Paralelas
convergentes.
Martín Darío Avalos, septiembre 2015
1
En el círculo uno de los puntos del temario fue la situación de los
cilindros. Estos, como todo cuerpo volumétrico, enfrentaban problemas con las líneas
rectas. Estás, como toda línea recta, pretendía buitrear al máximo el
rendimiento y trabajo de los cuerpos. Los círculos no podíamos permitir eso.
Los apoyaríamos.
2
La concentración se haría en las paralelas al día siguiente. Allí
fuimos. Al llegar estaban los cuadrados cumpliendo con su tarea de seguridad;
eso nos alertó a tener cuidado. Cada vez que veíamos a los cuadrados sentíamos
que corríamos peligro. La protesta de los cuerpos debía ser cortando el
tránsito en las paralelas, pero al llegar ellos y nosotros, los círculos en su
apoyo, observamos que las intocables rectas estaban ocupadas por personal de la
recta patronal; esto es, por líneas irregulares reclutadas para el choque. Al darnos
cuenta del lock aut, decidimos retirarnos. Fue ahí que nos percatamos que los
cuadrados no estaban. La zona había quedado liberada.
3
Comenzamos a girar, pero las líneas deformes se trazaban y proyectaban
tras nosotros. Entre los que corríamos se encontraban no sólo los cuerpos y
círculos, sino toda clase de figuras. Recuerdo un equilátero preocupado por el
destino de un estrecho isósceles; y un heptágono confiando en su suerte y en la
de una estrella de cinco puntas. Un cono rodeaba un árbol, mientras que un
convexo le reclamaba mayor apertura a un cóncavo que se cerraba en la marcha.
Cuadriláteros de todos los ángulos surgían en esa huida que no nos mostraba
incapaces, sino más bien, coherentes en la
lucha frente a toda la geometría.
4
Con los cuadrados liberando la zona, pero los cuadriláteros de nuestro
lado, junto a triángulos y otros poliedros escapábamos a la masacre, cuando
comenzamos a sentir las flechas de las rectas y torcidas. Una dio en la cabeza
de un círculo compañero. Volteé en la escapada para enfrentar a los cobardes y
exigir el fin de los proyectiles. Uno dio en el centro de mi abdomen. Recuerdo
los gritos de todas las figuras. Sentí gloria por estar con mis compañeros
repletos de formas y trabajos constructores, liberadores, sostenedores.
5
Los lineales individuales nunca quisieron el paralelismo ni las
secantes. No quieren dos líneas cercas. La cercanía las altera. Finalmente sé que
me sacaron del juego, morí rumbo al hospital geométrico, pero el destino no
será nunca la soledad que ellos desean, sino la convergencia por la que
vivimos.
A Mariano Ferreyra asesinado el 20/10/2010
El relato se publicó en el libro Chupay por el Tiu Mayu en marzo del año 2020 con Editorial Don Pezuña; ilustración de tapa Morteros del Chavascate de Jorge Alberto Lazzeri acrílico sobre madera de 0,40 m x 0,50 m.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario