martes, 31 de diciembre de 2024

 

La bolsa de juguetes

 

     Salió y la noche le pareció impenetrable. Dio las gracias una vez más -siempre daba tantas gracias- y tomando coraje emprendió el rumbo: un coraje inconcluso. La bolsa repleta sonaba a sus pasos y los perros del barrio, que casi nunca dejaban de ladrar, esta vez, se lo hacían a él. Se metió en la cortada rumbo al kiosco de Moreno que estaba abierto hasta tarde. Al llegar los muchachones tomaban en la oscuridad mientras quemaban marihuana y seguramente las esperanzas aumentaban.   Uno que conocía (a todos conocía en realidad) se le acercó:

-Eh, hace tanto no se te veía! ¿En qué andás?

-Nada. Siempre ando.

     Pidió un cigarrillo suelto al vendedor y el otro se apuró a ofrecerle fuego.

     Al retirarse un poco volvió a preguntar buscando confidencia y bajando la voz:

-Dale! En qué andas?

-Nada. Lo mismo, siempre.

-Y qué llevas?

-Eh, Soledad, vení a tomar un trago! Se escuchó del tumulto oscuro, pero él reconoció la voz del Flaco Juárez. El otro volvió tenaz:

-Dale, en qué andas? Qué llevas?

-Me tengo que ir, dijo mirándolo a los ojos. La bolsa comenzó a vibrar cascabelitos y los perros volvieron a apuntar sus ladridos contra la sombra sonora que marchaba por el oscuro barrio obrero de Córdoba.

     Al llegar a la esquina de don Cajal escuchó tras la persiana cerrada un vinilo de Leo Dan; reconoció el girar del disco por la fritura del sonido. Escuchar ese pedazo de Santiago* en esa noche citadina de fracturas era una remembranza del olvido. La memoria debe ser muy valiente para sobrevivir, pensó.

     Fumaba en sus pasos campaniles y se pensó acompañado como la carreta de Romildo Risso*

-No necesito silencio, yo no tengo en qué pensar, murmuró entre dientes al tiempo que llegaba a la parada de colectivo y se detenía feliz de que aún no venga el bondi y pudiera terminar de fumar tranquilo.

     Al instante tiró el filtro y tuvo que aguardar bastante aún hasta la llegada del transporte. En esos momentos reflexionó que no hacía el frío que pensaba. La noche estaba linda, nublada, oscura, sin luna, agradable pensó; ni siquiera una pequeñita estrella que brille.

-Así es mi vida, una noche nublada, musitó. Escupió al piso y vio las luces que venían a las cuadras.

      Saludó al subir, pagó, dio las gracias y se fue al fondo. El chofer llevaba la radio y alcanzó a identificar el tema que decía:

“No habrá canción igual a esa que nunca haré. Y más allá del dolor, más allá del furor...” de Francisco Heredia. Repitió para sus adentros varias veces ya sin escuchar al cantor: No habrá canción igual a esa que nunca haré… No habrá canción igual a esa que nunca haré…

     Un golpe de calor lo sofocó y volvió a darse cuenta que no hacía frío. Abrió la ventanilla de par en par. Le pareció que la gente exageraba igual que él con el abrigo. Sintió ganas de volver a fumar a bocanadas. Necesitaba aire fresco y esas ganas contradictorias de humo y asfixia le llamó la atención, pero hacía un tiempo que vivía como un triángulo sin vértices, vivía como en la repetición de imágenes que nada tenían de deja vu, pues eran repeticiones donde él aún no llegaba al momento de memoria, metros antes se acercaba, pero al acercarse ya había sucedido el hecho  y él se encontraba entonces en otro tiempo, otros espacios, otras escenas que nada tenían que ver con su vida, eran ajenas y ese entrometimiento, segundos después del deja vu, lo extraviaba en la confusión. El calor aumentaba y comprendió que la falta de aire y el palpitar tenían que ver con su permanente angustia que pedía participación central en ese momento.

     En la radio ahora sonaba un tango que creía reconocer, pero quizás era otra de esas aproximaciones a sus propias experiencias, que terminaban en una vida ajena. Si pudiera identificar la música le daría seguridad. Si al menos la conductora radial dijera de quién se trataba la interpretación. El calor y las palpitaciones iban en aumento y tuvo que ponerse de pie para quedar visible ante el posible pedido de auxilio a los demás pasajeros.  Lluvia de estrellas de Osmar Maderna, pensó. ¡Claro, ese era el tango, y la tocata era de Jorge Arduh! ¡Eso era! ¡Sí, tengo razón! ¡Mis facultades volverán a su cauce! Pero no, el calor y los latidos se tornaban potentes. Los zumbidos iniciaban la enajenación de la radio y el ruido del motor demarcando una toma de poder. La entrada al ajeno mundo, que tan familiar le resultaba, parecía inevitable; la vecindad de la blancura le rememoró una vez más a Fijman*

