Mahatma Gandhi, el
eterno niño
Por Martín Avalos
El hombrecito
hilaba en una rueca sus propias vestimentas; soñaba con un mundo sin violencia.
El hombrecito que viajaba en tren deseaba un mundo libre de avaricia donde se
viviera con Amor. El hombrecito que predicaba con pureza lo que soñaba tenía un
niño interior, como todos, al que escuchaba, como algunos. A ese hombrecito, lo
mataron.
Hacia un
Socialismo No Violento, es el libro que reúne
textos y declaraciones de Mahatma Gandhi.
Ayer y hoy resultan provocativos (no
con intención) los términos Socialismo y No Violento. El primero para los que ideológica, cultural y
despistadamente se sitúan al extremo diestro. Los segundos, acompañados del
primero, para los que -digamos- lo hacen en el extremo “siniestro”, (Sobre las distintas acepciones del término encomillado
resulta adverso que quienes deseen una sociedad libre de explotación sean
llamados de este modo, no? Tiene que ver con la invención del desprecio,
supongo).
En todo el texto
se observa un cuestionamiento vigente al “progreso”
material que acarrea sufrimiento a millones (sic) de seres humanos desbastando
al resto de la naturaleza.
En el prólogo, en
su Nota al lector aclara que (…) A pesar de mi edad avanzada, no tengo la
sensación de haber dejado de crecer interiormente, ni tampoco que mi
crecimiento se detendrá con la disolución de la carne.
(…) cuando alguien
encuentre alguna contradicción en dos escritos míos sobre un mismo tema, si aún
tiene fe en mi sensatez, haría bien en elegir el último de ambos.
El hombrecito nos
declara de su crecimiento interior, y puede que tanto él como nosotros ahora
nos estemos equivocando al proponer el “retroceso
material” de la humanidad (claro, será de una minoría opulenta en post de
la mayoría humana y el resto del mundo
natural).
El libro consta de dos partes. En la primera de ella encontramos definiciones sobre EL
IDEAL; allí nos dice que (…) El
hombre no es necesariamente feliz porque sea rico ni desdichado porque sea
pobre. Hoy nos queda bastante claro
el concepto, contradiciendo los postulados comerciales y mercantiles, claro.
Luego agrega: (…) Millones de personas
seguirán siendo eternamente pobres. Es que o el “mundo” no cambia, o la
pobreza no es indignante; la miseria sí.
En una sociedad
donde se producen alimentos a toneladas, y en la misma magnitud se
desperdician, el que se nos estén muriendo de hambre Comunidades Wichis y Qom,
por poner sólo dos ejemplos, es inaceptable. Como respuesta a sus padecimientos
no se entiende que seres humanos se
acerquen no a ayudarlos sino a
torturarlos como son noticias.
Quizás por ello nuestro niño blanco reflexione:
Los medios impuros dan como resultados
fines impuros. Dejándonos no sólo la explicación sino también la manera de
revertirlo: Solo la conducta veraz pueda
alcanzar la verdad.
La no-posesión va unida
al no-robar.
Para nuestro niño
todo es Sagrado. Nuestra ignorancia o
descuido en la Ley Divina -que día tras día le proporciona al hombre su pan
cotidiano y nada más- ha dado lugar a las desigualdades que existen, con todas
las miserias que le son inherentes. Bueno, lo del pan cotidiano es una lamentable
inexactitud. Volviendo a los ejemplos argentinos son noticias los mencionados
Pueblos que se nos mueren literalmente
de hambre. La organización internacionalista Médicos sin Fronteras pide un aporte mínimo para cubrir la ración
de alimentos terapéuticos, esto es suplementos alimenticios para
personas (niños en su mayoría) desnutridos. Ello muestra las necesidades
humanas que urgen.
Las desigualdades
a las que hace referencia Gandhi causan miserias terribles. Dichas
desigualdades nos alejan a todos de lo Sagrado; esto es, la Comunión con la
vida.
Pero nuestro
Mahatma sabe que estas inequidades no las causa el niño hambriento, ni su
madre. Ante ello propone que El rico debería tomar la iniciativa en la
desposesión con vistas a la difusión universal del espíritu de contentamiento. Mientras
esto sucede la Solidaridad de los Pobres siempre está presente, en un servicio
constante. Se ha dicho con acierto que el
deseo de gozar crea los cuerpos para el alma. Al extinguirse ese deseo, ya no
se necesita al cuerpo, quedando el hombre liberado del círculo vicioso de
nacimientos y muertes.
Llegamos así al ideal de la renunciación
completa y aprendemos a usar el cuerpo –en tanto exista- con fines de servicio,
puesto que el servir, no el pan cotidiano, será nuestro eje de vida. Comeremos
y beberemos, dormiremos y velaremos sólo para el servir. Esa actitud mental nos
producirá una real felicidad. Y la
visión beatífica del apogeo de los tiempos. Analicémonos a nosotros mismos
desde ese punto de vista.
