Pablo Reyna -un
Poeta haciendo Historia y el renacer de la esperanza-.
Cuando a la ciencia Historia la llevan
adelante los narrativos de la objetividad presenciamos cierto orden que imprime
aún más caos a las desparejidades que se vienen sosteniendo en estos primeros
años de este siglo XXI y del pasado XX y del XIX y así 500 años atrás, y 2000
más y antes incluso. La historia de la humanidad más que la historia de la
lucha de clases que mencionara Marx pareciera ser la de profundización de la
estupidez, la sinrazón y el sufrimiento de todos: oprimidos y opresores.
Desde esta óptica que aquí se tiene de lo institucional
y discursivo con gobiernos de odio y oposiciones poco empáticas surgen voces
(siempre las hay), pocas, miles, por millares, que hablan de su angustias
materiales y existenciales, padecimientos de injusticias simbólicas, físicas,
educativas, culturales, económicas, espirituales (y tantas otras habrá que en
este preciso momento no me vienen al pensamiento). Entre estas voces emerge de
del historiador Pablo Sebastián Reyna, Comechingón, Poeta.
Leyendo su trabajo Entre renaceres,
autovías y títulos comunitarios de tierras, una aproximación a la Historia
Indígena de Cosquín (1573-2023) Editorial Universitaria. Cba, 2023, surgen
estás líneas de agradecimiento y divulgación del libro de Reyna entendiendo que
las palabras que buscan luz deben compartirse. En este caso el material de P.R.
hecha luz y difundirlo, convidarlo son actos amorosos que nos alimentan.
Decíamos en el primer párrafo que P.R. es
por sobre todas las cosas, Poeta; y cuando un Poeta escribe Historia y Ensayo
su lectura se convierte en doblemente hermosa; sus ideas, sentires, expresadas
en sus oraciones, son verdaderas prosas resplandecientes que elevan nuestra
cotidianidad. Así, tenemos en Córdoba ejemplos como Julio Requena prosando
sobre el multifacético Leonardo Da Vinci, Aldo Parfeniuk sobre el editor
Alberto Burnichón desaparecido por la última dictadura militar argentina, Jorge
Torres Roggero sobre el texto religioso de Manuel Lacunza: Últimas noticias
sobre el anticristo. Córdoba y su multitud de filósofos poetas, náufragos de un
territorio mediterráneo acuden a nosotros con una tabla para evitar nuestro
hundimiento:
noble madero de todos
mis naufragios.
¡Eso eres, Poesía!
Nos recuerda otra Cordobesa:
Beatriz Ceballos Freites, poeta.
El libro
El libro de Reyna contiene
ocho capítulos, un prólogo y un anexo. Imperdibles todos. Para fundamentar
nuestra afirmación de lo del poeta haciendo Historia, o sea, sobre el estilo de
P.S.R, Comechingón y Poeta, nada mejor que algunas citas del mismo autor;
veamos:
Capítulo 1: Historia o
Historia Indígena. Nuestro Camiare (Comechingón) afirma que
“Se ha construido histórica,
antropológica, pedagógica, política, y socialmente la idea de que “la historia
indígena” entra en su ocaso cuando comienza la conquista y colonización de lo
que hoy conocemos como América”.
Pareciera que sí, que es más sencillo y defender
los intereses imperantes que oponerse a ellos: ser rebelde cuesta vida. Para el
vencedor desaparecer todo rastro del vencido forma parte de la victoria
definitiva; por otro lado, para el oprimido, agachar la cabeza suele suponer
supervivencia, a costa de humillaciones, sin contar que uno puede ser elegido
pro el poder y su administración para convertirse en su alcahuete. Este asunto
propio de la humanidad no se remonta solamente a los pueblos preexistentes de
este continente y al invasor europeo; esta dinámica espiritual prevalece hoy en
cualquier escuela primaria o iglesia de nuestras serranías cordobesas.