     El colectivo dobló por Salta y él apretó el timbre. Bajó justo frente al Hospital de Urgencias. Se largó a caminar con grandes esfuerzos, lentitud y pesadez cuando divisó al cuidador de coches. Se acercó y quiso hablarle. Se tocó la garganta y el pecho. El hombre comprendió la falta de aire y le dijo “vamos” tomándolo del brazo. Le gritó al Seguridad de la entrada y juntos acompañaron al angustiado Papá Noel de los barrios hasta la Guardia. Un enfermero lo recibió y pasando una puerta, que daba a un pasillo y de ahí a una sala. Lo hizo sentar. Miraba a las personas en las camillas, sentía algunos gemidos de por lo menos dos internos. Creyó ver sábanas blancas y manchas de sangre. Lienzo blanco y manchas rojas se convirtieron en cuadros que giraban hacia él y la imagen de la noche nublada en la parada de colectivo junto al zumbón distorsionado de Lluvia de Estrellas de Arduh lo mareaban y sintió ganas de vomitar. Creyó escuchar la voz de una mujer que le decía al enfermero (eso lo percibió así) Qué espere. Pudo levantarse y salir al pasillo. Un hombre lo miró.

-La bolsa? Preguntó.

-Estás bien?

-Sí, sí. Creo que ya pasó.

El ventilador de pinturas había desaparecido. El calor de la siesta desolada del baldío también. Los latidos eran más lejanos y pausados, y los músicos en escena habían quedado mirándolo en suspenso. El silencio era reparador. El único espectador presente de la sala parecía ser él y la obra de un único y eterno acto otra vez reanudaba el ciclo.

     Se sentó en la curiosa y singular silla del pasillo, una silla que parecía dispuesta para el exclusivo actor trágico y absurdo del mundo. Empezó a frotarse las manos, un picor de leves pinchazos principió a vivir en su panal interno de celdas. Miró arriba el vértice confluyente de paredes y techo: estaba allí; el percibirlo era indicador de “normalidad” sujeta al sistema y su contrato. Las abejas ya volarían al mundo espiritual y dejarían paso a la no exposición en esta materialidad de pena y convivencia. Sin embargo el enjambre se lanzó a la colonización corporal y los antebrazos fueron territorio obtenido por picazones diversos y pinchazos de profundas espinas provenientes de cactus de brazos y piernas móviles y autónomos, espectros puneños conquistando a los abajeños intrusos de una cultura limitada y feroz. La colonia de reina, zánganos y obreras propulsaron su dominio hacia la parte superior de brazos, pecho, panza. Sus diez dedos no daban abasto con la defensa ante los proyectiles de aguijones y de pencas; volvió a buscar el vértice y no lo halló, una fugaz imagen de su amigo Pablo comentándole la difusión de relieves le anticipó la enajenación vivida y el latir potente en oídos lo introdujo en un campo de batallas donde él no podía dar ninguna entregándose al caos vibratorio de la nerviosidad. Sintió que lo bajaban de las paredes e intentaban sujetarlo y domesticar sus brincos excitados. Brazos que lo maniataban y limitaban sus aleteos también le aflojaban los pantalones. La voz de la Sra a mando gritaba que “¡Siempre lo mismo con este!” “¡Yo lo conozco, siempre lo mismo!”. Sintió la aguja y el gel quemante entrando entre sus carnes y los insectos fueron cayendo uno a uno al vacío interminable y oscuro de su desconocido ser. La angustia es un saco de sorpresas y se asfixia en una bolsa de nailon.  La soledad suele ser una multitud de voces.    

Martín Avalos

*Se refiere a la provincia de Santiago del Estero.

*Se refiere a la canción Los Ejes de mi Carreta del uruguayo Romildo Risso.

* Jacobo Fijman, poeta.


viernes, 1 de noviembre de 2024

 


Marcha de los Bombos -Santiago del Estero-

-Unas líneas a partir de mi visita-

 

Por Martín Avalos

    

Los años ni las distancias jamás pudieron lograr

de mi memoria apartar y hacer que te heche al olvido

ay, mi Santiago querido, añoro tu quebrachal.

 

Los Manseros Santiagueños (1)

 

En Santiago, la chacarera, tiene

la gracia que en el mar tiene el pez (…)

Ica Novo (2)

 

     Volviendo de la XXII Marcha de los Bombos en la ciudad de Santiago de Estero, con sonidos de parches, aros y violines en mi cabeza reflexiono, en el cansancio de la jornada y la víspera, sobre las vivencias del Pueblo Santiagueño, su entrega, su lucha. Entrando al sueño se dispara el título de Bombo Legüero -Memoria y proyección. No haré más que intentar sumar en ese sentido recordando de Santiago que “Su cuna fue un humilde rancho y un bombo la bautizó” (3)

 

    Dónde, cómo, por qué la Marcha de los Bombos

     En la Ciudad de Santiago del Estero, Madre de Ciudades (pues fue la primera fundada en tiempos de colonización por parte del europeo, españoles puntualmente), se lleva a cabo esta Marcha, verdadero peregrinaje, por parte del Pueblo santiagueño y argentino, ya que para tal motivo lo hacen desde distintos puntos del país personas que se sienten movidos por la cultura y la alegría características distintiva de la provincia.

