paillère.


El corral. L. Paillère

 

     Y siguen los trabajos en el carrizal, el rodeo, el panadero a caballo con sus grandes cestas y la señora de pañuelo blanco haciendo su pedido (Señoras de pañuelos blancos en sus cabezas pidiendo el pan de sus hijos, linda Memoria viva), gallo veleta del viento, arreo de bovinos, gauchos mateando, escena de Sañagasta -La Rioja-, ventana y jardín de una casa de Tucumán y una acuarela de Pellegrini.

 

 

Guitarra adentro

     Y llegamos al cuento que da nombre al material y comienza de tal bonita manera para las monotonías de la ruralidad:

 

“Aquel domingo de Ramos -despedida última de carnaval-

 

Claro, para una vida dura de trabajo las celebraciones oficiales o no oficiales se convierten en verdaderas fiestas populares. Hoy, con el frenesí del consumo, la venta, la vida loca, todos los días tenés el desenfreno y miles de jóvenes en la calle con el flagelo naufragante de las drogas. Se pasa y no se detiene a ver el color de las naranjas, el corear de los gorriones, los dones que otorga la luz, el brillo en los ojos. Cual mariposas fuimos atrapados por las redes, pero la libertad, la verdadera, es imposible de perder por suerte. Y Franco protesta por esa apropiación de algunos:

 

“De esos hombres a los que les sobra la plata que nos falta a los que andamos estorbando.”

     La trama gira en redor de un forastero y su guitarra en un poblado; se convierte el hombre en la novedad de todos los curiosos que no dejan de mirarlo y cuchichear.

 

“No pasó mucho rato y aquel hombre estaba ya queriendo mandar en todos los corazones (…).”

 

     El músico forastero estaba haciendo emocionar profundamente al público reunido en aquél pequeño bar con su guitarra.

 

“Aunque tal vez el pobre no la conozca, nos estás regalando la felicidad…” reflexionó alguien.

 

     Las penas son sentimentales, mentales y de buche, mire sino:

 

“¡Ah, la guitarra, que lo encariña a uno con las propias penas, y hace olvidar la vida, y también la muerte, como la sed hace olvidar el hambre!”

 

Me acordé de mi querido Gaucho Axel Martinez, niño que me preguntó en la escuela siendo yo maestro: -qué le pasa profe?

-Tengo un hambre!, dije ya en mediodía.

-Tome agua, se le va a pasar.

Mi Gauchito sabía en carne propia de esas cosas. Mi recuerdo y gratitud a vos querido Axel, ya hombre y papá.

 

El aljibe de los médanos

     Llegamos a la penúltima narración del libro. Con su impronta ideológica, pero sobre todo con su falta de falsedad y su sobrada sinceridad nos dice Luis Franco en este acercamiento al final, pero comenzando el cuento:

 

“El mundo es tan interesado y maula como juez que marca precio a sus sentencias. Cuando el mucho mérito se da entre algunos de los concesionarios del mando o la fortuna, suelen sobrar en vida los repiques en su honor y a veces en la prisa le inauguran la estatua antes que él inaugure la fosa. Cuando se da entre los carecidos de rango, éstos mueren sin pena ni gloria. Hay muchas batallas ganadas, pese a la ineptitud del general, por el solo empuje de los soldados y los caballos, pero ya se sabe quién siega los laureles.”

 

     Nótese como habla, no solo de los soldados -que uno imagina al raso- sino también de los caballos. Pero volviendo a la integridad de esas primeras ideas dice a continuación inaugurando un nuevo párrafo:

 

“Perdóneseme esta cháchara, que ella se debe solo a que de estar nomás se me ha cruzado por las mientes la figura del maestro José, José Vega, el pocero.”

 

     Y así va contando sobre la vida de este Señor y también detalles del oficio. Y tiene compañero el Maestro que es digno destacar por su síntesis biográfica:

 

“Serapio Maguna, rebautizado el Moto (un cartucho de dinamita le había volado el pulgar de la zurda), era el tipo hombre pobre de provincia pobre que desde muchacho se echa a rodar tierra en busca de pan y los menesteres que escasean en su casa y su pago, agachándose a trabajar en lo que caiga -peón de caminos o minas o pozos petroleros, cavador de aljibes o hachador de quebrachos, pelador de cañas o arriero- y sea donde fuere, desde la cordillera al Litoral y desde Jujuy a Comodoro Rivadavia: el peón o hacedor universal que si no muere por accidente o en un hospital, a mitad de camino, llega a viejo sin más ahorros que sus arrugas y sus achaques.”

 

     La larga cita por larga no resulta desde este precario laboratorio casero de letras y mates nos resulta necesaria, ya dijimos en tiempos de saqueos y persecución al Pueblo Mapuche y Gaza, siempre Gaza (y tantísimas injusticias más: el desamparo inglés o norteamericano a sus desposeídos, por ejemplo). Porque…:

 

“(…) aunque ya nadie recordara los nombres de los cavadores y menos sospechara sus crujías.”

 

 El regreso del Moro

 

     Empezamos, no sólo con la angurria económica de los apetitosos-pordioseros-billeteros, sino también reprochando los vicios del proletariado que hoy ya ni hijos tiene, hasta en esos hemos sido despojados. Y dice nuestro filósofo-agricultor:

 

“Como otros tienen la pasión del juego, el alcohol o los dividendos (…)”

 

Y es que nos va a hablar de su personaje y el amor de él por los caballos. Relatado en primera persona nos va contando cómo la adquiere y cómo va progresando esa relación; un cuento con mucha ternura y amor; ideal, me parece, para leer a los estudiantes de nuestra américa mestiza. Y nos despedimos desde aquí con una pregunta y con el mismo Luis Franco aportando la respuesta.

-¿Poesía?

 

“Los ojos: dos gotas de infinito…”

 

“(…) su corazón tenía forma de paloma.”

 

“(…) ese numen ecuestre que es el viento.”

 

“Vivía, sin saberlo, algo de la poesía álacre de las auroras futuras.”

 


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