Pero nuestro autor no queda imparcial
frente a tal “negligencia” de olvido, no. Manifiesta él:
Desde esta perspectiva teleológica, la
“historia criolla” o “nacional”, aquella del estado moderno, comienza en 1810
con el proceso iniciado por la revolución de mayo, contando con nula o escasa
presencia originaria. Y si tenemos la suerte de aparecer, desde ese periodo en
adelante, nuestra presencia irrumpe desconectada de los acontecimientos
considerados como más relevantes, como eventualidad o curiosidad romántica, de
manera esporádica o fugaz, siempre en términos exóticos y en tanto un “otro”
muy ajeno, pasivo y receptor de políticas paternalistas o punitivas, o en torno
a fronteras peligrosas que prontamente dejarán paso a la “historia de la
civilización”
Y acá es cuando vemos que toma posición,
identidad y desde ese lugar de autodefinición emprende su defensa que no va a
ser individual sino colectiva de todo un Pueblo y su Territorio como lugar de
desarrollo cultural y sagrado de su gente que veamos cuál es en toda su
amplitud:
Parafraseando al antropólogo Diego
Escolar (2021), los indígenas de Cosquín, como todos los que ocupaban el actual
espacio argentino, han aparecido, entonces, ligados y siendo miembros activos
de la “historia criolla” o “nacional”, aunque, la mayoría de las veces, no
nombrados como tales (p. 27). Gauchos, criollos, montoneros, nativos, serranos,
cabecitas negras, pobres, migrantes internos, bandoleros, tejedoras, peones,
lavanderas, villeros, trabajadoras y negros de mierda han sido algunas de las
lúcidas nominaciones, siempre peyorativas, formuladas por los sectores
dominantes, para ocultar una presencia, innegable, desde 1810.
Y va a rematar este primer capítulo
dejando bien en claro el objetivo de su trabajo autoral y desde dónde lo
produce:
Esta historia indígena de Cosquín tiene
la intención de resarcir y equilibrar un poco, al menos, la balanza que sopesa
los relatos sobre el pasado cordobés. Escrita por un miembro del pueblo camiare
o comechingón, adolece de imparcialidad. (…) Con algunas la gunas y baches
temporales, un firme posicionamiento ético-político-historiográfico y
(seguramente) ausencias en cuanto a personas y acontecimientos, esta es una
primera aproximación a ese pasado-presente coscoíno, a 450 años del primer
intento de expropiación territorial sufrido por la población local.
Capítulo 2: Por qué y desde
dónde, escribimos esta historia
El segundo capítulo da cuenta de:
Los últimos meses de 2022 la Comunidad
Indígena de Las Tunas (también llamada Comunidad Indígena de Cosquín), perteneciente
al pueblo camiare (comechingón), estaba litigando, una vez más, en defensa de
su territorio. El avance de la denominada “Autovía de Punilla” ponía en riesgo
no sólo las tierras, los lugares sagrados6, la mantención de una economía
basada en la cría de animales y la recolección de frutos y plantas medicinales,
sino también diversas memorias y una historia muy rica en relación al
pasado-presente originario.
Continúa con el registro de la
presentación fallida que fue el 16 de diciembre de 2022 en los tribunales de
Cosquín, allí pretendían entregar por escrito una nota, pero…
Lamentable y casualmente, ese día, los
Tribunales amanecieron con sus puertas principales cerradas y custodiadas por
personal policial, por lo que la actividad se realizó en la vereda de una
institución pública que supuestamente es de acceso abierto a toda la
ciudadanía.
Con puertas cerradas la comunidad igualmente
realizó un acto dando muestras de organización ciudadana. Esta acción de lucha
colectiva (Pablo es un colectivista), sumada a charlas previas que él menciona
(…) ya desde la “Primera Caminata…*” del año
anterior veníamos pensando en conjunto con Jesús Díaz, uno de los comuneros de
Las Tunas, la posibilidad de concretar una investigación histórica en torno a
las familias indígenas de Cosquín.