     Según he podido rastrear, desde el año 2003 se realiza la Marcha… que representa parte de la identidad de su gente en vísperas del aniversario de la fundación de la Ciudad.

     En nuestro caso llegamos al Patio del Indio Froilán, célebre luthier de bombos legüero, donde se realiza la vigilia: peña que aguarda el nuevo día y la caminata bombista hasta el Parque Aguirre donde culminaría dicha actividad.

     En la columna se apreciaba a distintas agrupaciones folclóricas, algunas con sus vestimentas, uniformes, pancartas, estandartes, banderas. No faltaban las wipalas andinas, las imágenes de santos y vírgenes; casi que encabezando venía por ejemplo San Francisco Solando y su violín. Personas que participaban individualmente o con sus familias, pequeños con sus primeros bombitos siguiendo el pulso de la marcha. En ese momento pensé en todas las consignas sutiles presentes allí: por el trabajo, por el monte, por la salud. Habíamos llegado con nuestra comitiva el día anterior, 19 de julio, aniversario de la caía de Jorge Roberto Santucho, valiente luchador de los oprimidos nacido en la provincia de Santiago; no podía dejar de establecer conexiones constantes. Existe una fibra íntima en el Espíritu de este y todos los Pueblos: allí su herencia y futuro.

 

     Antes de salir en Córdoba

     El amigo Alberto Cardoso coordinaba el viaje desde nuestra Ciudad de Córdoba; él es santiagueño pura cepa y organizador de peñas, viajes y eventos. Allí menciona su orgullo de estos viajes y sus reflexiones sobre el rol del santiagueño: estamos – cito de memoria- desparramados por el mundo para llevar nuestra alegría, donde haya un santiagueño va a haber un bombo, una guitarra y el canto, decía. En un momento agregó: acá en Córdoba también hay chacarera, pero es más melódica. No serían menores estas reflexiones del amigo Cardoso y quedarían sonando en mi cabeza; claro que pensaba de Hedgar di Fulvio, compositor nuestro y su Corazón solitario (4)

 

 

     En el Patio del Indio

     El Patio del Indio Froilán González es un predio de unos cincuenta metros por cincuenta con árboles de especies nativas, reconocí talas y creo algarrobos negros, con feria de comida y objetos alrededor. Un escenario se ubica bajo un gran algarrobo negro, y donde al igual que en el centro de la ciudad llama la atención la ausencia de perros; será lo que en mi barrio abundan.

     Los bombos marcan el pulso entre algunos gritos: es el sonido del monte cuando la fiesta, pensé. También comprendí que la chacarera cordobesa es melódica, melodiosa, hasta melancólica en algunos casos, como el algarrobo blanco que tenemos en nuestras serranías. La santiagueña es sentenciosa como el ramaje del algarrobo negro. Estas cavilaciones apenas fueron una puntita que sirven para armonizarte con el paisaje. Las agradezco.

 

     Museo de la Ciudad

     El tiempo permitió el ingreso al Museo del Bicentenario y es de lo más sorprendente como ante el avance de la ciencia y el mercado la memoria no desaparece. Allí están presente datos y objetos de los primeros habitantes, los Pueblos pre existentes a la Conquista y Colonia. Arte sacro, identidad gaucha, primer violín de Don Sixto Palavecino y una sachaguitarra de Elpidio Herrera. La sala dedicada a los que partieron al silencio es conmovedora, ese homenaje a los que fallecieron está lleno de amor. No pude recorrerlo todo, pero seguro hay o habrá un espacio a las víctimas del terrorismo de estado. Santiago del Estero, Madre de Ciudades se me figuró, al salir, como hermana mayor, la que cuida el legado de los padres, la que recuerda sus enseñanzas; Córdoba como la del medio, la rebelde, la de la Reforma del 18, la del Cordobazo. Cosas que a uno se le cruzan. Pero lo cierto es que la verdadera Memoria no es selectiva, no puede serlo. Hasta el olvidao lo sabe y por ello canta: el que se quedó de pie poniéndote el pecho. (5)

 

     Finalizando

     Volviendo ya, no puedo dejar de pensar y sentir (sentipensar, bello nuevo concepto que por ahí escuché), y así me dormí, en la herencia del pueblo santiagueño que debemos cuidar. La mercancía el mercader nos mete, (y ojalá que tanta economía circulando pueda traducirse en remedio en los hospitales, vidrios en las escuelas, comida en cada mesa). Digo que su chuchería introduce para que nos descerebremos y perdamos identidad y lucha, pero la verdadera herencia se cuida y defiende y junto a Sixto Palavecino digo: ¡Quichuicemos Argentina y el mundo! (6) 

 

     Listado de canciones:

1)    Añoranzas, Los Manseros Santiagueños.

