“La sarna del quebracho” -una maldición a interpretar-
Por Martín Avalos
Se aproxima agosto
y en gran parte de América distintos grupos Celebran a la Pachamama. Aquí en
las Sierras Chicas, perteneciente a esta Pluri
Córdoba, Cba Terminal de
culturas, muchos se preparan y suman a los festejos y conmemoraciones. Linda oportunidad, qué no? para explorar
esas herencias que nos vienen de Los
Antiguos y que nos llegan por sus
herederos directos o por Criollos.
Saberes de unos y otros contribuyen a nuestra cultura. Así es que hoy quiero
hablar de la Sarna del Quebracho.
Una de las
creencias en el noreste y norte del país es la llamada “Sarna del quebracho” o
“Maldición del quebracho”. De ello dan cuenta, al menos leídas por quien esto
escribe, dos registros en la literatura de estos lares continentales: A través de la selva del Dr. Esteban
Laureano Maradona y Shalako de Jorge
Washington Ábalos. Veamos:
A través de la selva
En el final de
este, nuestro estimado Dr. Maradona refiere el hecho que viajando desde Charaday hasta la capital chaqueña tuvo por compañero
casual del trayecto a un criollo correntino con vendas en manos, antebrazos y
piernas; dicho vendaje eran trapos sucios de fuerte mal olor que producía
repulsión en los pasajeros y sólo atraían moscas. El hombre en cuestión cubría
las heridas producidas por el Quebracho, importante y apreciado árbol del
territorio sudamericano.
El correntino
contó, a nuestro médico rural, que era de oficio hachero y que el Quebracho lo había aborrecido y no cayéndole en gracia desde el momento
en que el vegetal lo vio al caer el
gigante guaraní lo castiga
enfermándolo de sarna por el uso de su
hacha.
Nuestro
facultativo trata de razonar el hecho y da por supuesto que el hachero al
entrar en contacto con el colosal arbóreo se contagió de sarna ya que este
poseía el bicho, pues en su tronco se habría rascado un perro, lobo o zorro
infectado. Esta fue su primera hipótesis de los sucesos, pero luego modifica
las presunciones y sostiene que: al ser herido, el vegetal sangra por sus
grietas despidiendo sabia con sus esencias y principios volátiles del tanino,
esto es lo que lastima a nuestro obrero con su piel expuesta bajo su víctima.
Recuerda el médico
en estas líneas lo que una curandera le había referido sobre la manera de curar
dicha sarna del quebracho, y que
debía untarse las cenizas del mismo palo con grasa de algún animal silvestre, y
atar una tira roja al tronco o rama o raíz del ejemplar ofendido retirándose
sin mirar atrás. También vino a su mente
viejas enseñanzas de que a la acción de los ácidos había que oponerle elementos
alcalinos y viceversa; y que para tratar quemaduras debía procederse con
materiales oleosos y no con agua.
Shalako
Al leer este
pasaje de A través de la selva del
Dr. Maradona, recordé esas bellas crónicas de Shalako del maestro Ábalos cuyo título es justamente Paaj.
Nos dice Vítu
Barraza en su diccionario Quichua que Páaj
(con tilde aquí) es el nombre dado al quebracho y que también tiene como
segunda acepción: Volar, que vuela, que suele volar, que viaja en avión.
En dicho capítulo, Jorge W. Ábalos nos
refiere cómo Ansha -uno de sus estudiantes- se presenta con su rostro deformado
por ronchas. Al indagar el docente sobre las posibles picaduras de avispas que
le alcanzan brazos y piernas, otro niño le comenta que lo que el compañero
tiene es Páaj.
-¿Paj?
-Páaj; es el mal del
quebracho, Señor.
-El aire del quebracho.
-La sombra del
quebracho.
-La ponzoña del
quebracho.
Continúa
diciéndonos que el niño con dificultad le cuenta que ha cortado por error un
brote de quebracho colorado y el
ejemplar lo ha flechado. El niño se
siente martirizado por la comezón. Le dice que ya ha comenzado a “medicarse”.
Me dice que ha comenzado a medicarse: ha
saludado al quebracho padre, y ha hecho una tortilla de ceniza amasada y la ha
atado a su tronco con una tira de tela colorada. Con eso espera aplacar la ira
del árbol...
El maestro termina la crónica
con el siguiente hecho que nos llena de una mezcla de impotencia y amor:
Nada tengo en el botiquín que pueda aliviarlo.
–¿Amasaste bien la tortilla de ceniza,
Ansha?
–Sí, señor.
–Entonces,
sanarás.
El
pedagogo también se ve asaltado por una mezcla de impotencia y de amor en ese
alejado paraje santiagueño. Ante el desamparo, nuestro niño de Ábalos y nuestro
hachero de Maradona, no se quedaron de brazos cruzados.
Pero el
maestro y bichero Ábalos también menciona al paaj en su precioso libro Animales, leyendas y coplas, en el
capítulo dedicado a El Sapo nos dice:
Entre los remedios preconizados para curar el paaj o “enfermedad de Di
Lullo” de destaca de atar un sapo al tronco del quebracho autor de la
dermatitis”.
Reflexiono
que en el relato del niños escolar vemos nuevamente, como en el relato de
Maradona, el elemento oleoso como lo es la masa (creyendo que esta está hecha
con grasa) y la tira colorada atada al herido u ofendido.
La sarna del quebracho nos recuerda la
autóctona cordobesa flechadura del molle.
Similar al hermano norteño pasa con nuestro ejemplar. Para ello también existen
remedios populares, incluso de prevención para que no te dañe. Tal es lo que refieren
de saludar al molle respetuosamente, orinarlo y con el hacha, del lado del
naciente, en su tronco hacerle tres cruces. De esta manera el Molle no te
dañará.
Leyenda
Sucede
que el Molle flecha, según cuenta la leyenda, como maldición del árbol nativo.
El conquistador rapta a la amada del indio y huye; cuando el aborigen los descubre se encuentran
bajo el amparo del vegetal. Allí, el invasor prefiere matar a la bella
prisionera que dejarla libre o perderla y es el mismo árbol quien lleno de
encono decide “flechar” a quien se guarece a su sombra.
Lecturas, relecturas,
maldiciones y respetos
Las lecturas de estos y otros hechos nos hacen pensar en la
posibilidad que una mirada metafórica de los sucesos nos puede proporcionar
ventajas en nuestras existencias diarias bajo un imperio del uso
material-mercantil. El mirar con respeto a la naturaleza y cuidarla. El
sentirnos parte de ella y no sus dueños y convertirla en artículo de
compra-venta ganancial de unos pocos.
El norte argentino
ha sido desbastado en la tala de quebrachos cambiando el paisaje, el clima y la
vida de sus pobladores (a los opositores se los combatió con la creación de la
Gendarmería quien cuenta en su foja número uno de perseguidos al nativo “Mate Cosido”).
El centro del país
y su producción agrícola no da abasto
con la tala de molles y extiende sus fronteras arrasando con montes y seres
humanos. Luego nos afligen las inundaciones. Y el centralismo poblacional se ve
afectado por una pandemia como la actual.
Entre sufrimiento
y sufrimiento, los saberes de los humildes, originarios, criollos y el relato
de esas estrellas que son el Dr. Maradona y el Maestro Jorge W. Ábalos a
quienes le estamos eternamente agradecidos.
Contacto:
aynilibros@gmail.com
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