Me encanta imaginarlo a
nuestro Poeta Camiare caminando las calles con sus cumpas imaginando grandes
acciones reivindicativas que siempre son luminosas, así, pasito a pasito por el
asfalto muerto que es cuando pareciera cobrar algo de su antigua vida de piedra
montaraz.
*Se refiere a la “Primera
Caminata de los Pueblos Indígenas de Córdoba”. Ver más en https://latinta.com.ar/2021/09/pueblos-originarios-cordoba-colonial
La nota que pretendían entregar en mano
correspondía a la solicitud de una Audiencia Pública por el juicio de
expropiación contra la Comunidad Indígena por parte de la empresa Caminos de Las
Sierras para la cosntrución de la llamada “Autovía de Punilla”.
En cuanto al armado de la presente
investigación que hoy es este libro P.Reyna sostiene que
Sin embargo,(…) , estaba atravesado, desde
el inicio, por una certeza: la reconstrucción de esta historia no partía de un
capricho individual. Por el contrario, era una historia “por demanda” de un
colectivo conforma do no sólo por la Comunidad Indígena de Cosquín, sino por
quienes estábamos acompañando las decisiones de los comuneros.
Y cierra el capítulo diciendo
(y perdón que sea tan extenso en las citas, pero leerlo a él es lo mejor que
nos puede pasar a los interesados aquí reunidos.
Pero
una cuestión más quisiera resaltar antes de avanzar sobre lo que nos reúne:
grata, y fortuitamente, contaba con algo no menor, y que generalmente ha sido
menospreciado por generaciones anteriores de historiadores: los múltiples
testimonios y memorias de las familias indígenas actuales de Cosquín. Y sin
dudas, esto último hacía que el pasado no pareciera tan lejano, frío y
distante, como suele suceder aun para quienes “trabajamos” cotidianamente con
él. Sentía, de alguna manera, –en realidad es una constante cuando investigo
sobre lo indígena en Córdoba– que la contemporaneidad coscoína estaba más que
nunca (y, en este caso, bastante evidentemente) nutrida de fenómenos históricos
de distintas intensidades y duraciones que, contradictoria o
complementariamente, se arremolinaban a cada paso que daba. Un huayramuyoj*
que conjugaba pasa do-presente-futuro, apellidos de familias y estrategias
políticas, reafirmaciones y ocultamientos identitarios, paisajes, des montes y
despojos, esperanzas y miedos contenidos por años. Eso es lo que es esta breve
historia indígena de Cosquín. Que surgió por necesidad y demanda colectiva y
con la intención de suturar tres horizontes históricos (que en el próximo
capítulo explicaré), para comprender el presente y soñar un futuro otro en la
localidad serrana
Capítulo 3: Cosquín y sus
horizontes históricos
En las tierras bautizadas
como “La Punilla” (nos dice Reyna) por los ibéricos, se
encontraban varios pueblos camiare o serranos al momento de la invasión
extranjera del siglo XVI: Quisquisacate o Quisqui henen (que se localizaba en
gran parte bajo el actual lago San Roque), Tohahen (desde Santa María de
Punilla a Bialet Massé, al sur del actual Cosquín), Tininpalas (hoy Huerta
Grande), Camincosquin (hoy Valle Hermoso), Escobasacat (hoy Es cobas y
Charbonier en la parte norte), Sequesjaque (también hacia el norte del valle),
Olahen y Ayampitin (hacía el poniente), Yacaysacat y Calachasat (hoy Cosquín), entre
* Remolino, en quechua.
(Nota de P.R.)
otros tantos que podemos
consultar en el mapa que Aníbal Montes confeccionó para su famoso Nomenclador
cordobense de toponimia autóctona, de 1951.