2)    Del norte cordobés, Ica Novo.

3)    Añoranzas, Los Manseros santiagueños.

4)    Corazón solitario, chacarera. Hedgar Di Fulvio, folclorista nacido en Carrillobo, Cba.

5)    El Olvidao, Néstor Garnica.

6)    Quichuzar el mundo, Sixto Palavecino.

jueves, 31 de octubre de 2024

 



Por Favor, soy cordobés

 

Por favor no quiero que muera

esa flor y se queme la piedra.

Por favor no quiero más humo

tapando la visión del mundo.

Uy…soy cordobés.

 

Por favor no quiero más llanto

ni dolor en Palestina, hermano.

Por favor quiero a los niños

con sus piernitas y brazos.

Uy…soy cordobés.


L y M: Martín

lunes, 28 de octubre de 2024


-Cómo se puede llamar el tema? Surgió la pregunta en un ensayo de Pan Croio.

-Caminito, dijo Rami.



Nota: El grafiti está pintado en calle San Jerónimo frente a la placita de la esquina de Salta. 




 

jueves, 24 de octubre de 2024

 



Dedicatoria

 

a las y los defensores del ambiente y la vida.

 

a los niños y niñas presente bello de este mundo.


 

 

 


El Pozo de Agua*

 

Tac tac

Taca taca tac

Tac tac

Taca taca tac!

(Caen las gotas

Sobre la chapa).

    

     Luz y Aymara sacaban agua del pozo mientras los ojitos de Pequeños Piecitos de Algodón las seguían en sus suaves movimientos. Ellas extraían el precioso elemento vital de vida, y él, las observaba desde la paz. Las dos amigas trabajaban con amor al tiempo que el niño que criaban crecía al refugio del encanto.

 

Fshhh fshhh

El viento es el alma

Fshh fshh

El alma que canta

Fshhh fshh

El viento es el alma

Fshh fshh

El alma del tiempo

Un tiempo que ama.

 

     El pozo lo había visto construir por su padre el padre de Luz cuando este era pequeño. El pozo de agua lo fue haciendo el abuelo de Luz imitando a su abuelo. Cavar estos pozos para asegurarse el valioso elemento es lo importante por estos lugares. ¿De qué viviríamos sino? ¿Cómo nutriríamos nuestros cuerpos? ¿De qué se alimentarían nuestros vegetales? El agua es muy importante.

 

Tep tep

Tepe tepe tep

Tep tep

Tepe tepe tep

(Gotitas en la pared)

 

     Luz y Aymara cuidaban de Pequeños Piecitos de Algodón quien había sido abandonado por Los Malvados cuando los papis de Pequeños Piecitos fueron desaparecidos por exigir justicia.

    Los Malvados quieren manejar el agua. Quieren manejar las semillas, pero ¿de qué viviremos? ¿Con qué les comparemos si no nos dan empleo? Por eso nunca volvieron , cuando se los llevaron, los papis de Piecitos.

     Luz y Aymara nunca perdieron las esperanzas, porque la vida es esperanza, y ellas aman la vida.

 

Fshhh fshhh

El tiempo es la caricia

Fshhh fshhh

De la eternidad y su sonrisa.

 

     Ellas juntan agua para beber y regar los vegetales. Cuando los cosechan, comen y vuelven a sembrar sus semillas: el ciclo de sus vidas. Viven ancestralmente en estas tierras.

     Aquí vivieron sus padres y los padres de sus padres y los padres de sus padres y los… Aquí están todos sus pasados, sus difuntos y desaparecidos. Aquí está la vida.

 

Ti ti

Tiqui tiqui ti

Ti ti

Tiqui tiqui ti

(Las gotitas en el techo de sinc)

 

     A veces Los Malvados permiten que vengan La Vieja Reina y sus Piratas vestidos de empresarios y se lleven los baldes llenos. Sí, se los llevan. Es triste, pero eso pasa, se los llevan.

     Luz y Aymara exigen justicia, igual que los padres de Piecitos, y nada. Los Jueces y su seguridad trabajan para Los Malvados quienes trabajan para Los de Más Allá. Es triste, pero ellas aman la vida y siguen sacando agua del pozo familiar, el pozo del Pueblo.

To to

Toto toto to

To to

Toto toto to

(Las gotitas son como soy yo)

     Hace quinientos años llegaron los primeros, luego los otros. Triste, pero aún hay agua por suerte; aún hay gente como Luz y Aymara  y como Pequeños Piecitos de Algodón que va creciendo y aprendiendo con Amor: el Amor de su Pueblo.