El ejercicio de análisis
que nos propone desde el desapego a lo material es interesante y extremo, pero
no por ello impracticable. El Docente
servirá desde la docencia; la Ama de Casa, desde su labor; el Chofer de
colectivos, desde su lugar… Y esto ya es un gran avance.
Recordemos que la no-posesión es un
principio aplicable a los pensamientos tanto como a las cosas. El hombre que se
llena el cerebro con conocimientos inútiles viola ese principio inestimable.
Los pensamientos que nos alejan de Dios o no nos impulsan hacia Él constituyen
obstáculos en nuestro camino. (…) la humildad es lo que constituye el verdadero
conocimiento y todo lo demás es ignorancia. (…) gran parte de lo que hoy
respetamos como conocimiento es pura y simple ignorancia. Sentencia agudo el hombrecito que hilaba sus propias vestimentas en una
rueca en prisión y la que luego -la rueca- sería ofrecida en subasta por miles
de dólares.
Ganarse el pan
Dice la biblia: “Ganarás el pan con el
sudor de tu frente”. Claramente
hace alusión al empleador. El trabajar
por su pan es una bendición para quien desea
observar la no-violencia, reverenciar la verdad (…) Ese trabajo se puede
relacionar de verdad sólo con la agricultura. De todos modos en el momento
presente no todos están en condiciones de abordarlo. Por lo tanto, en vez de
cultivar el suelo se puede hilar o tejer, hacer carpintería o herrería, aunque
sin perder de vista que el ideal es la agricultura. Seguramente con ello el
descentralismo social actual con su cúmulo de contaminación de gases, sonora,
visual, y su proliferación del actual covid-19 entre otras.
Pienso en el ideal
anarquista y su “cultivo” de oficios. Cuando el ideal no es el enriquecimiento
ni una labor descomprometida que me permita lucrar sino el ofrecer soluciones a
las personas; eh ahí la gran diferencia entre un trabajador consciente y uno burocratizado. Cuántas veces se
comprobó que es falsa la “chicana” de “Empleado Público” al que no cumple su
función generalizando injustamente. Hoy, en tiempos de pandemia, nos sacamos el
sombrero ante Trabajadores de la Salud lamentando
a quienes sus vidas perdieron.
Con respecto a
labores y oficios dice: ¿Puede uno
ganarse el pan con una labor intelectual? NO. El cuerpo tiene que abastecer las
necesidades del cuerpo. No habría
ganancias para los políticos, religiosos y artistas en el futuro ideal
gandhiano.
El trabajo intelectual y el manual
El trabajo intelectual
es importante y ocupa un lugar que no se discute en el esquema vital. No obstante
insisto en la necesidad de las labores físicas. (Contra el burocratismo que sostenía
el Che) Sostengo que nadie debería estar
exento de esa obligación. Incluso serviría para mejorar la calidad de las
producciones intelectuales. (Lo demostró Nietzsche y sus caminatas). En un
mundo tecnológicamente complejo, la simpleza de una huerta domiciliaria y el
tejido a dos agujas resulta un disparate
a carcajadas, pero respondería a las dificultades presentes de hambre,
desempleo, y el cultivo de vicios nos dice el hombrecito. Vale la pena el
intentar pensarlo.
La distribución igualitaria
Lo que implica verdaderamente la
distribución igualitaria es que cada
hombre debe contar no más que con los medios necesarios para satisfacer sus
necesidades materiales. Por ejemplo si un hombre tiene digestión difícil y
necesita sólo cien gramos de harina para su pan y otro necesita medio kilo,
ambos tienen que estar en condiciones de satisfacer sus necesidades. Dar forma
a este ideal supone reconstruir el orden social entero. Una sociedad basada en
la no-violencia no puede alimentar ningún otro ideal. Puede ser que quizás no
seamos capaces de alcanzar la meta, pero debemos tenerla presente y trabajar en
forma incesante para alcanzarla.
No obstante, si a pesar del supremo
esfuerzo los ricos no se convierten en guardianes de los pobres en el verdadero
sentido del término y estos últimos se encuentran cada vez más aplastados y se
mueren de hambre ¿qué hay que hacer? Tratando de encontrar la solución a este
enigma he hallado que la no-violencia, la no cooperación y la desobediencia
civil son los medios correctos e infalibles. El rico no puede acumular riquezas
sin la cooperación social del pobre.
Pienso en este
momento en su método de fideicomiso, en el que impulsaba que usemos para vivir
sólo lo necesario y el resto se lo demos a quienes lo necesitaran. Ideas
extremas resultan la simplicidad y practicidad de este hombrecito que defendió,
como dijimos, un ideal de vida no-violento y al que se lo terminó matando. Ojalá
las enseñanzas del Maestro logren dejar aprendizajes en nosotros.
Cualquier sugerencia es
bienvenida a aynilibros@gmail.com
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