Esas tierras,
habitadas continuamente desde hacía milenios, a su vez, estaban atravesadas por
ríos y arroyos, quebradas y cerros; algunos ya desaparecidos, sea por la
urbanización moderna y el desvío de cursos de agua, sea por el desmonte y la
voladura de algunas lomas en búsqueda de minerales.
Sin embargo, y a pesar de las
transformaciones abruptas sufridas (sobre todo de los últimos 150 años), el
territorio aun invita, si nos predisponemos a ello, a
sumergirnos en atávicos paisajes que remiten a un horizonte antiguo y
milenario, evidente, por ejemplo, en cada piedra, pirca, conjunto de morteros o
simplemente perceptible en el hálito inmemorial del viento que cruza
ancestralmente el valle de Camincosquin.
Es en estás invitaciones y en
su forma de decirlo donde el Pequeño Poeta caminante de asfaltos que luchan nos
convence, veamos: habla de que esas tierras, habitadas continuamente
desde hacía milenios, a su vez, estaban atravesadas por ríos y arroyos,
quebradas y cerros. Dice que estaban atravesadas, pero
tranquilamente uno lee habitadas; y así lo hace porque el interlocutor nos lo
va sugiriendo con su embrujo.
Habla de un territorio que aún invita a
sumergirnos en atávicos paisajes que remiten a un horizonte antiguo y
milenario, evidente, por ejemplo, en cada piedra, pirca, conjunto de morteros o
simplemente perceptible en el hálito inmemorial del
viento que cruza ancestralmente el valle de Camincosquin.
Mirar, percibir, sentir cada piedra como
milenaria; observar el paisaje como algo antiguo, diría que es un don de poetas;
o bien perceptible
en el hálito inmemorial del viento que cruza
ancestralmente el valle de Camincosquin. El hálito inmemorial del viento… el
hálito inmemorial del viento que cruza ancestralmente el valle de Camincosquin.
Que cruza ancestralmente… Hálito inmemorial… fa!
Capítulo 4: Las familias
indígenas de Cosquín: registro, derechos sobre el territorio y dinámica
poblacional
La imposición identitaria
mediante la evangelización
Así comienza titulando nuestro
historiador los párrafos que siguen, para agregar en el segundo:
Pero, para comprender cabalmente cómo se
estructuró esta “política del olvido”, debemos revisar algunos cónclaves
religiosos cuya función era dirigir, administrar y ordenar la vida en las
colonias. Así, durante el Concilio de Trento (celebrado entre 1545 y 1563) se
“obligó” a que los indígenas adopten “el nombre de un santo de la Iglesia (…)
Con este obligado olvido
fuimos perdiendo nuestros nombres, por ejemplo. Con este obligado olvido nos
fueron amputando el idioma. Con este obligado olvido nos fueron callando,
matando.
Y fue peor aún:
No obstante, el proceso de desarticulación
de los pueblos indígenas serranos, iniciado luego de la fundación de Córdoba,
se consolidó no sólo mediante esa política de encarcelamiento identitario, sino
a partir de la entrega de encomiendas a diferentes invasores ibéricos; (…)
Al obligado olvido siguió el destierro, el
abandono de nuestro territorio, de nuestras familias, de nuestros afectos, de
nuestras alegrías. Al obligado olvido siguió más obligado olvido, hasta
olvidarnos por completo. Pero años después aparece el Pequeñín Poeta lleno de
esperanzas (Memoria) y nos invita a volver a creer. Es difícil y da miedo, pero
él, ellos, ahí están.