 

Tu tu

Tuyu tuyu tú

Tu tu

Tuyu tuyu tú

(El agüita es parte de tu Luz).

 

 

 

*El Pozo de Agua salió originalmente en el Fanzine ayni Vol. 6 del sábado 20 de diciembre de 2008. Esta segunda versión enriquecida tiene los cantos agregados y algunos nombres cambiados. 



Sobre la ilustración de portada: Su autora es Magui Molina quien la realizó a pedido mío, pero de pura invención suya; cada detalle me pareció tan sentido. ¡Gracias Magui! Docente y artista de Cba que vive en Villa Ani Mí.

 

Sobre la cinta de color celeste: Desde “El libro azul” pensé (y de allí la necesidad pareciera) en agregar un color representativo a cada publicación. El color celeste representaría al agua, su pureza y sutil vitalidad. 


miércoles, 23 de octubre de 2024

 

El cándido diálogo entre la oscuridad y la luz

(Fragmento)

Por Martín Avalos


 

     (La de Tejeda, la nuestra querido Martín)

Aldo X/19 *

 

     A la hora de esgrimir razones que cimienten el templo del saber pienso en la semilla fecundada bajo tierra por la luz que todo lo atraviesa. El instante fundacional del sujeto pareciera ser el reconocerse andar a tientas. En ese saberse ignoto, en la penumbra, la generosa claridad acude y se gesta la amorosa conversación, el cándido diálogo entre la oscuridad y la luz.

 

El presente libro    

     Un producto terminado como un libro (por ejemplo, este que estoy presentando) es un producto tecnológico que servirá de pasatiempo o calefacción. Llegar a él es un camino lento y maravilloso en este caso para mí que lo vengo transitando desde la primera lectura de los versos del Poeta. Es fácil y brota natural. Es agüita de manantial o gotita que se evapora, créanme: tiene que ver con el regalo del Timo, la Vida, el Canto, Dios. Cada idea elaborada y volcada al texto, cada oración escrita, leída y releída contiene palabras rumiadas, cambiadas, elipsadas. La conciencia es indescriptible porque es un traspaso de la materia a la emoción, de lo sólido a lo sutil, de la denso a lo incorpóreo.

     Hoy en Educación se habla del Oficio del Estudiante porque es un aprender a hacer desde un sujeto consciente que trae sus conocimientos. En mi caso me declaro un alumno del Maestro Parfeniuk ya que soy un sin luz (alumno y su etimología es esa) y es Él quien me la aporta. Sin miedo a exagerar afirmaré mi iluminismo (bruto) que se esmaltea con cada lectura de los versos o ensayos de nuestro Escritor.

 

La Lejana

     Si reuniera a los seguidores de nuestro Poeta y preguntara de sus libros seguramente todos podrían enumerarlos cronológicamente, pero desconozco si todos sabrían de sus versos La Lejana; es por ello que hablo de un “regalo” del Cielo, de la Luz. Ese poema es el primero que leo y no figura en ninguno de sus materiales editados, es un texto en la contratapa de un pequeño librito de otra poeta (Elisa Zanona); ellos llegan a mis manos por medio de un ángel (qué otra cosa puede ser un chasqui de Dios) que no podemos no nombrar, y a su oficio: Gonzalo Vaca Narvaja, editor. En esa declaración, nuestro vate ofrece claves para el arraigo a la vida a quien despréndese de ella corroído por la negritud de la caída solitaria (que bajo este sistema mercantil se da en masa). Dichas claves son la no renunciación a la Poesía, y para un agente del naufragio en plena urbe, para un ahogado en la sequedad de la caricia del diálogo fraterno, para un deambulador de las horas y recovecos agrios de la marginalidad, eso, es todo.

 

El lejano

     Aldo Parfeniuk fue un poeta lejano, pero no alejado. Cuando busqué contacto con Él se abrió a manos llenas cumpliendo su destino y compromiso con Dios: el de ser entregador de versos, del término lumínico, la sonrisa perfecta. No queda otra que vencer los miedos que buscan retrasarnos e ingresar al cielo de su aliento escrito, puerta de entrada al gran paraíso de la palabra madre.     

 

 

 


*Aldo en la dedicatoria a puño que me escribiera para su libro Provincia verde y espinosa. Ediciones Argos, Cba, 1991.  


lunes, 21 de octubre de 2024



 

Vocos pentagrama

 

Hace un tejo de palabras

con las letras pentagramas

y así irrumpe en la siesta

y no deja de cantar.

 

Coro

 

Y subo y subo y subo más

y bajo abajo a descansar

el cielo limpio es juventud

y no deja de alumbrar.

 

Deme esos pasitos, amigo

por Río Ceballos quiero andar.