Capítulo 5: Las acciones
políticas de los comuneros en Cosquín frente a la tormenta moderna
Los Comuneros de Las Tunas compran sus
propias tierras en 1817. Luego serían expropiados por Julio Argentino Roca. Una
cita a pie de página nos sirve para definir los discursos de poder destructivo:
No es menor, entonces, intentar
desnaturalizar miradas y legalidades, asentadas por la cultura escrita, que
parecieran inobjetables, inocentes, honradas, neutrales y objetivas. Al decir
de Rivera Cusicanqui (2010), “hay en el colonialismo una función muy peculiar
para las palabras: ellas no designan, sino que encubren.” ( p. 6)*
Capítulo 6: “Lo indígena” y
los indígenas en la contemporaneidad coscoína
(…) en un siglo como el
XX, que se caracterizó (como su antecesor), más que por celebrar la diversidad,
por intentar homogeneizarla bajo la creación de esa comunidad imaginada que es
la nación.
Sobre esta necesidad de homogenización nacional
por la burocracia administrativa que nos gobernaba (y gobierna) basta recordar
el aluvión anarquista que pobló esta Argentina “Crisol de Razas” a finales del
siglo XIX y comienzos del XX y la necesidad de argentinizar con un Centenario
patrio. Un Estado fuerte que se impone con sus rutinas administrativas donde lo
escolar juega un papel vital en tal funcionamiento: el docente puede ser una
pieza clave del cambio; el docente sindicalizado que lucha parece haberlo
comprendido así. Pero sigamos desandando
el libro, aunque sea de manera sintética.
*RIVERA CUSICANQUI, S.
(2010). Ch’ixinakax utxiwa. Una reflexión sobre prácticas y discursos
descolonizadores. Ed. Tinta Limón.
Capítulo 7: La agonía
civilizatoria del “progreso” y el renacer camiare en Cosquín
El “progreso” contra los
sitios sagrados Como dijimos con anterioridad, en este y en otro trabajo (Reyna,
2022) *, los sitios sagrados son aquellos espacios particular mente
importantes, que han sido sacralizados por sus características históricas,
espirituales y afectivas. Pueden referirse a enterratorios o antigales,
corrales y viviendas antiguas, a un conjunto de morteros o a un espacio con
árboles ancianos, o a lugares a donde se desarrollaron acontecimientos
significativos para las familias indígenas (batallas, acuerdos, muertes, nacimientos,
etc.), por poner sólo algunos ejemplos.
Sin dudas, la autovía genera también
consecuencias irreparables e irremediables en este sentido, pues ya se han dado
casos de destrucción de conjuntos de morteros, tala de árboles, desarmado de
pircas, profanación de tumbas, etc., lo que en muchos casos supone la
imposibilidad de la reconstrucción o la vuelta a cero de esas situaciones. En
referencia al descanso de los muertos, Jesús Díaz decía: “en nuestras tierras
están enterrados nuestros antepasados”.
*REYNA, P. (2022). El
territorio es memoria, y la memoria es territorio”. Reflexiones y diálogos
camiare sobre recuerdos, espacios e Identidades Indígenas. Intersticios de la
política y la cultura. Intervenciones latinoameri canas, vol. 11, no 22, 9-42. https://revistas.unc.edu.ar/index.php/intersti
cios/article/view/37669
Es en este sentido que es posible pensar
que las memorias, sentidos, significaciones y afectividades indígenas –que
podríamos pensar que construyen contrapaisajes, paisajes otros o paisajes
originarios– también son atropelladas por los proyectos modernizantes como los
de la autovía. De esta manera, según las familias indígenas, estos proyectos
“sacan el silencio”, valorado como posibilidad de introspección y tranquilidad.
Y, paralelamente, quitan “la vista, que de acá es hermosa”.
Esas apreciaciones y valoraciones dan
cuenta, entonces, de un contrapaisaje que, como insinuábamos, no ha tenido la
posibilidad de ser dimensionado como tal.
Paisaje originario, constituido por
silencios, vistas, afectividades, sí, pero no desvinculados de la sacralidad de
ciertas espacialidades, de las memorias ancladas territorialmente, de los
olores de los animales y las plantas medicinales, de los sonidos del viento
acariciando las piedras altas de las lomas y el follaje de árboles nativos.
Es ahí cuando la Comunión con la palabra
de Reyna y los suyos se hace una en mi pecho, dejo la lectura, agarro la caja
coplera o simplemente las manos, y danzando por el espacio de la casa elevo mi
canto al de mis hermanos:
Soy un muertito que no
descansa
en la Canchira de
Cosquín
Soy un muertito que ha
venido
que ha venido pa decir.
Soy un muertito que no
descansa
en la Canchira de
Cosquín
Soy un muertito que ha
venido
que ha venido pa decir.
Se han profanado las
tumbas
antigales de mi sentir
antiguos Campos Santos
y me han sacado de
allí.
Soy un muertito que no
descansa
y que volvió pa decir.
Soy un muertito que no
descansa
y que volvió pa decir.
Capítulo 8: Epílogo: El esperanzador florecer
de Tunun
La esperanza anda en
el aire, como una copla.
La esperanza vuela
por las mañanas,
se hace poncho en el
hombre,
y travesura en los
changos,
y se hace retoño, en
el duraznito de la loma,
y retoza, largamente,
cuando balan las ovejas camino de la represa.
Todo aquello que
tiene el tono pardo del abandono y del olvido,
hace de la esperanza,
la suprema dicha…
Atahualpa Yupanki
(Músico, compositor y
poeta)
Así da comienzo al final: con versos del
memorioso cual roca Atahualpa Yupanqui, el cantor de las sendas, el decidor de
silencios; tan cordobés como el Cerro “de piegras pintadas”.
Pero empecemos hablando de “Progreso”
El “progreso” hoy es la autovía.
La rosarina Mariana Caserio, legisladora
del departamento de Punilla por Hacemos por Córdoba, sentencia: “Nadie se puede
oponer al progreso que significa esta obra”.
Oponerse a ella representa, para los
canallas e insensibles, “ser quedados”. Aunque esta forma de pensar y de
calificar a los otros no es novedosa. Complementando la idea de Case rio, Ramón
J. Cárcano (siendo ministro de gobierno de Córdoba a fines del siglo XIX), al
referirse a las comunidades indígenas de aquel tiempo, dijo que eran “estanques
de barbarie en medio de la población civilizada” (Cárcano, citado en Reyna,
2020, p. 231)*. ¿Se lo espetaba acaso a las comunidades de ayer o las del siglo
XXI que nos oponemos a una autovía sin el paso legal de la consulta libre,
previa e informada que prevé la ley nacional 24.071? Ya Karl Marx, en otro
tiempo, para otra geografía, había vaticinado que “la historia ocurre dos
veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable
farsa”.
Y así, con historia, la
verdadera, la que contrapone voces (si no ¡qué historia es esta que la cuentan
los que ganan! ¿Ganan realmente quienes destruyen el medio? ¿De qué
inteligencia me hablan? Faltos de amor, eso son.) Pero dejemos que nuestro pequeñin,
el gran poeta se despida:
* REYNA, P. (2020). Crónica
de un renacer anunciado. Expropiación de tierras, procesos de invisibilización
y reorganización comechingón en Córdoba. Ed. Ecoval.
Los horizontes prehispánico, colonial y
moderno, cual huayra muyoj, dijimos, se yuxtaponen y se trenzan, para
permitirnos observar en el presente, eventos del pasado y del futuro, como ha
quedado evidenciado en esta contribución. Reinterpretarlos y deconstruir la
jerarquía entre ellos (pues el moderno se insufla y empodera para ocultar a los
otros), observando rupturas y continuidades, contradicciones y solapamientos,
es una tarea comunitaria, que sustenta el destino de quienes acompañamos, de
lejos o más cerca, a los comuneros en la actualidad. Y si bien la historia
sigue, y seguirá siendo, un campo de disputas, como reza Atahualpa al inicio de
este capítulo final, “la esperanza anda en el aire, como una copla”.
Martín Darío Avalos
24 de octubre de 2025