 

Nací aliento crezco viento

muero monte y silencio.

 

Coro

 

Y subo y subo y subo más

y bajo abajo a descansar

el cielo limpio es juventud

y no deja de alumbrar.

 

Hombre tejo de palabras

que no dejas de jugar

María Nélida en la nube

Vocos Lescano horno y pan.

 

 

 

M.A.



viernes, 18 de octubre de 2024




 María Nélida*

 

Del Poeta tuyo  misión

fue cantarte contemplando

tus ojos, tu silencio:

la vida va otorgando.

 

¡Ay, lo sagrado condujo

al poeta cantar tanto!

Hoy con tus ciento dos años

aún sigues aguardando.

 

Qué regalo sería, sí

oh, poder tomar tu mano

y decirte niña Santa.

 

María Nélida Madre

Música, Plegaria, Salmo

Tu Jorge aún te canta.

 

M.A.


*A María Nélida esposa del poeta Jorge Vocos Lescano.


jueves, 17 de octubre de 2024

 Sobre Don Javier y la Bruma, libro de Jorge Vocos Lescano



Dialogando con la Bruma de Jorge Vocos Lescano

     La Bruma sin peso y sin raíces, desde el principio y por el aire, libre, sin ligazones, sin ataduras. Porque con el sol que la penetra, y el cielo inmenso que deja entrever, y la calma, la infinita calma que en el corazón pone, esa bruma no podría, no puede ser menos que la salvación.

J.V.L.

     Tomando Don Javier y la bruma su libro en prosa de 1986 (1) podemos leer esas sutiles capturas de sensaciones y estados que nuestro cantor de las palabras registra como vivificador del momento efímero y anónimo del cosmos. El libro todo es un llamado a la atención de lo sutil-fugaz y su modo. En la solapa de la tapa la poeta Lila Perrén de Velasco se pregunta “¿Por qué el hombre escribe Poesía? ¿Qué causa lo lleva a expresarse por medio del canto? Para Vocos Lescano se trata de una necesidad; es el cumplimiento de un destino, la justificación de una vida”. Y así es: el canto es un acto de justicia a la cimiente del pulso.

     Con cada rama entregada devotamente a sí misma -frente inclinada sobre un libro, páginas que se repasan una y otra vez-, los grandes sauces de la orilla de este río serrano no hacen más que mirar las claras ondulaciones del agua que transcurre.

     Así da comienzo J.V.L. al libro donde en esta narrativa pareciera inmovilizar a la maquinaria fabril y estatal en una descripción que pretende visibilizar la santidad cotidiana de esas ramas, cada una de ellas, que se entregan a la contemplación, cual lector de libros, en esa orilla del río serrano mirando el arroyo pasar y seguramente confundiéndose en Él. -Saucearroyo- como lo describiera Edith Vera otra gran poeta de lo pequeño, de lo cotidiano y de lo natural. Permítanme transcribir a Edith en este momento:

-Si buscas alivio para esa risa que se adueña solamente de tu boca cuando tiemblas de miedo, busca el sauce. Él nunca ha sabido bien cuál es la diferencia entre la realidad y los sueños. No sabe bien si él es el que está pegado a la tierra o el que viaja en el agua de los ríos. Y ese desacomodo aparente es su vida. (2)

     Sigue nuestra Poeta aportando colores con la figura del sauce y el río. En su libro Con trébol en los ojos. Vida y obra de Edith Vera de Marta Parodi (3) leemos:

Cayó el azul

corrió

y se hizo el río.

Se elevó el verde,

lloró

y se hizo el sauce.

 

     Pero volviendo al ritmo de Vocos Lescano en su Don Javier y la bruma leemos sobre el arroyo:

     Desde que construyeron el dique, del dique viene. Pero su origen hay que buscarlo más lejos, más allá, aunque es difícil precisarlo con exactitud porque al ser un río muy chico los textos de geografía no le llevan el apunte y no dicen palabra. En algún lado, no obstante, tiene que nacer. Y desde que nace y se pone en movimiento, no hace otra cosa que enriquecer el latido de su caudal con las distintas claridades del cielo, con las vibraciones ardientes de la sierra, con lluvias y rocíos, con el zureo melancólico de las palomas, con el oro de las vainas de los algarrobos, con el chapoteo de los cascos de los caballos y de las mulas y de los burros sueltos, con los silencios de las arenas dormidas y de las arenas despiertas, (…)

     Para terminar diciendo al final del extenso párrafo del cual sólo transcribo la primera parte:

(…) Transparencia de transparencias, levantado gozo, colmada beatitud. Y así hasta llegar a esta parte de la orilla donde los grandes sauces penitencialmente lo aguardan, y sentir la quemante avaricia de la sombra con que ellos abrazan a su corriente. Aquí termina lo que fue, no hay más memoria. Y sólo Dios sabe si no es esta la verdadera fuente, si no es aquí donde el río comienza de una vez por todas a ser río.

     Todo lo dicho por nuestro autor está plagado de Yupanqui. Así se me figura. Así lo respiro entre sus páginas. Quizás es el sentir de una época: Atahualpa Yupanqui, Edith Vera, Jorge Vocos Lescano. ¿La Poesía de ellos nace en sus textos? ¿Nació antes y el río o el árbol fueron el canal por donde fluyó el verso? ¿Su Poesía, en una palabra, es anterior al Poema? ¿El arroyo nació en las piedras primeras del cerro o allí donde supuestamente muere? ¿En mis sierras del oeste o en Ansenuza es donde finalmente pueden dedicarse a vivir nuestras agüitas santas que bajan? ¿Será que librándonos de este cuerpo romperemos el círculo de sufrimiento al que parecemos atados? Leyendo a nuestros Maestros siento que me aflojan el suncho del cuello y el respirar alivia el soncko (corazón en quichua santiagueño) (4) de esta pena antigua (5).

     Muchas veces se adquiere el ridículo ante el otro por el suave estremecimiento que causa la palabra, el sonido, el perfume, la piel… En tiempos donde uno percibe cierta (bastante) rigidez empática el ocultismo emerge (vaya paradoja) ante las pedradas que ya no conservan silencio, sino que proyectan el odio del sin razón. Ay, ay, ay… el círculo de Amor no expande, sino que comprime.

     ¿Y este lamento personal que suelto tiene relación alguna con la Bruma de Lescano? Entiendo que sí, que el diálogo que se entabla entre el texto y el lector se manifiesta en sentires y palabras que se ponen a consideración de quien desee. Porque parte del texto leído uno lo “trasiente” (término de libre creación para significar que lo siente y trasciende, a uno, en ello) con las vivencias propias y así el espíritu personal, el del autor, y otros también, rondan nuestro aire cubriéndonos de protección. Y sino hagan la prueba de lo que digo con el siguiente fragmento:

Traspasada la dulzura, la gramilla espera. Ella, que acaba de ver los estremecimientos iniciales de los anuncios del alba, (…)

¿Y? ¿Lo experimentaron? ¿Vieron que no exageraba una vida? Al contrario: lo vivenciado por mí es tan finito que necesitaré de completas encarnaciones y visitas a los infiernos para poder ver luz mayor en la palabra del otro. ¡Dios, que vivir enredado en mis errores y soledades no me prive del cielo compartido! 

 

En búsqueda de lo perdido

    El relato es un diálogo con cosas del pasado en la búsqueda de su padre o de Él mismo. La primera parte parece comenzada a escribir en el interior de Cba donde el autor solía pasar sus descansos (Río Ceballos); lo digo por el tempo que lo sostiene. De allí la mención a esa niña que escucha las campanadas que nadie oye en el poblado serrano. Luego vendrá el ajetreo que parece más bien el de la Ciudad de Buenos Aires y su lucha contra el olvido del Ser.

(…) también yo dejé la provincia (Se refiere a Cba) siendo un adolescente (…) la vida en la Reina del Plata es un permanente desparramo y las obligaciones no dejan lugar para tertulias (…)

     Leemos aquí cómo menciona dos cosas: una su partida de su provincia natal a la capital del país, y la otra, cómo el permanente desparramo y obligaciones no deja lugar para tertulias. El contexto citadino sumado a la agitación de pensamientos del ayer provocada por la evocación de vivencias y los sobresaltos de la presencia del pasado mismo marcan un ritmo ya en las primeras páginas que se sostendrá hasta el final. Entre tanto trajín Vocos se descuelga (¿o más bien se cuelga?) con oraciones que suspenden:

La gramilla no lo sabe, pero ocultamente lo palpita, que es otra forma de saber.

     Pero volviendo a la búsqueda de eso perdido y que se intuye y se desea recuperar nos dice:

¿A quién podría recuperar, a partir de referencias tan insustanciales, la figura de nadie?  ¿De qué modo tal escasez, con tal parvedad, recomponer una presencia, el diseño de unos gestos, el timbre de una voz, los movimientos de unas piernas o de un brazo?

     Vocos Lescano nos hace detenernos en los segmentos, en las partes, en las pequeñas piedras del cerro, en la gota que salpica el arroyo, en la raíz sobresaliente del sauce.

 

La Madre, un Velo de Amor y Dulzura

     Al escribir este libro a este padre y el recuerdo de aquel niño, y al tener a su madre viva en ese período, es recurrente el recuerdo de ella. El tema del que emana tanto cariño y dulzura es el cómo la recuerda, ya no Bruma sino Velo de Amor, veamos:

 

Por eso, lo único que me importa. Lo único que quiero saber, es si alguna vez, al tomar el violín la mamá, al empezar ella a soltar el alma desde las cuerdas, pudo usted ver los geranios y las retamas y los jazmines de los patios volver todas las flores, y hasta estirar las ramas, buscando desprenderse, volar se dijera, en dirección de donde la música nacía, de donde brotaba el incandescente llamado. (…) ¿Pudo usted? ¿Y no vio, no llegó a ver en el perfil de la mamá, por sus cabellos, por sus hombros, por sus manos, el centelleo de una claridad, un nervioso e incesante juego de encontradas luces, de muchos soles y lunas y estrellas rondando, eso, en fin, eso que los ángeles, cuando el amor los traspasa, cuando la dicha los acosa, desatan ante nuestros ojos para hacernos saber que han venido, que aquí están porque aquí está la hermosura? ¿Pudo, pudo usted? Acaso no (…) pienso que casi seguramente no, lo que significaría que usted, siendo dueño del cielo, se quedaba sin entrar, ajeno, (…) Y lo grave, se me ocurre, es que en algún momento usted pudo entrever, presentir tal condena del azar, el inmerecido abismo ante el cual la suerte lo había colocado. De haber sido así, esto inevitablemente le tuvo que haber arrimado otra soledad, otra sombra para el desacomodo y el desabrimiento y el despegue y la desgana del corazón.

     ¡Cuánto amor al padre en ese reproche de adulto! ¡Cuánta necesidad del abrazo no dado tantas veces a ese niño, a ese hombre! Jorge, que la inmortalidad se lo haya permitido.

 

Otra mirada posible

     Poder mirar así el mundo, así la realidad, así los recuerdos. Con el sutil condimento de lo leve, con el “rumor de la flor”. Es lo único que ordena el caos: la poesía. Cuando han perecido los valientes que nos defendían, sólo nos queda la memoria del poeta.

 

Séame permitido, pues, eludir lo racional y ampararme en la vaguedad, que (…) se lleva mejor con el misterio, que es lo que en verdad cuenta. (…) acaso no hay otro indicio válido que el ritmo de la respiración, que es el que refleja a su manera la medida de la descarga del alma.

     Uno trascribiría tantos y tantos pasajes del libro porque Lescano invita al silencio, invita a la pausa. Desde aquí se percibe que con lo transcripto y comentado ya hemos hecho el cumplido del cometido de difundir a nuestro querido poeta y rendirle humildemente nuestro sentido homenaje.  Porque aprendimos que la expresión es un Derecho y un Deber a la hora de la sumatoria cultural y social, no podemos estar esperando que los medios empresariales de la comunicación se acuerden de los grandes seres que caen en el olvido y, lo que es peor, también tiende a desaparecer su mensaje de paz, amor, silencio.

 

Una pequeña mención antes del final

     El libro que tengo en mis manos, y que es un regalo, contiene dos dedicatorias que no puedo dejar de transcribir; con ello pretendo continuar intentando arreglar esas porciones de universo que siento descalibradas por la prisa del trajín y la urgencia insensata. Sin más que agregar así me despido de este hermoso viaje lector.

Dedicatoria 1:

Para Aldo Parfeniuk esta inútil y melancólica búsqueda del padre perdido en la niñez, con un fuerte abrazo de un amigo.

JORGEVOCOSLESCANO

Bs. Aires. Septiembre de 1988.-

 

Dedicatoria 2:

Dejo en manos de Martín Avalos -digno depositario y conocedor de la obra de J. V. Lescano- este legado de su talento poético y calidad humana: sé que Vocos, con una sonrisa, está muy de acuerdo.

Aldo C, Parfeniuk (6)

C. Paz, III / 2023

 

Final

Si a la caída de ese atardecer, en el umbral de la nochecita, a la mamá le hubiera sido dado tomar el violín y pulsarlo, el mundo habría estallado.

JorgeVocosLescano

 

 

 

Notas:

(1)            Don Javier y la bruma, Jorge Vocos Lescano, Bs As 1986. Edición de autor Imprenta Mercatali.

(2)            El Herbolario, Edtih Vera, edición digitalizada por Aldo Parfeniuk cedida por el Maestro.

(3)            Con trébol en los ojos. Vida y obra de Edith Vera. Marta Parodi. Editorial Plus Ultra. Bs As. 1996.

(4)            Bibliografía consultada Diccionario Castellano-Quichua santiagueño. Domingo A. Bravo. Editorial Dunken. Bs As 2017.

(5)            La Añera, zamba de Atahualpa Yupanqui:

Yo tengo una pena antigua:

inútil botarla afuera,

y como es pena que dura,

yo la he llamado la añera.

 

(6)            Aldo Parfeniuk: Poeta, Ensayista, Docente. Nació, escribe y vive en Carlos Paz, Cba.






 

 

Martín Avalos

Villa Ani Mí 16 de octubre de 2023